-->

La histórica Semana Santa de la II República en la que El Cristo salió por las calles de Jerez

La histórica Semana Santa de la II República en la que El Cristo salió por las calles de Jerez

La histórica Semana Santa de la II República en la que El Cristo salió por las calles de Jerez

Los historiadores que tratan las festividades religiosas en la Segunda República conocen de primera mano la sensibilidad del asunto. Los año...
Comentarios abril 11, 2020
La histórica Semana Santa de la II República en la que El Cristo salió por las calles de Jerez
Los historiadores que tratan las festividades religiosas en la Segunda República conocen de primera mano la sensibilidad del asunto. Los años 30, marcados por un anticlericalismo y un tradicionalismo contrapuesto, no son plato de buen gusto para nadie. El 14 de abril de 1931 supuso un halo de esperanza para aquellos que buscaban una España reformista y progresista, y abrió también el melón del laicismo y la relación Iglesia-Estado. Sin embargo, ni el clima social del momento, ni la radicalización de las posturas políticas ayudó a que hubiera un mínimo consenso posible.

Así lo señala el historiador Eugenio Vega Geán en el propio prólogo de una obra que trata las procesiones en la época, Las Cofradías de Jerez en tiempos de la II República (1931-1936) de Antonio de la Rosa Mateos: “El mundo cofrade jerezano está en el centro de una situación de conflicto Iglesia-Estado y dentro de un problema socioeconómico sin soluciones a corto plazo no traumáticas”. Citando al antropólogo sevillano, catedrático emérito de la Hispalense, Isidoro Moreno, y su obra sobre la vida en las cofradías sevillanas durante la II República, lo deja claro: “Nos mostró una realidad caleidoscópica alejada de cualquier postura homógenea del conflicto, tanto para los actores como para los estudiosos”. No es para menos.

Para acercarse a la realidad del mundo cofrade de la Segunda República, hay que retrotraerse a un Jerez sin Unión de Hermandades —creada en la posguerra—, sin carrera oficial, y con tan solo catorce procesiones —hoy superan las 40—. También hay que hacerlo imaginando unas tradiciones cofrades bien distintas: apenas unos años antes, a finales de la década de los 20, la Semana Santa de Jerez se influenciaría notablemente de la de Sevilla, con adquisición de imágenes, pasos y gustos estéticos que, por ejemplo, hoy hacen que casi todos los pasos carguen por dentro y no por fuera. Entre las señeras está El Cristo de la Expiración. Fundada en el siglo XVI por el gremio de los barqueros, que iban desde el arrabal de San Miguel hasta El Portal faenando en la Bahía de Cádiz, la del Cristo es una de las cofradías que aún conserva su arraigo popular, humilde y con jerezanas maneras. En aquellos años de conflicto y de las dos Españas, llegaron a hacer historia, siendo la primera procesión que salió a las calles tras la llegada de la tricolor a los balcones del consistorio.

“Solo los hombres que sean hermanos de la cofradía y que a juicio de los que componen la junta sean capaces por su fe y devoción al Señor de defenderlo de cualquier acto violento de bárbara irreverencia”. Es una de las misivas que se remiten al Nazareno en febrero de 1934, con objeto de conocer la opinión de los hermanos de la cofradía sobre un posible desfile procesional. La otrora histórica cofradía jerezana, a través de Leopoldo Zaldivar, pide opinión hasta a la Hermandad sevillana del Gran Poder, que se limitó “a celebrar los ejercicios de la Pasión y la visita al Santísimo Monumento”. Es lo que se había hecho tanto en Jerez como en Sevilla los años posteriores a la proclamación de la Segunda República, ante el riesgo de que se produjera un altercado público. Ni en 1932, ni en 1933 las cofradías salieron a la calle. Las autoridades republicanas desaconsejaban el desfile procesional.

En Jerez, diferentes hermandades pidieron opinión al alcalde republicano Juan Narváez Ortega, con objeto de obtener licencia para salir a la calle. Ante una de las peticiones, de la Hermandad del Prendimiento, el alcalde afirmó que “si la cofradía decidía sacar la procesión, él, cumpliendo instrucciones del gobernador civil, estaba dispuesto a autorizarlo y a garantizar el orden público”. El Cristo fue más allá. Según cuenta Antonio de la Rosa Mateos en su obra, la directiva de la Hermandad hizo una consulta por escrito a los hermanos, y para conocer su resultado convocó el Domingo de Ramos 25 de marzo una reunión en la capilla. El resultado fue un empate. El asunto quedó en manos de la directiva, que decidió sacar la procesión. El Miércoles Santo obtuvieron la licencia del alcalde, concedida tras haberlo consultado con el gobernador civil y dos días más tarde, el Rey de los gitanos vio el sol en la plaza de San Telmo. La prensa local lo recogió con un titular que llama bastante la atención: “La procesión del Cristo de la Expiración y la Virgen del Valle revistió caracteres apoteósicos”.

