La Virgen del Voto protagoniza en El Salvador un besamanos extraordinario único en la historia

Con motivo del centenario de la fusión de las Hermandades de Pasión y la Sacramental del Salvador, que la corporación del Salvador está conmemorando en este 2018, la Inmaculada Virgen del Voto estará expuesta con motivo de la festividad de la Purísima en solemne besamanos extraordinario en la Capilla Sacramental del Salvador.

Posiblemente, será la primera y única vez en la historia que la imagen se exponga a la veneración en besamanos, puesto que no existe constancia documental de que haya recibido hasta ahora este culto.

El besamanos tendrá lugar durante la tarde de mañana viernes, de 18 a 20 horas. El sábado, solemnidad de la Inmaculada, el besamanos será de 11 a 14 horas y de 17 a 21 horas.




La Virgen del Voto

La devoción y el culto continuado a la Concepción sin Mancha de María en el seno de la Hermandad Sacramental del Salvador se remonta a los años fundacionales de la citada corporación eucarística. De hecho, en su primitiva Regla aprobada el 2 de junio de 1543 por Juan Fernández, Provisor y Vicario General de Sevilla y su Arzobispado, se consagra todo el capítulo treinta y ocho a tratar de la fiesta de Nuestra Señora de la Concepción.



Allí se expresa cómo con anterioridad a la citada erección canónica ya existía un buen número de hermanos que consagraban todos los miércoles del año una Misa cantada en honor “de la Limpia Concepción de Nuestra Señora en el altar donde está la ymagen”, habiéndola dotado con munificencia hasta entonces. A estas celebraciones semanales pronto se unieron otras de carácter anual, coincidiendo con la festividad de la Concepción. Ello pudo llevarse a efecto gracias a las dotaciones y mandas testamentarias que, con dicho objeto, y desde fines del siglo XVI, instituyeron cofrades y devotos en favor de la Hermandad.

Un verdadero hito en la historia inmaculista de esta Archicofradía Sacramental lo constituye sin duda el voto o juramento público que sus miembros pronunciaron el 1 de junio de 1653, Pascua de Pentecostés, en defensa del misterio concepcionista. Este juramento, del cual nos queda testimonio impreso, se hizo para “sentir, afirmar, publicar y defender, en quanto alcançare nuestra capacidad, y sabiduría, que la siempre Virgen María, Nuestra Señora Madre del hijo de Dios, en el instante primero de su generación natural, fue concebida, limpia, y sin mancha de pecado, que fue privilegiada, libre, y exempta de la culpa original, por los méritos, passión y muerte de su santíssmio Hijo, Iesuchristo, Nuestro Señor…”.

No se trata, por tanto, de un voto de sangre como el que 38 años antes había proclamado la Primitiva Hermandad de los Nazarenos de Sevilla (vulgo “El Silencio”), en el que se juraba dar la vida si ello fuere preciso por defender esta misma creencia. Lo que sí se afirma, en cambio, es el carácter vinculante de dicha promesa, de tal manera que ningún individuo podría ingresar en las filas de la corporación “de aquí adelante para siempre jamás… sin que el mismo día que aya de ser admitido en ella, haga el mismo voto, y juramento”.

Asimismo, y quizás sea ésta la decisión más trascendental, se estableció el rememorar anualmente este piadoso acto con una fiesta consagrada a la Purísima, “que sea memoria de los venideros, deste nuestro Iuramento y público testimonio de el voto que a su limpieza original oy le consagramos”, que rápidamente se convirtió en la principal de la Hermandad, acaeciendo regularmente el segundo día de Pascua de Pentecostés.

Al calor de este renovado fervor concepcionista, la Cofradía del Santísimo Sacramento decidió adquirir en 1654 una efigie mariana, a la que desde finales del siglo XVII otorgaron el título del Voto, pagándose por su hechura 300 reales a un escultor cuya identidad desconocemos. La efigie de Nuestra Señora del Voto es una imagen de candelero para vestir de tamaño natural (1.57 ms.), erguida y concebida para procesionar.

Toda la talla, en madera policromada, queda imbuida de una severa majestad, resaltada por su marcada actitud hierática y acusada frontalidad. El óvalo craneano presenta los mechones del cabello ligeramente señalados partiendo de una raya central, pues la cabeza está pensada para lucir cabellos naturales. Las orejas acusan un intenso naturalismo, quedando horadadas por sendos pendientes. El rostro de la Virgen, con la mirada ligeramente entornada y los labios cerrados, se presenta como ensimismado en los pensamientos que le produce la lectura del libro devocional que porta entre sus manos.

Las manos, de estilizados dedos con ligera inflexión de sus falanges, están pensadas para que porten el libro de las Horas Canónicas, que constituye el atributo más singular de esta imagen. Desde el punto de vista iconográfico, la imagen no presenta todos los atributos que antaño insistían en su talante concepcionista, caso de la desaparecida ráfaga de plata con pedrería de Ginebra, labrada en 1694, o de la argéntea luna, también perdida, que se situaba a sus pies. Entre las restauraciones que ha sufrido la imagen, destacamos las realizadas en 1903 y 1905 por Manuel Gutiérrez Reyes.

A pesar de haber ocupado desde siempre un lugar preferente en el interior de la Capilla Sacramental, la imagen de Nuestra Señora del Voto se sitúa desde hace unas décadas, por imperativos litúrgicos, en la embocadura de dicho recinto, venerándose en el lado del Evangelio del colosal retablo-portada ensamblado por el portugués Cayetano de Acosta entre 1756 y 1760. Además de los cultos de Pentecostés, la efigie mariana preside el altar que todos los años instala la Hermandad Sacramental de Pasión en la puerta principal del templo parroquial, al paso de la procesión del Corpus Christi.

GentedePaz

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