Un Cristo contra la violencia de género… y por la misericordia



Muchas de las imágenes que hoy aúnan las devociones guardan historias dentro de ellas. Pasajes de todo tipo. La que les puede contar Pasión en Sevilla es un historia de dolor, de maltrato, de amor, de arrepentimiento y de dudas, muchas dudas. Una historia de introspección y misericordia.

Un Cristo contra la violencia de género… y por la misericordia


El imaginero moronense Manuel Martín Nieto ha llevado a cabo esculturas de todo tipo pero, probablemente, la nueva talla del crucificado de la Misericordia guarda tras de sí varios sentimientos encontrados.

Esta imagen es el resultado del encargo de un particular. «Este Cristo nace porque hace un par de años me escribe un sevillano, vía email, que vivía fuera de España. Él me cuenta su historia personal y me asegura que ha sentido una conversión fuerte y que siente la misericordia del Señor. A través de la imagen, esta persona quería agradecerle al Cristo lo que ha hecho por él y desea que la gente sienta lo que él sintió», relataba Manuel Martín Nieto.





Hasta ahí todo parece ser normal. Sin embargo, queriendo saber el porqué de esta petición, Pasión en Sevilla se pone en contacto con Juan, el propietario del Cristo de la Misericordia, al que se le pregunta qué ocurrió para que sintiera esa llamada. Esta es la respuesta sorprendió al que escribe por la claridad y sinceridad de las palabras: «Me casé hace nueve años. Mi esposa es extranjera y hemos vivido aquí y en su país natal. Tuvimos problemas en el matrimonio. Hubo malos tratos por mi parte, físicos y verbales y desde hace dos años estamos separados. Inconscientemente repites cosas que has visto. Reconozco el daño que he hecho y eso no lo puedo cambiar, solo puedo cambiar el presente y el futuro. Ahora estoy mejorando, he cambiado cosas pero tengo que seguir. La violencia no es más un camino para mí. Con el Cristo quería dar gracias a Dios por permitirme cambiar y por transmitir la misericordia que el Señor ha tenido con nosotros, y en la medida de lo posible inspirar a otras personas», respondía Juan a Pasión en Sevilla.

Ante tal respuesta resulta complicado evadir la historia. Con total libertad, Juan continuó hablando y explicándose: «No soy una persona de este mundo cofrade. Hace dos años vi las obras de algunos artistas y me decanté por Manuel porque algo me gustó. Hace dos años se celebraba el Año Jubilar de la Misericordia, y por ello la advocación. La misericordia la necesita el que menos la merece y a veces somos más reacios a dar eso. Antes de todo, era una persona creyente, practicante pero no perfecto. Durante estos años he intentado reconducir mi vida. Mantengo el contacto con mi esposa, ahora en la distancia. Tengo que seguir mejorando y estoy trabajando para ello».

El relato es duro y sincero. No hay necesidad de explicar tantos detalles. Juan se equivocó, obró mal y lo reconoce. Sin embargo, para atender a estas palabras es necesario escuchar a la otra parte.

La tecnología permite a este redactor ponerse en contacto con su esposa, Emma, para mantener una vídeollamada relativamente fluida desde su país. Ella se muestra atenta y responde a todas las preguntas. En muchas toma aire, mira a la cámara y contesta reflexionando muy bien lo que dice: «El matrimonio es complicado. Es cierto que Juan ha cambiado cosas pero no es ésta la situación que me gustaría que fuera. Ahora mismo no es suficiente por eso yo estoy en mi país y él en España. Cuando los esposos discuten normalmente es porque se están haciendo daño, están rotos y tienen la necesidad de curarse. Mientras que la sociedad proporciona los medios necesarios para que estas personas se curen, la verdadera experiencia para sanarse está en Jesucristo», responde.

No obstante y tras reconocer que ha habido episodios de malos tratos, Emma asegura que también ha comprobado que su «marido ha tenido una conversión, lo sé honestamente. Lo único que quiero es que deje de cargar con la culpa porque está en el camino correcto. He visto el Cristo de la Misericordia y creo que es un buen mensaje. Yo ahora me siento más libre y he perdonado a mi marido. Realmente espero que la imagen dé esperanza a la gente. Mi esperanza es que las mujeres que estén en mi lugar tengan las fuerzas para vivir. Cristo está para ayudarlas. Todas las imágenes están hechas por una razón y con una historia detrás. Quería que se conociera y ayudar a otras personas», aseguraba emocionada.

Por el momento, esta pareja vive en la distancia y está buscando la manera de sentirse libre. Juan está encontrando la libertad arrepintiéndose de los actos del pasado, mientras que Emma siente la libertad perdonando.

En medio de esta historia de dolor, amor, valentía y honestidad, queda la imagen de Manuel Martín Nieto. El crucificado de la Misericordia todavía no tiene destino ni una sede prevista. No obstante, en su madera hay una carga sentimental merecedora de ser contada. Sus dos protagonistas esperan que el arrepentimiento, el cambio y el perdón contagien a todas aquellas personas que vean la imagen.

Fuente:  ABCSevilla

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