“Eran las cuatro de la tarde del día 30 de marzo de 1934 cuando se abrieron las puertas de la ermita de San Telmo. En aquella gran explanada no cabía una persona más, pues con anticipación fueron tomados todos los lugares y los balcones y azoteas de las casas colindantes. Hacía dos años que esta Archicofradía no hacía estación, y al tercero, arrastrando todos los inconvenientes que pudieran presentarse, deciden sus valientes hermanos sacar a sus imágenes sin perder ni siquiera un detalle de su clasicismo en su pase por las calles de Jerez (…) El clamor popular avisa que el Cristo ha salido a la calle y la ovación es imponente y los vivas al mejón de los nacíos son más imponentes todavía; mujeres y hombres sostienen el aplauso cerrado que no cesa hasta que San Juan y la Virgen está en la plazoleta. Los corazones vibran de entusiasmo y empieza la carrera triunfal de las populares imágenes. Cientos de saetas atruenan el espacio y los sones de las cornetas de la Banda de la Cruz Roja y la Banda Municipal prestan a aquel cuadro el color y la luz que lo embellece y lo sublimiza”. Diario de Jerez, 1 de abril de 1934.

En la crónica del Diario de Jerez se destaca el fervor popular, que “entre vivas” se asemeja mucho a lo que vivimos hoy cada Viernes Santo. También, el saludo a las cofradías amigas y del barrio, como La Yedra o Las Angustias. “A la altura de la Capilla de la Yedra, los cofrades del titular y de la Virgen de la Esperanza, reciben con sus insignias a los del Cristo, entre tanto no cesan los aplausos. El paso por la típica calle del Sol, completamente llena de público, se hace con grandísima dificultad y no hay un balcón del que no descienda una corona o no se brinde una saeta y así se llega hasta la preciosa alameda de las Angustias, abarrotada de personas, que al aparecer los pasos, prorrumpen en delirantes vivas y aplausos. Y ahora un detalle: Los cofrades de la Virgen de las Angustias tienen sobre sus hombros el paso de la Virgen, y al adelantarlo a la puerta, para dar frente al Cristo, se contagia con el entusiasmo del pueblo y pretenden llevarla procesionalmente. Hubo necesidad de imponerse y hacer ver a aquellos señores que no podían satisfacer su deseo tan generosamente sentido. En la Corredera, en la plaza del Arenal, la Cofradía desfila majestuosamente haciendo una pequeña parada frente al Señor de la Puerta del Real, donde son vueltas las imágenes, ocasión que el público aprovecha para reproducir las ovaciones (…) otra parada ante la iglesia del Carmen Coronada”. Al Cristo le llovió, y como es ya costumbre, enfrentó al tiempo y prosiguió. “Ni la lluvia pudo deslucir aquel cortejo”. Un total de nueve horas de procesión, que concluyeron con la felicitación del alcalde Juan Narváez Ortega “por el éxito obtenido sin que ocurriera el menor incidente”.

Sin embargo, tal y como señala Antonio de la Rosa Mateos, la crónica de El Guadalete del 2 de abril recoge dos incidentes que no llegaron a más: “Minutos antes de desfilar por la calle Sol la Cofradía que nos ocupa, en la esquina que forma dicha calle con la de Mariñíguez, fue sorprendido un individuo que intentaba ocultar piedras. Los guardias de Seguridad procedieron a la detención del citado sujeto, que fue llevado a la Comisaría de Vigilancia, donde declaró que pensaba servirse de las piedras para abrirse camino entre la multitud que se agolpababa para presenciar el paso (…) Próximo a la Colegiata detuvieron a otro individuo, de profesión arrumbador, a quien le fueron ocupadas en los bolsillos varias piedras (…) Expuso que se había juramentado por la mañana a arrojar las piedras a los pasos que figuraban en la procesión. Parece ser que se le impuso una multa de 25 pesetas. En la mañana de ayer fueron puestos en libertad a ambos individuos”.

Este 2020 es la primera Semana Santa en la que no se celebran en la ciudad desfiles procesionales desde 1936. Los motivos son bien distintos. Si en aquel momento era el clima de inestabilidad política el que impidió las procesiones, hoy es una pandemia global la que deja a todos los hermanos —sin distinción, sin la actuación de las inclemencias meteorológicas— , literalmente, en casa. En esta jornada, ni siquiera se quedarán a las puertas de su templo, o a los pies de la capilla donde contemplan con tristeza a sus imágenes cuando el cielo se cierra. El coronavirus ha podido con la semana grande de los andaluces tras ocho décadas de celebración ininterrumpida. Queda así otra Semana Santa para la historia.

lavozdelsur


Comentarios


No hay comentarios

Deje su Opinión...

  • Link
  • Link
  • Link
  • Link
  • Link
  • Link
  • Link
  • Link
  • Link
  • Link
  • Link
  • -->