La Esperanza de Triana congrega a 285.000 personas en una procesión histórica



Una pareja de ancianos se encarama a la ventana cerrada de su casa frente a la antigua cárcel del Pópulo. Tienen puesto sobre el cristal un cuadro del Cachorro, con una foto muy antigua en blanco y negro. En ese momento, suena «Soleá dame la mano», que es como una lanzada de la memoria, y en los ojos de ambos no paran de brotar lágrimas. Un rato antes, en la Avenida, un macereno de cirio verde se desmorona cuando le están tocando el trío de «Pasa la Macarena» a la Virgen a la que nunca ve. Así es la Esperanza, la que une las dos orillas, la que es capaz de adelantar el tiempo, la que reúne 285.000 devotos.



Ayer, esa Esperanza por la que llevan seis siglos suspirando los trianeros, se desbordó como el Río Grande por toda la ciudad. Según los cálculos oficiales del Cecop, la cantidad de público que acudió a encontrarse con la Virgen en su regreso de la Catedral a Triana fue incluso superior a la ya de por sí histórica procesión del pasado jueves. Hasta trescientos autobuses llegaron desde distintos puntos de España y los hoteles rozaban el lleno. En los bares de todo el Centro era imposible ayer encontrar un hueco y en los aparcamientos del casco histórico se formaron inmensas colas de coches hasta bien entrada la noche.

Cuando a las cuatro de la tarde la cruz de guía salió por la puerta de San Miguel, no cabía un alma en la Avenida, desde más allá del Archivo de Indias hasta casi el edificio de Filella. En ese momento, el paso se levantaba a pulso en el Altar del Jubileo, bajaba la rampa y visitaba a la Virgen de los Reyes. Pasó por la tumba de Colón, el hombre que plantó por primera vez una cruz en América y que pudo haber rezado ante aquella tabla pintada en Santa Ana, que representaba a una Virgen embarazada, y a la que le daban culto ya los ceramistas del barrio, cuando todavía la Tierra era plana. En aquellos tiempos ya existía la Esperanza.

Salía el palio por la puerta del Nacimiento y sonaba la marcha de la coronación. Emprendía el camino a los sones de «Madre marinera» y, justo después, la música que Gámez Laserna compuso para la Macarena, un momento para el recuerdo y que hizo enmudecer al público.




Sin duda será uno de los momentos del día. La Esperanza de Triana con “Pasa la Virgen Macarena”. Ha pasado en la Avenida de la Constitución #ETrianaPS #1418Esperanza2018

Pasaba por García de Vinuesa y la Puerta del Arenal. En la entrada hacia Adriano, el Cecop había dispuesto un dispositivo para despejar la delantera del paso. Sin duda, las vallas ayudaron de forma eficaz a que pudiera avanzar en un punto de máxima concentración de público, que sirvió como prueba piloto para la próxima Semana Santa, aunque quizá fue algo exagerado el espacio acotado.

En el Baratillo, la Piedad y la Caridad esperaban a los pies del presbiterio. La puerta de la capilla era un jardín vertical en el que aparecía escrito «Spes nostra». El saludo simbolizó el acto de hermanamiento entre ambas cofradías sellado días atrás. «Campanilleros», y levantá «a la música» con el cascabeleo. Caía el sol por el Aljarafe cuando llegaba a la esquina con Pastor y Landero, donde le cantó el coro.

La noche de la Esperanza

Antes de llegar al Pópulo, justo después de que la música de Font de Anta retrotajera a aquellas antiguas saetas carceleras, hubo otro gesto con la Macarena: «Como tú ninguna». Las mayores aglomeraciones llegaron a partir de Reyes Católicos. Cuando la Virgen se puso de cara al puente, con «Triana de Esperanza», eran las siete y media de la tarde. El reloj estaba en hora. La hermandad se afanó en cumplir estrictamente lo estipulado y, un cuarto de hora antes de las nueve, la Esperanza posaba sus zancos en Triana.

El recorrido por el arrabal fue apoteósico. Al llegar al Altozano, la Virgen dio un giro de 360 grados para despedirse de Sevilla. Otra levantá «a la música» con Campanilleros, tras la cuál sonó «Esperanza de Triana coronada» y, sin solución de continuidad, «Encarnación coronada». Fue una explosión de júbilo, que se prolongó por la calle San Jacinto.

Allí, de nuevo un cordón policial sacó la bulla que llevaba delante el paso hacia la calle Castilla. En San Jacinto, una gran pancarta dictaba sentencia: «Desbordada Triana, hasta aquí llegó la Esperanza». El barrio dio la bienvenida a la Virgen con fuegos artificiales.

El palio giró en redondo hacia Rodrigo de Triana y había público hasta Pagés del Corro. Quedaba por delante el paso por la Triana más profunda. El reencuentro con sus vecinos, aquellos que heredaron la devoción de los antepasados, que crearon hace 600 años una hermandad que hoy es un auténtico fenómeno de su propio pueblo, de toda la ciudad, la provincia y más allá de las fronteras de Sevilla.

El palio entró en la capilla a la 1.03 de la mañana, media hora antes de lo fijado. Desde que llegó a Rodrigo de Triana buscando las estrecheces casi se hizo imposible verla por el gentío que había congregado allí desde horas antes. Además, la Policía cortó los accesos a la calle Pureza, para garantizar las vías de evacuación, a lo que se le sumó que la Virgen entró con cierto adelanto. Tanta era la cantidad de público que, en Pureza, había personas que tuvieron que conformarse con verla desde cerca de la calle Troya, a más de cien metros del paso.

La Esperanza de Triana dio ayer, y el pasado jueves, un aldabonazo de fe y religiosidad popular. Fue tan necesaria su presencia en las calles que en ambas procesiones se congregaron medio millón de fieles. Una revolución que marca un antes y un después en la historia de las cofradías de Sevilla.

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