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Una nueva esperanza

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  Agosto languidece y el año transita ya a su fin. Los meses que restan fueron conocidos, hace no tantos años, como los que reducían la acti...
Comentarios agosto 31, 2020
Una nueva esperanza

 Agosto languidece y el año transita ya a su fin. Los meses que restan fueron conocidos, hace no tantos años, como los que reducían la actividad cofrade a la latencia. Un pequeño hilo de vida para saber que sí, que seguían ahí, pese a que las procesiones no centrasen las labores. Una carta, un breve con el orden de cultos y la campaña de Navidad. Poco más en el archiconocido “arranque del curso cofrade” que llega a Málaga cada 8 de septiembre con Santa María de la Victoria.

¿Y este año? Las procesiones están prácticamente todas suspendidas, pese a la prudencia por anunciar lo que se conoce de sobra ante el segundo envite del virus. La actividad cultual se adapta a la realidad de la mascarilla y obliga a reinventar una solución provisional para este año. Es imposible negar que, en muchas juntas de gobierno y albacerías, hay ganas de volver a la realidad habitual, a lo perdido por una pandemia. El tedio crece, pese a que en Martiricos se escuchan cornetas ensayando de noche en torno a la Rosaleda, vínculo imprescindible para recordar lo que un día era una constante por las calles de la ciudad.

Corremos, sin casi darnos cuenta, un riesgo que se esconde tras el cartel de “las cofradías ya sobrevivieron a cosas peores”. La desamortización, otras epidemias, una quema de conventos e iglesias, una Guerra Civil… sobre todos esos episodios siguieron adelante las corporaciones de Pasión y Gloria, pero… ¿y si esta vez no se reponen? La Semana Santa encuentra, en la venta de abonos, un sustento económico vital para muchas corporaciones, cuyas cuotas de hermanos no siempre cubren el montante final. ¿Podremos ver alguna procesión detenida para siempre en el recuerdo de 2019?

El reto no es sólo económico, sino también humano. El ritmo incesante de la sociedad y la necesidad de reestructurar el mercado laboral, la auténtica incógnita de esta pandemia, dejan fuera a quienes estaban dispuestos a invertir su tiempo de manera gratuita por sus hermanos. A eso se suman determinados grupos de presión –sobre todo en torno a los varales- dispuestos a pensar en la pequeña parcela que ocupan a lo largo de unas poquísimas horas al año. No, esta pandemia no ha llegado en el mejor momento para las cofradías y hay que estar preparados para el impacto de una ola aún desconocida.

La salvación pasa por una reflexión necesaria y pausada. Por un plan que ilusione, por el que seguir creyendo y más que nunca en Cristo y en su mensaje basado en el amor, por muy ñoño que pueda llegar a sonar. Y, desde ahí, a trabajar sin descanso por el futuro y con el futuro. Es la forma más acertada para asegurar el futuro y generar ilusión real. Hace ya un tiempo que un archicofrade de la Esperanza invitó a echar abajo la puerta para que la juventud entrase de una vez en las hermandades. Ese día parece que aún no ha llegado.

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malagahoy

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