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Restauración Virgen de los Dolores Osuna

La Hermandad Sacramental y Venerable Orden Tercera de Siervos de Nuestra Madre y Señora de los Dolores celebra Santa Misa de despedida en honor de su titular, el martes 1 de octubre a las 20 horas, a cargo del director espiritual y párroco Rvdo. P. don Antonio Raúl Moreno Enríquez, con motivo de su restauración a cargo de don Pedro Manzano Beltrán, reconocido restaurador sevillano. La excelsa escultura de Nuestra Madre y Señora de los Dolores pasa por ser una de las mejores representaciones marianas andaluzas, de la que ya en 1746 el historiador local García de Córdoba describía como que “era efigie de tan maravillosa hermosura, que se duda si la ay igual en estos Reynos” .

De considerables dimensiones (1,74 m.), la Virgen se muestra vestida con una túnica y manto tallados con minuciosos pliegues que se ajustan a la efigie como si se hallasen humedecidos. El manto es de color azul, tallado desde la cabeza hasta el suelo, y permite ver el rostro y su amplia cabellera que cae hasta los brazos. La túnica, de color jacinto, queda ceñida por un cíngulo que deja el talle muy   levado,otorgándole una gran esbeltez y elegancia. Con un rico y profuso estofado se recubre
el simulacro textil.



La cabeza se gira hacia abajo y a la derecha y su rostro, en alargado óvalo, muestra unos rasgos de cierta madurez. Las cejas elevadas, así como las comisuras de los labios cerrados, componen un rictus doloroso que comunica al fiel el intenso dolor en que se halla sumida la Santísima Virgen. Los ojos entrecerrados acentuan la sensación melancólica y de misticismo, invitando al espectador a que tenga que acercarse para poder mirar a los ojos de la Virgen. Un grácil hoyuelo en la barbilla remata sus rasgos.

Las manos se entrelazan cerrándose los dedos con fuerza, lo que contribuye a resaltar el gesto de tristeza. Un detalle desconocido es que, entre las palmas de sus manos, aparece tallado un pañuelo.

El insigne escultor granadino José de Mora ha sido considerado históricamente su autor, a finales del siglo XVII o principios del siglo XVIII, aunque últimamente no se descartaría la posibilidad de que Torcuato Ruiz del Peral pudiese relacionarse también con la ejecución de la obra.  Si bien la talla innegablemente posee rasgos de gran similitud con los de la obra de José de Mora (múltiples bustos documentados del artista como el del convento de madres agustinas en Zafra o el de Santa Isabel la Real de Granada), no menor resulta su parecido con obras de Ruiz del Peral (dolorosas de la
Humildad y los Dolores de Guadix o la Dolorosa del Sagrario de la catedral de Granada).

En el capítulo de reformas sufridas por la talla, destacar los estofados, pues en principio probablemente fuese de tonos cromáticos lisos, tratándose de un añadido del siglo XVIII. En una burda intervención desconocida, probablemente desde los primeros años de la creación de su Venerable Orden Tercera, fueron añadidos una seria de cáncamos en el contorno del manto para poder revestir a la imagen. Igualmente, en otra fecha imprecisa del siglo XX, su juego de manos fue sustituido por las actuales de las que se desconoce su autor. A finales de la década de los sesenta del
siglo XX se detectan en el cuello de la Virgen unas fisuras, por lo que fue restaurada por don Antonio Gavira Alba bajo la dirección del catedrático José Hernández Díaz. En un Cabildo General Extraordinario celebrado el pasado 26 de mayo, los hermanos aprobaron su restauración a cargo de don Pedro Manzano Beltrán, quién goza de una conocidísima y dilatada trayectoria profesional, habiendo trabajado ya para Osuna con la restauración de Nuestro Padre Jesús Nazareno. Se estima en unos 5 ó 6 meses el tiempo aproximado para intervenir en diferentes aspectos comunes a los de una escultura procesional: limpieza, reposición de la policromía, consolidación interna, posterior tratamiento preventivo y adecuación de las condiciones de iluminación, temperatura y humedad de su camarín.