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El coste de una procesión hace 75 años

El coste de una procesión hace 75 años

El coste de una procesión hace 75 años

En cualquier hermandad, el coste de la procesión es la partida más abultada del capítulo de gastos. Esto ha sido siempre así, ya que sacar e...
Comentarios abril 11, 2020
El coste de una procesión hace 75 años
En cualquier hermandad, el coste de la procesión es la partida más abultada del capítulo de gastos. Esto ha sido siempre así, ya que sacar el cortejo a la calle supone una serie de desembolsos que dejan huella en las arcas de la cofradía, y por eso, en tiempos de penuria, de lo primero que se prescindía era de la procesión antes que dejar a las imágenes sin sus cultos, que es algo mucho más importante.

Este coste ha ido creciendo con el paso del tiempo. Y más aún en tiempos recientes, en los que el refinamiento cofrade no escatima lo más mínimo a la hora de pensar en la cera, la flor o la música. El capítulo de la procesión cuenta en cada hermandad con la contrapartida de la papeleta de sitio, por la que cada hermano abona un tanto por su derecho a salir. Pero esta cantidad, en muchos casos, no da ni para pagar el cirio que lleva el nazareno.

En Córdoba, en 1849 se comienza a aplicar el Decreto del obispo de Trevilla de 1820 por el que se crea la procesión oficial del Santo Entierro, cuya organización correspondía al Ayuntamiento. A partir de ese momento, como organizador del acto, el Ayuntamiento comienza a hacerse cargo de determinados gastos de la procesión. Así, los años en que había más presupuesto salían más pasos y viceversa. Hasta hoy.

Pero esta relación no significa que haya sido una balsa de aceite a lo largo de estos 170 años, ni mucho menos. En los tiempos de las juntas revolucionarias no hubo un duro para la procesiones, como tampoco lo hubo en buena parte de la segunda república. En el resto de los años hubo un tira y afloja que en los años posteriores a la guerra civil se acentuó sobremanera. El Ayuntamiento redujo la subvención en un momento en el que las cofradías pagaban el montaje de los palcos y el dinero iba directo a las arcas municipales.

Aquello que algunos llaman el nacionalcatolicismo no fue una luna de miel, ni mucho menos, y la tensión fue en aumento hasta el punto de que las hermandades hicieron público lo que costaba poner en la calle una procesión. Hicieron un sondeo entre las 18 cofradías de aquel momento y llegaron a la conclusión de que el coste oscilaba entre las 70.000 y las 75.000 pesetas. En esta cifra sólo estaba contemplado el importe de la cera de los nazarenos, la flor, la luz eléctrica y el importe que se daba a los faeneros que, a ruedas o a hombros, llevaban los pasos.

Como se habrá advertido, ninguna hermandad contemplaba el gasto de música. El Ayuntamiento aportaba la banda municipal para el trayecto de la carrera oficial en turnos rotatorios y quien quisiera algo más, que se lo pagara de su bolsillo.

Ante la falta de reacción del Consistorio, la Agrupación de Cofradías decidió buscar fórmulas alternativas para mitigar, en la medida de lo posible, el impacto de estos costes y para ello ideó los sellos pro Semana Santa, así como la cuestación del Domingo de Ramos.

lavozdecordoba


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