El paso de la Mortaja, la pervivencia barroca en la Semana Santa de Sevilla

Las formas del Barroco se prolongaron en la retablística sevillana, en general en toda su imaginería, hasta bien avanzado el reinado de Carlos III, que intentó imponer, con grandes resistencias, el gusto neoclásico. Las primeras décadas del siglo supusieron una continuidad estética del siglo anterior, con una evolución progresiva hacia formas más dinámicas. Si las tres últimas décadas del siglo XVII estuvieron dominadas por el empleo de la columna salomónica y por juegos de curvas y contracurvas, los retablos del siglo XVIII recargaron sus formas con el empleo del estípite, de la decoración rocalla, de cornucopias, de espejos… 



Al no conservarse apenas obras de este periodo es difícil saber si estos elementos se llegaron a incorporar a las andas de los pasos en la Sevilla de la primera mitad del siglo XVIII. Un siglo del que se conocen, en sus primeros años, los contratos de dos pasos, el encargado en 1703 por la hermandad de la Lanzada al escultor Pedro Sánchez, “una urna para el Santo Cristo de pino y cedro, con veinte ángeles, seis historietas y todo lo demás”, y el contratado en 1707 por la cofradía de las Tres Caídas de Triana, obra documentada por Álvaro Pastor del artista Pedro Ruiz Paniagua “de tres varas y cuarto de largo y de ancho dos varas, con cuatro tarjetas históricas de la Pasión y un monte encima de la urna en donde ha de ir el dicho Cristo.”

Salida de la Mortaja de la iglesia de Santa Marina. Emilio Beauchy



En este contexto barroco, nueva dinastía borbónica en un país que vivía una guerra de carácter internacional por la Sucesión al trono, hay que situar el encargo de un nuevo paso para el misterio titular de la hermandad de la Sagrada Mortaja, entonces radicada en Santa Marina,una decisión que se tomó en un cabido celebrado el día 12 de octubre de 1710. Para ello se enajenaría el antiguo y se venderían algunas piezas de platas que pudieran sufragar el nuevo gasto. En un acuerdo de 12 de febrero de 1711 se nombraría una comisión para el dorado del nuevo paso, un data que constata la rapidez del proceso de realización de la obra.

Grabado del año 1751 con el misterio de la Mortaja
Estudiado por el profesor Roda Peña, se desconoce el autor de estas andas singulares, aunque se suele apuntar la posible autoría de Pedro Roldán “el Mozo” (1665-1720) como posible autor de las andas. Junto a las características técnicas de la obra, que recuerdan a obras documentadas del autor como el retablo del Nazareno de la iglesia de la Victoria de Osuna, sustentaría esta atribución la presencia del autor como hermano en el mismo año 1710. Unas andas que tienen como excepcionalidad el hecho de que se hayan conservado, prácticamente intactas, desde su realización en el siglo XVIII hasta nuestros días, siendo las únicas conservadas en la actualidad de esta centuria.

El misterio de la Mortaja en Santa Marina en los años 20
Un canasto caracterizado por una carnosa hojarasca barroca entre la que se insertan seis relieves que representan la escena del Despedimiento, una singular iconografía que en Sevilla tuvo hasta cofradía propia radicada en la parroquia de San Isidoro, la Oración en el Huerto, la Verónica en la calle de la Amargura, Jesús clavado en la cruz, el Calvario y el Descendimiento. Todos estos relieves, desgraciadamente en el siglo XIX se vendieron al anticuario Joaquín Pérez otros dos medallones de paso, siguen los modelos habituales del taller de Roldán del último tercio del siglo XVII, recordando a otras composiciones conservadas como las cartelas del paso de la Exaltación o del misterio de la Cena. Destacan especialmente las abigarradas composiciones del Encuentro en la calle de la Amargura, con personajes de estética “roldanesca” en los sayones vestidos a la turca o en el grupo de la Virgen María. También destaca el relieve que representa el Calvario, que incluye a los ladrones en un conjunto que recuerda la composición de los grandes misterios sevillanos del siglo XVII y que, en un reducido espacio, llega a insertar la imagen a caballo del centurión de Longinos, el centurión romano.

