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Las huellas del Gran Poder

Las huellas del Gran Poder

Las huellas del Gran Poder

Cuentan que cuando el Gran Poder barajó la posibilidad de abandonar San Lorenzo, el párroco de entonces no permitió que el Señor se fuera de...
abril 07, 2020
Las huellas del Gran Poder
Cuentan que cuando el Gran Poder barajó la posibilidad de abandonar San Lorenzo, el párroco de entonces no permitió que el Señor se fuera del barrio. Debía quedarse cerca.

No podía ser el palacio de Bernabé Sánchez Dalp, cerca de la Magdalena, ni tampoco San Hermenegildo, porque su marcha hubiera dejado huérfano a un barrio entero. La hermandad optó por la sede de Obras Públicas, que estaba justoal lado de la parroquia, y le construyó un templo al Señor, hace ahora, en mayo, 50 años.



Al Gran Poder se le había quedado pequeña la capilla de San Lorenzo. Una devoción tan fuerte debía tener un templo entero.

No hay imagen que tenga tantos azulejos repartidos por los cuatro puntos cardinales. Una devoción que no sólo se ha exportado fuera de las murallas, sino que trasciende fronteras y ha llegado a lugares tan recónditos como Reikiavik (Islandia), Santa Fe de Antioquía (Colombia), incluso a Quito, donde lo adoptaron como patrón.

Y es que cuando no está presente, al Gran Poder se le reza por los azulejos. Muchos devotos, cuando la basílica está cerrada, acuden al retablo de la fachada de San Lorenzo. Pero esa huella que deja el Gran Poder en el corazón de cada sevillano también ha quedado grabada de forma tangible en aquellos lugares que fueron morada del Señor de Sevilla, aunque fuera por poco tiempo.



En la fachada del Círculo de Labradores de la calle Sierpes, antes convento de San Acasio, una placa recuerda que allí residió el Señor durante siete años. Igual ocurre en San Benitocon una fotografía del Gran Poder entrando en la parroquia en las misiones de 1965. También en el sanatorio que lleva su nombre en Nervión, donde estuvo «de una a cuatro de la tarde», el 23 de enero de 1965 –ahora se cumplirán 50 años–.

Aunque el sitio en el que han quedado grabadas las verdaderas huellas del Gran Poder es en San Lorenzo. Tres siglos estuvo el Señor en la exiguacapilla, hoy del Dulce Nombre, y en cada rincón de aquel lugar se encuentran vestigios de su paso.

Arriba, en la rejería, la pintura de un Nazareno y la Virgen con San Juan, que son las vitelas del libro de reglas, anuncian que allí estuvo el Señor. Lo mismo sucede en el frontal del retablo –copiado en el actual de la basílica–, en las vidrieras, la cerámica de la capilla o incluso en lasventanas que dan al camarín por la calle Eslava, que han quedado grabados con el escudo de la corporación y el lema «En sus manos está la realeza, el poder y el imperio».

Estos vestigios son sólo pruebas que demuestran la estancia del Señor. Según Francisco de los Reyes Rodríguez, el párroco, allí no hay placa porque «gracias a Dios, el Señor sigue estando presente y muy cerquita. No se ha ido».

De hecho, algunos que conocieron al Gran Poder en la capilla, anhelando aquella estampa, seguían teniendo la costumbre de entrar en San Lorenzo tras visitar la basílica. Hoy en día muy pocos lo hacen.

Pero si hay un sitio donde ha dejado una profunda huella es en Santa Rosalía. Un lugar muy próximo, pero a la vez lejano para las monjas de clausura que, desde que se marchó el Señor de su casa, tienen la necesidad de verlo. Cada Madrugá, salen al zaguán para ver pasar al Gran Poder de camino a su actual morada. Y se despiden hasta el año que viene.

pasionensevilla

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