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La Estrella, por la ribera del río en Sevilla

El puente de Isabel II, puente de Triana sobre el Guadalquivir, el río que por uno y por otro costao tiene las mejores orillas del mundo como canta la copla de García Barbeito, tuvo un «padre»: el puente de los Santos Padres, puente del Carrousel sobre las aguas parisinas del Sena, cuyas airosas trazas quisieron hacerse sevillanas para que por aquí pasara una Reina que no llevaba corona y tampoco peina, pero sí un mantón de Manila que le arrastraba. París demolió su puente y pudo correr la misma (y triste) suerte su «hijo» trianero, cuya romántica estampa con fondo elegante de sevillanas de Rafael de León y Manuel Clavero, y toná de Manolo Pareja-Obregón, perdura por fortuna, por más que por Chapina ya la hayan afeado irremisiblemente unos cielos perdidos.


La Estrella, por la ribera del río en Sevilla

Triana, anclada en ella la Esperanza por Pureza y Castilla, y abarloado el barquito de la fe junto a su Puerto Camaronero para que unos careneros lo hicieran suyo para siempre, se quedó sin ver cofradías por su puente durante tres años, desde 1975 hasta 1977, por necesarias obras de reparación. No vio cofradías Triana, ni tampoco las vieron sus dos santas alfareras, Justa y Rufina, las eternas protectoras de la Giralda y copatronas, para que no pudieran hablar del Cachorro reflejado en la quieta lámina del río ni ponderar que nunca vieron un semblante agonizando como el de ese Cristo, o para que el señor San Isidoro recordara a cada hermana que no hay cara tan bella como la de la Virgen de la Estrella, que hace llorar a la Campana cuando ya se vuelve para Triana.
El palio de la Estrella —foto de portada del Martes Santo de 1975— y el misterio del Señor de las Penas buscan Chapina para ir a la Campana. El puente estaba cortado por obras de reparación. No lo volvieron a cruzar hasta 1978.








Fuente: ABC

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