Antiguo altar de cultos de la Mortaja en Santa Marina
Consta en el estudio del profesor Roda Peña que las molduras y las rosas de talla del paso fueron doradas de nuevo por Manuel Escribano entre noviembre de 1848 y febrero de 1849, trabajo por el que percibió la cantidad de 670 reales, intervención que pudo venir motivada por varias lluvias que sufrieron las andas en su procesión en las décadas de 1830 y 1840. Cuando González de León realizó su estudio sobre las cofradías sevillanas se lamentó del estado de la obra, por haberse empleado pintura al óleo sobre alguna partes doradas de la obra, aunque insistió en que era una obra “de las buenas, calada de labores caprichosas de medias cañas y contornos que forman su perfil”, aludiendo a las ocho tarjetas ovaladas “con muy buenos bajorrelieves con pasajes de la Pasión de Jesús” , ya que en aquel momento no se había  vendido todavía los relieves citados.
En el año 1861 se restauró el paso, posiblemente aquí se eliminaron los repintes a los que aludía González de león, conociendo las andas otras intervenciones posteriores entre los años 1882 y 1885. De hecho, se anotan en estos años numerosos apuntes de gastos destinados “a la obra del paso”. Según Roda Peña la reparación y mejora del canasto debió realizarse en el taller de José de la Peña y Ojeda, siendo tallados sus nuevos respiraderos por Antonio Cruz Gómez, que cobró 650 reales. En este momento se añadieron ocho candelabros de guardabrisas tallados por Antonio Domínguez Vaquero, que también talló las esquinas de la canastilla, insertándoles tarjas con escudos. En este momento también se perdieron las dos cartelas que fueron vendidas, desgraciadamente, a un anticuario, desconociéndose cuáles serían sus motivos representados. Fue Manuel Gutiérrez Cano el encargado de restaurar los ángeles, relieves y escudos del conjunto. El paso se doró de nuevo en el taller de Julio Rossy, que acabó de cobrar los 13.000 reales de esta actuación en el año 1890.

El paso de misterio de la Mortaja en una antigua tarjeta postal



Una nueva intervención llegó en el año 1929, cuando se tallaron las esquinas de los respiraderos a juego con las del canasto, eliminándose las pilastras que tenían anteriormente. En ese año de reinvención costumbrista de la estética de la Semana Santa también se le añadieron las cuatro maniguetas y se estrenaron unos faldones de terciopelo negro con galones de oro, dorándose de nuevo todo el conjunto. Entre los años 1980 y 1981 todavía habría una nueva intervención en el dorado del paso a cargo de Francisco Bailac y de Manuel Calvo Camacho.
Las andas del misterio de la Mortaja se completan con cuatro ángeles mancebos en sus esquinas de una notable calidad, tallas elegantes y dinámicas en cuyos ropajes se puede observar un recuerdo de piezas similares de Luisa Roldán o del taller de Pedro Roldán, un ejemplo más de la larga pervivencia de sus formas en la escultura de siglo XVIII. Por su calidad se han atribuido a la posible mano de un joven Pedro Duque Cornejo, el nieto continuador del taller de Roldán, un conjunto, junto a los ángeles querubines que aparecen a los pies de los candelabros laterales, que recuperó su esplendor con la restauración de Juan Manuel Miñarro en el año 1993.
Un conjunto único en Sevilla: es el único ejemplar conservado casi en su integridad desde el siglo XVIII. Más de tres siglos haciendo único un misterio que es único.
Misterio de la Mortaja en su salida / VANESSA GÓMEZ
Misterio de la Mortaja en su salida en la tarde del Viernes Santo / VANESSA GÓMEZ

abc

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