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El brazo de El Rico

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El brazo de El Rico

Era el 7 de marzo de 2014, Jesús “El Rico” era la imagen que presidía el Vía Crucis Oficial de la Agrupación de Cofradías y lo hacía con el ...
abril 07, 2020
El brazo de El Rico
Era el 7 de marzo de 2014, Jesús “El Rico” era la imagen que presidía el Vía Crucis Oficial de la Agrupación de Cofradías y lo hacía con el motivo del 75 aniversario de la bendición de la talla. El Nazareno lucía muchos estrenos para la ocasión. La gente hablaba del avance de esta Cofradía, del polvo que se quitaba de encima. Y los hermanos de “El Rico” no cabían en sí. El esfuerzo y el trabajo de tantos años y tantas generaciones daba frutos.



Resultado de imagen de El brazo de El Rico malagaEra uno de esos días en los que, bajo los varales, se ven caras conocidas, caras con arrugas y caras jóvenes, de las que hacía tiempo o de las que nunca se veían en un trono. Portadores jubilados y jóvenes albaceas y nazarenos tenían la oportunidad de sentir o volver a sentir el peso de la devoción sobre el hombro. Y entre todas esas caras, había una en especial, la de Antonio, que entre sollozos y más emoción de la que se puede soportar en público, apoyaba su mano sobre el joven compañero de enfrente con ese gesto de portador, de unidad entre los que trabajan bajo el varal.

La procesión enfilaba la recta final atravesando el Pasaje de Campos, el callejón que durante tantos años fue el lugar del tinglao de la Corporación de Santiago. Era como un homenaje a este hogar efímero del pasado, como si los hermanos quisieran decirle al viejo pasaje que, pese a ahora estar enfrente, bajo un techo de hormigón, no se habían olvidado de él, del cobijo que ofreció, y del agradecimiento que aún se le debe a esa estrechez.

Y a la altura del cruce con el Pasaje del Chiclanero, Antonio no pudo más. Miraba a la Plaza de la Merced y entre lágrimas recordaba la cantidad de Martes Santos de madrugada que, tras el paso del Rocío, había cargado con la Imagen del Nazareno de Santiago a sus espaldas, ayudado por su amigo y “maestro”, para trasladarlo con prisa, casi con clandestinidad, desde Santiago al tinglao.

Y entre tanto, un ruego: que Jesús El Nazareno le ayude a acabar con la enfermedad que desde hace dos años y medio y varias intervenciones está mermando sus fuerzas.

Llegamos a septiembre. Latribuna.org quiere homenajear el final de los actos del 75 aniversario del Nazareno hablando de aquel que fuera el brazo de El Rico, del factor humano que año tras año hace posible el momento de la bendición que el Cristo de Navas Parejo imparte tras liberar el preso.

Resulta que esa mano es la de Antonio. O lo fue. Una de ellas. Ahora se entiende tanta emoción aquel 7 de marzo. Hablamos de uno de esos afortunados que más cerca han estado de la imagen del Rico y en el momento más especial de la Cofradía. Seguro que tiene muchas cosas que contar, pero no quiere contar tantas. Este policía nacional jubilado le resta importancia al hecho de su responsabilidad con la bendición y prefiere hablar de toda su experiencia con El Rico, porque fue mucho más que el responsable de hacer posible este momento. Es un albacea de la época precaria de la Semana Santa malagueña, del tiempo en el que los cofrades se valían de casi cualquier cosa para hacer posibles los cultos y actos de sus hermandades, de los que han allanado el camino para los cofrades de hoy y han impulsado nuestra Semana Mayor.

Antonio ha colaborado en el traslado de los tronos desde el polígono El Viso hasta el centro, por la noche, por la carretera, remolcados por un viejo tractor. Ha remendado las heridas que la precariedad de los tinglaos hacían sobre las andas procesionales de sus titulares. Ha pasado noches sin dormir para custodiar sus tesoros. Ha sido el encargado de acompañar al liberado durante la procesión. Ha buscado la mejora para facilitar que El Rico diera la mejor bendición. Se ha trabajado cientos de cultos... Y hasta que la enfermedad dijo de parar el tiempo, ha seguido trabajando para su Cofradía.

- Y de la bendición, ¿qué?

- ¿De la bendición? Muchas anécdotas.

Desde señoras que lo habían reconocido al salir del trono tras la liberación y le pedían que les pasara la mano sobre un brazo escayolado para sanarles, hasta ex presos que lo buscaban año tras año para agasajarlo con humildes regalos por haber hecho posible su liberación. Hay de todo. Treinta años bajo esa responsabilidad dan para mucho. Y se puede el lector imaginar. Pero Antonio siempre le quita hierro. Esas treinta Semanas Santas no han sido trabajo suyo, han sido de Jesús “El Rico”. “Cuando llegaba el momento de la bendición, yo siempre buscaba quedarme solo con el Cristo un rato antes, para rezarle mis oraciones. Le pedía que no le moviera yo la mano, sino que Él guiase las mías. Y así se cumplía”. Y es que, como el mismo Antonio dice, “Él es la propia fe que tengo”.

Seguramente, ni el propio Antonio ni los hermanos de la Cofradía sean conscientes de la verdadera “riqueza” que posee su Hermandad. Tras la procesión, las imágenes, los enseres, tras todo lo “dieciochesco”, existe una lección que sin darse cuenta, los de Santiago aprenden y se convierte en rasgo de su identidad. Una lección sobre algunos de los pilares más fundamentales para el Cristianismo: el Amor, el perdón y el respeto.

Cuando se trata de “El Rico”, no existen diferencias entre policías, funcionarios de prisiones, presos o ex-presos. En la Casa de Jesús “El Rico” el tratamiento es de “hermanos”. Y todas las fuerzas van a una. El testimonio de Antonio es prueba de ello. En su discurso no faltan nombres propios de personas que a día de hoy trabajan por mantener esta Cofradía y que junto a él trabajaron en su momento. Para él la bendición forma parte de un todo, que es su Hermandad, y que se hace realidad no solo gracias a su presencia bajo el trono, sino al esfuerzo de toda esa gente.

El ya dejó hace años de ser el responsable de la bendición. Quiso dejar paso a nuevas generaciones como en su día le dejaron a él. Desde entonces, los siguientes “brazos de El Rico” son nuevos reflejos del poder de este Cristo. Y son nuevas pruebas del profundo trabajo que hace falta y que se lleva a cabo para hacer realidad una de las tradiciones más mágicas y conocidas de la Semana Santa malagueña. Porque todo lo que se ve el Miércoles Santo no es fruto del trabajo de una sola Cuaresma, ni de la devoción de unos pocos. Si Jesús “El Rico” es uno de los nombres más conocidos de nuestras cofradías es gracias a las manos que son guiadas por este Nazareno.

La puerta de esta hermandad siempre está abierta para dejar que quien quiera entre y conozca lo que hay detrás de su nombre. Y lo que hay detrás son personas como Antonio, que trabajan sin descanso, todos los días del año, porque sienten sobre sus hombros un varal muy importante, el de ser “herederos” de un legado histórico y hermanos e hijos de un Cristo que al mirar engancha.



Fuente: latribuna

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