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Reflexión cofrade

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Por fin un verano como Dios manda. Con tranquilidad en las masas cofrades y con un respiro que bien que nos ha hecho falta tras un curso no ...
Comentarios agosto 23, 2020
Reflexión cofrade

Por fin un verano como Dios manda. Con tranquilidad en las masas cofrades y con un respiro que bien que nos ha hecho falta tras un curso no apto para cardiacos. El mes de agosto está siendo tan sereno y tan ausente de grandes noticias que uno se pellizca la cara de vez en cuando y se pregunta si todo esto responde a la nueva o antigua normalidad. Elijan ustedes la que quieran. Ya sabemos que las cofradías en demasiadas ocasiones son un tanto hiperactivas y cuando no hay actividad siempre puede sobrevenirnos un asunto, una polémica, una procesión o un decreto episcopal. Nunca se sabe.


Sin embargo, este de 2020 ha sido para firmarlo de cara a las cuatro próximas temporadas. Ojo, lo digo por lo tranquilo y lo sosegado que ha estado todo. Que nadie vaya a sacar el fusil antes de tiempo.


Probablemente toda esta inactividad nos ha servido para reflexionar un poco sobre todo y sobre nosotros mismos. Hemos visto en estos meses cómo un simple bichito que no se percibe con la vista ha dado al traste con un buen número de sueños cofrades, de ilusiones, de estrenos y de proyectos. Y la vida nos ha cambiado.


Nos hemos sentido indefensos y dispuestos a entregarnos a la voluntad del Padre. Hemos tenido que bajar del pedestal en el que nos instalamos en muchas ocasiones y que nos hace ser más perfectos que nadie.


Pese a todo, las corporaciones nazarenas seguirán dando su testimonio de fe en las calles. El año que viene o el siguiente. Que a nadie le quepa la menor duda. Y todo esto ocurrirá porque las cofradías están muy por encima de nosotros. Ellas se quedarán mientras que nosotros sacaremos algún día el billete para el viaje eterno. Por tanto, estamos a la disposición de la voluntad de Dios. Y todo esto espero que haya sido caldo de cultivo para la meditación en este mes tan tranquilo. Como dijo el gran Papa Benedicto XVI en sus primeras palabras como Sumo Pontífice: “Soy un simple y humilde trabajador de la viña del Señor”.


diariodejerez

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