1965, año de las Misiones Generales en Sevilla

Quedaban escasos días para que aquel enero de 1965 llegara a su ecuador. El día 12, el Arzobispado ofreció información sobre un acontecimiento del que ya se llevaba hablando paulatinamente en la prensa semanas anteriores. El cardenal Bueno Monreal decidió llevar a cabo una hazaña que hoy para algunos parecería impensable: la Santa Misión. Aquel año el mismo cardenal afirmó que “tenemos que abordar el apostolado de los barrios alejados, de los núcleos de los pobres, de los grupos especializados, del mundo del trabajo y del ambiente santificador”. Para él, “la Misión es una llamada de conversión a Dios”.




Las imágenes de 55 corporaciones serían trasladadas desde sus sedes canónicas a los llamados centros de Misión. Estos eran diversos puntos de oración que articulaban una red que durante 15 días se extendió por la capital hispalense. En sus andas, las imágenes discurrieron por calles por las que no han vuelto a pasar, dejaron estampas para el recuerdo —como el encuentro entre la Virgen de las Angustias y la Soledad de San Lorenzo— y formaron parte de un capítulo destacable dentro de la religiosidad popular del siglo XX.
Mientras que algunos titulares acudieron a otros templos de forma conjunta, otras corporaciones fueron testigo de cómo sus sagradas imágenes partían hacia diferentes zonas de forma individual. Con motivo de este acto trascendental la patrona de Sevilla y su Archidiócesis salió en procesión dos veces. La primera de ellas el 31 de enero, jornada en la que quedó inaugurado el acto, y el 14 de febrero, día en el que fueron clausuradas las Misiones. Entre las imágenes para el recuerdo el Cautivo de San Ildefonso, que acompañó a la patrona en la primera de las salidas procesionales.


La Virgen de las Aguas camino de San Laureano

En cuanto a las imágenes, algunas no salieron de sus feligresías, mientras que otras viajaron a la periferia. La Paz permaneció en su barrio del Porvenir, mientras que el Cristo de la Humildad y Paciencia viajó hasta Madre de Dios y la Virgen del Subterráneo hizo lo propio hacia el Colegio de Portaceli. Continuando con la nómina de las cofradías por orden en las jornadas de la Semana Santa, la Hermandad de la Hiniesta vio cómo el Cristo de la Buena Muerte recorría tan solo unos metros, hasta la Plaza de San Julián, mientras que la dolorosa marchaba hacia el Cerro del Águila. La Virgen de Gracia y Esperanza, de San Roque, fue traslada hasta la Cruz Roja, la Estrella residió en el Colegio Santa Cecilia y la Amargura en el cuartel de la Alameda. Por último, el crucificado del Amor y la Virgen del Socorro permanecieron en Árbol-Gordo, el barrio sevillano perteneciente al distrito de San Pablo-Santa Justa.

En cuanto al Lunes Santo, el Señor de la Redención recaló la Calle Madre María Teresa y la dolorosa de Santa Genoveva terminó en Santa Bárbara. Más cerca sería el destino de la Virgen de la Salud, que llegaría hasta la Calle José León. El destino del Cristo de la Vera Cruz fue la Calle Salado, concretamente en la fábrica de lámparas, y el de las Penas —que coincidió durante unas horas con el Gran Poder— en Juan XXIII. La Virgen de las Aguas fue trasladada hasta San Laureano, instalándose la dolorosa ante una cruz de la que pendía un sudario.
Las Hermandades del Martes Santo decidieron en su mayoría que fuera trasladado uno de los titulares a excepción de San Benito, cuyo Señor de la Presentación al Pueblo fue llevado en andas hasta la fábrica de corcho de la Calle Oriente y la Virgen de la Encarnación terminó en la misma calle, pero en esta ocasión en los Almacenes Municipales. La Virgen de Gracia y Amparo así como la de la Candelaria fueron trasladadas hasta La Candelaria, el portentoso crucificado de la Buena Muerte de Los Estudiantes estuvo esta quincena en la caseta del Círculo de Labradores, instalada en el Prado de San Sebastián, y la dolorosa de San Esteban alumbró a los fieles desde San Pablo. La Virgen del Dulce Nombre, al igual que la Hiniesta visitó el Cerro del Águila y Cristo de las Misericordias tuvo como destino el Real Círculo de Labradores de Los Remedios.


