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La devoción no se vende

La devoción no se vende

La devoción no se vende

  La autenticidad está en peligro de extinción. Lo que hasta hace bien poco era normal va camino de perder la magia, la emoción, lo místico ...
Comentarios noviembre 29, 2020
La devoción no se vende

 La autenticidad está en peligro de extinción. Lo que hasta hace bien poco era normal va camino de perder la magia, la emoción, lo místico incluso. En el mundo actual de Facebook, Twitter y Tik-Tok, en esta sociedad que necesita contar a los cuatro vientos qué hace, qué piensa, qué siente a cada momento, nos quieren destapar el tarro de las esencias cofradieras. Y cuidado, porque una vez que eso ocurra, no habrá vuelta atrás.

En los últimos tiempos venimos comprobando la facilidad con la que la devoción a las imágenes se quiere bajar de los retablos y sacar de los templos en una suerte de consumismo morado cada vez más patente. Y si hasta hace poco el acercamiento a una imagen se limitaba al momento del beso en esas ceremonias que el coronavirus se ha llevado por delante –no sabemos si para siempre– llega la cofradía tal y te ofrece la posibilidad de rociarte por la cara el perfume que supuestamente huele igual que tu Cristo o que tu Virgen. Y si la epidemia obliga a unas medidas sanitarias, ahí tiene usted gel hidroalcohólico con olor a incienso. O ahora que se acerca la Navidad, vienen y te venden una caja de polvorones con el rostro de los titulares de tu hermandad. En algún momento esto del merchandising cofradiero se nos fue de las manos, que empezamos con un llavero y hoy en día casi podríamos montar un bazar de pasillos imposibles de cruzar sin tirar nada y tío de pocas palabras detrás del mostrador.

Tengan cuidado con querer usar a las imágenes como moneda de cambio, con querer vender las devociones. Que los titulares están para ir a visitarlos a las iglesias, el incienso para que humee formando nubes delante de los pasos y los polvorones para leer bien grande la palabra Estepa en el envoltorio. Quizás estemos a tiempo de frenar ese afán comercial en nuestras hermandades, porque el frasco de las esencias de la devoción debe permanecer cerrado, que ahí se esconde el gran misterio que da sentido a las hermandades. Que si no empezamos vendiendo polvorones de los titulares y terminamos queriendo celebrar a toda costa una Semana Santa imposible.

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diariodecadiz

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