Del olvido al resplandor de Montserrat de Sevilla

Pues sí. Es difícil empezar a leer este artículo sin observar durante unos segundos esta exuberante instantánea del misterio de la Conversión del Buen Ladrón. La imagen presenta el paso de misterio con una riqueza exquisita, muy similar a la que presenta en nuestros días. Como el lector puede imaginar, la fotografía esconde una historia tras de sí. Es Viernes Santo de 1900 y los hermanos de Montserrat saben que han dejado atrás el siglo más importante de su historia.




Los años previos al siglo XIX la vida de esta hermandad era casi inexistente. En 1761 sufrió un fuerte revés cuando el gremio de mercaderes de lienzos – la última agrupación que entró a formar parte de la nómina de esta cofradía – se subrogó en la propiedad de la Capilla, las Imágenes y enseres de la Cofradía; manteniendo sólo los cultos internos. Así numerosos enseres pasaron a formar parte de la Hermandad del Valle como el paso del Señor, obra de Martínez Montañés, así como varas e insignias.

Pocas noticias nos llegan sobre la cofradía de Montserrat en la primera mitad del siglo XIX hasta 1849. En la Semana Santa de aquel año varios jóvenes devotos pretendieron restablecer la Hermandad para restablecer el culto a sus Imágenes, considerando que la corporación no estaba canónicamente extinguida. No obstante tuvieron un obstáculo en la reorganización de la cofradía, el cual tenía el nombre del gremio de los mercaderes de lienzos. Estos mismos que subrogaron las propiedades casi un siglo antes, se opusieron a estos jóvenes y pleitearon con la hermandad por la propiedad de la Capilla y las Imágenes ante la Jurisdicción Civil. Sin embargo, el pleito fue ganado por la Hermandad en 1850 y con ello se aprobaron las nuevas Reglas.



La nueva junta encargada de la Hermandad con la idea de recuperar el auge perdido, buscaron patrocinio en la burguesía local que se extendía en la pequeña Corte de los Montpensier en Sevilla. Esta ayuda se vio manifestada inmediatamente siendo nombrados Hermanos Mayores Perpetuos Antonio María de Orleáns y Luisa Fernanda de Borbón, Duques de Montpensier. Asimismo la Reina María Amelia, madre del Duque de Montpensier, sirvió como Protectora de la Cofradía y Camarera de la Santísima Virgen.

La primera que vez que Montserrat vuelve a procesionar en este siglo es el Viernes Santo de 1851. La cofradía realizó estación de penitencia a la Catedral con nuevos pasos, un cortejo de 150 hermanos – una cifra elevada para la época – y con la representación de los Duques de Montpensier.



Los años posteriores al renacer de esta cofradía están marcados con la adquisición de un patrimonio de gran valor y la distinción de su idiosincrasia romántica. Son las décadas que marcaron el camino de la Hermandad de Montserrat tal y como hoy la conocemos. El cortejo incorporó nuevos acompañamientos, uno desapareció como el cuerpo de soldados romanos, y otros que aún siguen procesionando cada Viernes Santo como es la representación simbólica de la Virtud Teologal de la Fe encarnada por una joven y de la Santa Mujer Verónica. Incluso llegó a sacar tres pasos a la calle desde 1960. El primero y desaparecido de ellos era de carácter alegórico y representaba a San Isaías escribiendo su profecía.

El siglo que vio resurgir a esta hermandad terminó con una Semana Santa protagonizada por un grave incidente en esta cofradía. El paso de palio ardió tras la caída de uno de los cirios en la calle Murillo. Los daños no pasaron más allá del manto que tuvo que ser rehecho con los bordados que pudieron rescatar, mientras la Dolorosa que no sufrió graves desperfectos fue restaurada por Gutiérrez Cano. Así acabó el siglo XIX, una centuria que contempló como Montserrat pasó del olvido a ser una de las hermandades más fuertes de la Semana Santa Hispalense.

gentedepaz

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