La dolorosa del Valle cruzando por el Puente de Isabel II

Del Miércoles Santo participaron cuatro hermandades: San Bernardo, La Lanzada, Baratillo y los Panaderos. Refugio viajó hasta Su Eminencia, la dolorosa de la Lanzada hasta el Tiro de Línea, concretamente en las Escuelas de la Calle Almirante Topete. Las dos corporaciones que participaron de esta jornada decidieron hacerlo con sus titulares cristíferos. Hasta Bellavista llegó Nuestro Padre Jesús del Soberano Poder en su Prendimiento. Precisamente una de las instantáneas más desconocidas muestra al Señor sobre unas andas en la Capilla del Baratillo, adonde fue llevado por los hermanos tras el aguacero que le sorprendió a su regreso desde el Centro Misional del Barrio de Bellavista, que fue instalado junto a la Venta de Antequera. La Caridad del Baratillo presidió un altar instalado en las Escuelas de Santa Teresa.
A excepción de Los Negritos, todas las corporaciones que conforman la nómina del Jueves Santo decidieron participar. El Centro Misional de San Pío X, en el Polígono Sur recibió a Nuestra Señora de las Lágrimas y hasta la Fábrica de Tabacos, rememorando tiempos pasados, llegó la Virgen de la Victoria. Monte-Sión decidió que el Señor fuese hasta La Candelaria y que la dolorosa permaneciese durante estas dos semanas en Sagrada Familia. Por último, la Virgen del Valle cruzó el Puente de Triana mientras era llevada a la Escuela de Peritos de la Calle Niebla, en Los Remedios, el Señor de Pasión se convirtió en el centro devocional de la Plaza de San Francisco y la Merced recaló en el Plantinar.


La Esperanza Macarena en el Polígono de San Pablo

El Señor del Silencio cargó su cruz hasta La Bachillera y los titulares del Gran Poder tuvieron que resguardarse de la lluvia que les sorprendió. El Señor de Sevilla no pudo ser refugiado en la Parroquia de la Inmaculada Concepción al encontrarse esta cerrada, por lo que sus hermanos decidieron que aguardase en un garaje. El Nazareno presidió la Parroquia de Santa Teresa mientras que la Virgen del Mayor Dolor y Traspaso llegó hasta el Colegio San Fernando. Ambos titulares estuvieron cerca, pero en distintas zonas. Pero el traslado que más polémica causó que el de la Esperanza Macarena, cuya junta de gobierno pensó que lo mejor para la imagen sería trasladarla hasta San Pablo en un furgón, como así pasó. Más cerca de su templo estuvo la Esperanza de Triana, en el Colegio San José de Calasanz, en El Tardón. La Virgen de las Angustias cruzó el arco camino de la Torre de los Perdigones.


La Esperanza de Triana en el Colegio San José de Calasanz

¿Y el Viernes Santo? Nuestra Señora del Mayor Dolor, de La Carretería, permaneció en la Parroquia de San Eugenio y María Santísima de las Flores, en Pío XII, el Nazareno de la O llegó hasta el Turruñuelo, Tres Caídas de San Isidoro viajó hasta la Huerta de San Gonzalo, en el Cortijo de Cuarto, y el Cristo del Descendido recibió a los devotos en el Cerro del Águila. Por último, del Sábado Santo participaron las cuatro corporaciones que conformaban esta jornada por aquel entonces. La Piedad de los Servitas radicó en La Candelaria, la Virgen de la Trinidad en la Cruz Roja, Jesús Yacente del Santo Entierro radicó en las Redentoristas, en el barrio del Juncal y la Soledad de San Lorenzo estuvo en el Barrio de San Jerónimo.



Encuentro entre el Cristo de las Tres Caídas y el Gran Poder

En lo que respecta a las corporaciones letíficas, la Virgen de las Mercedes de Puerta Real residió en las Escuelas Bécquer, en el número 2 y Nuestra Señora de la Salud, de San Isidoro, residió en el Centro Misional instalado en la Calle Almirante Topete.
En total, 166 centros misionales que se convirtieron en centros de peregrinación para los sevillanos durante el tiempo que duraron las Misiones Generales. Y, aunque fue sin duda el gran acontecimiento de aquel año, todavía quedaban otros capítulos importantes para el mundo de las hermandades y cofradías tildados de carácter extraordinario, como la celebración del Santo Entierro Magno.
La seguridad, en el punto de mira
Si algunas imágenes fueron trasladadas hasta otros templos no sucedió igual con otras que permanecieron en carpas instaladas. La seguridad se convirtió en uno de los temas a debatir, principalmente porque estos, conocidos como puntos de oración portátiles, no contaban con la suficiente seguridad para que pudieran ofrecer todas las garantías posibles en caso de que pudieran ocurrir diversas actuaciones que afectasen a la integridad de las imágenes. La más llamativa fue la carpa donde recibió culto el titular cristífero de la corporación de San Isidoro.
Cuando se produjo el traslado del Cristo de las Tres Caídas hasta donde fue instalado el Centro Misional, los hermanos de la corporación del Viernes Santo cayeron en la cuenta de que a escasos veinte metros se encontraba la vía del ferrocarril Sevilla-Cádiz. Los miembros de la junta acordaron junto con el guardagujas dotar a este de un extintor para que pudiera actuar en caso de que alguna de las chispas del tren terminase afectando a la lona del centro instalado y pudiera dañar la imagen. Durante los quince días este trabajador de la vía estuvo al cuidado de la imagen, y la anécdota que pasó a la posteridad se quedó no solamente impresa en medios de la época sino también en la memoria de quienes contemplaron aquel momento. Tras finalizar la Misión, el guardagujas entregó el extintor a los hermanos de San Isidoro y antes de despedirse les pidió si podían explicarle cómo funcionaba “ese cacharro”.


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