Otro Murillo perdido

Jesús Niño duerme sobre la cruz entre emblemas de la muerte o atributos de la futura pasión. La prefiguración de la Muerte y la Pasión, tema de gran acogida en la estética barroca, fue representada en diversas ocasiones por Bartolomé Esteban Murillo. Una de esas versiones, de autoría indiscutible, ha sido subastada recientemente por la casa Sotheby´s, en un ambiente de general valoración del pintor sevillano en el año de la celebración de su centenario: partía en un precio de salida de 200.000 libras y acabó siendo adjudicada en 500.000 libras.



La obra presenta un historial documentado y unas características técnicas que no dejan lugar a dudas sobre su autoría. Fue propiedad de Luis de Borbón, el hermano rebelde del Rey Carlos III, aquel que abandonó una forzada carrera religiosa y que mantuvo un duelo de poder en la familia, además de diversos asuntos amorosos que dieron como resultado la aparición de varios hijos ilegítimos atribuidos a un gran mecenas de las artes, padrino de figuras como Francisco de Goya o Luis Paret. El lienzo de Murillo estuvo en la colección del díscolo Borbón de su palacio de Boadilla del Monte, apareciendo en los inventarios de 1776 y 1780. De allí pasó a la colección de su hija, María Luisa de Borbón y Vallabriga, duquesa de San Fernando (1783-1846), apareciendo en el inventario de 1796. Fue vendido con posterioridad a Don José de Salamanca y Mayol, Marqués de Salamanca, primer conde de Llanos (1811–83), que llegó a atesorar numerosas obras internacionales de arte en su colección. La obra abandonó el país en 1845, cuando pasó a la colección de Année Clarke-Jervoise, esposa de John Abel Smith, MP (1799–1858) pasando a Dale Park, Sussex. Por descendencia familiar pasaría al teniente coronel Osbert Walter Dudley Smith (1898–1973), en Levant, Worcestershire, penúltimo eslabón para llegar a los propietarios que lo han sacado a subasta a través de Sotheby´s.


Unánimemente reconocido, desde los libros de Antonio Ponz hasta los catálogos de los especialistas en Murillo como Diego Angulo Iñiguez o Enrique Valdivieso, es una pieza de pequeño tamaño, 46,7 x 61,5 cm, con una notables calidades técnicas y compositivas. Sobre un potente fondo rojo, el Niño Jesús aparece dormido sobre un elemento horizontal, con la única presencia de una cruz plana y cepillada a su espalda, elemento alusivo a la pasión que contrasta con el gesto amable del Niño.





Como modelo de perfección para todos los demás niños, el Niño Jesús se retrata perennemente como un ejemplo de santidad, virtud y amor. El lienzo sigue una tendencia habitual en las pinturas de Murillo sobre la infancia, su función de despertar fuertes sentimientos devocionales de acuerdo con las enseñanzas de Cristo sobre la fe inocente de los niños: “De cierto os digo que, si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos”. (Mateo 18: 3).

Un tema que no aparece como tal en los Evangelios y que hunde sus raíces estéticas en los escritos apócrifos y en la interpretación del propio pintor, lo que exigía el añadido de un punto de decoro en contraste con las habituales representaciones murillescas de niños en escenas de género. Jesús Niño se nos muestra idealizado, con suaves rizos dorados y una piel rosada y formas regordetas bañadas en una luz brillante. Ello no impide la habitual concepción de un naturalismo cercano que provoca una respuesta inmediata del espectador. Un Niño profundamente dormido, de expresión tranquila o inconsciente, o de aceptación pacífica de su futuro sacrificio. Al retratar a Cristo como un niño dormido, el artista lo vuelve vulnerable y humano, una combinación que logra describir una noción teológica compleja que apela directamente a las emociones humanas. De cabellos dorados, con mejillas sonrosadas, con un leve halo sobre su cabeza indicando su condición divina y en una sencilla composición diagonal que tuvo numerosas interpretaciones y versiones por otros artistas de su tiempo, el lienzo subastado muestra una temática que Murillo trató en otras varias ocasiones, en pinturas de dimensiones superiores, aunque con el mismo formato.

La versión del Museo del Prado también representa al Niño descansando sobre una cruz con el añadido de una calavera, símbolo de la muerte, bajo su mano. Otra versión es la conservada en Lutton dentro de la colección de Sir Harold Augustus Wernhe, en una composición que incluye la presencia de dos ángeles.

Versión del tema en un dibujo de la escuela madrileña, siglo XVII

De nuevo la particular y cercana visión de Bartolomé Esteban Murillo sobre el tema de la infancia, que le fuera tan cercano por su amplia prole familiar, posiblemente presentada en muchos de estos lienzos, en rostros que se repiten a los pies de la Inmaculada o junto a santos, en escenas callejeras o en composiciones que reflejan las dificultades de la vida callejera en la Sevilla del siglo XVII. Murillo en su año, cuatro siglos después, tan cercano como en el tiempo del Barroco… Muchas de sus grandes obras se siguen perdiendo de la ciudad que lo vio nacer.

abc

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