¿Del siglo XVII?

Las dos instantáneas que hoy se echan a la calle en este itinerario cuaresmal que hospeda la memoria, pero que a la vez traslada la nostalgia hacia un tiempo ido, constituyen testimonios abiertos de una Sevilla que permanece inalterable en su esencia y una Sevilla, ¡ay, dolor!, que vio afeado inmisericordemente su pomo de aroma.

Tarde de Lunes Santo de antaño. Sale la cofradía. Cruces de ruán franquean el breve atrio de San Andrés entre el seco y lúgubre tañido de campanas que doblan. Testigos son unas monjitas, tal vez Siervas de María, en un balcón de privilegio, hermosísimo rincón de una casa que hoy es sede administrativa. En su tránsito silente, voz queda del capataz, el cortejo pasa por un lugar ahora casi irreconocible. En la plaza del Duque se perfila al fondo un palacio del siglo XVI, derruido por una asoladora vesania, unas piedras perdidas en desaforado dislate.




Velázquez, desde su pedestal, tiene ante sí un conmovedor grupo escultórico que pide pinceles. La sombra de Miguel Mañara revolotea por la plaza. Cofradía de Santa Marta. ¿Del siglo XVII? No, del XX. «Charitas Christi urget nos.» Ayer, hoy y siempre.




stación de penitencia por las cofradías malagueñas en la Catedral

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