El Cristo de la Confianza saldrá a la calle de Córdoba el próximo mes de marzo



En Sevilla, reunidos de una parte, Don Alfonso Carrillo Aguilar, Párroco de San Alberto Magno, de Córdoba, y de otro Don Antonio Castillo Lastrucci, escultor, domiciliado en la Calle de San Vicente 52, convienen lo siguiente:



Don Alfonso Carrillo Aguilar, encarga al Sr. Castillo Lastrucci, un Cristo tallado en madera y policromado, de las mismas medidas, estilo y calidad que el que hizo, el Sr. Catillo, para la Iglesia de San Hipólito de Córdoba “Cristo de la Buena Muerte”, con la única diferencia de que este llevará corona, según modelo presentado en mi visita y alguna variación en el sudario que lo distinga del de la “Buena Muerte”.

El precio convenido es de veinte y siete mil pesetas (27.000 pts), pagaderas en tres plazos de nueve mil pesetas, cada uno, del modo siguiente: El primer plazo en el momento de la firma de este documento. El segundo plazo, cuando el Sr. Castillo Lastrucci avise al contratante de que el Cristo está terminado en madera para que pueda verlo en tal estado y el tercero a la entrega del citado Cristo en la Parroquia de San Alberto Magno de Córdoba, cuyo acto tendrá lugar el día treinta de abril del próximo año mil novecientos sesenta y uno.

Y para que conste firmamos el presente contrato, por duplicado, y a un sólo efecto el veinte y ocho de abril de mil novecientos sesenta.

Mediante el contrato que acabamos de reproducir quedaba sellado el compromiso que facilitaría que las manos del insigne Castillo Lastrucci diesen forma, una vez más, a una auténtica joya de la imaginería destinada a Córdoba y, más concretamente, al popular barrio de Ciudad Jardín, donde comenzaba a erigirse, tan solo unos años atrás (en 1957), la Parroquia de la Inmaculada Concepción y San Alberto Magno.





Así pues, el entonces párroco del discreto templo, Alfonso Carrillo Aguilar, encargaba al célebre imaginero la talla del magnífico crucificado en la antedicha fecha del 28 de abril de 1960, poniendo por condición la evidente similitud entre la nueva talla y la del Santísimo Cristo de la Buena Muerte de la hermandad del mismo nombre, este realizado en 1945.

La advocación del crucificado de nueva factura nacería de una conversación entre Carrillo Aguilar y una feligresa que, durante dicha charla, mencionó que, a pesar de la devoción que esta suscitaba en otros lugares, no existía aún en la ciudad califal.

– Padre, tengo una promesa que no puedo cumplir, porque no puedo ir a mi tierra donde debería hacerlo. No encuentro por estas tierras al Cristo a quien se la debo.

– Dígame qué Cristo es, por si puedo orientarla.

– Al Santísimo Cristo de la Confianza, pero, ¿existe este Cristo en alguna parte? En mi tierra se le tiene mucha devoción y aquí no encuentro este título.



Descubierta esta denominación, la propia capilla del Santísimo Cristo de la Confianza serviría para reafirmarse en esta determinación a través del siguiente fragmento extraído del Evangelio: Todo lo que pidas al Padre en mi nombre se te concederá. Ten confianza en mí.

Al igual que ocurriese con el Santísimo Cristo de la Buena Muerte, Lastrucci volvía a aprovechar la oportunidad que Córdoba le brindaba para plasmar en el Cristo de la Confianza su perfecto conocimiento de la anatomía, dando lugar a un fantástico crucificado totalmente desplomado en la cruz, elegante, sencillo, esbelto y sin artificios.

Lo cierto es que, desde que Antonio Castillo Lastrucci estableciese su taller en la Calle San Vicente allá por el año de 1923, el artista se convirtió en el centro de atención del mundo de la imaginería, congregando un cuantioso número de encargos que se sucedían, mayoritariamente, en el territorio andaluz, lo que forzaría a la creación de un grupo de discípulos del hispalense, dispuestos a trabajar de conformidad con las pautas del propio Lastrucci.

Sin embargo, Córdoba no se caracterizaría por las solicitudes realizadas al escultor que, no obstante, dio lugar a la siguiente relación: una dolorosa encargada por un particular en 1943; los titulares – dolorosa y crucificado – para la Hermandad de la Buena Muerte, ambas realizadas en 1944 y 1945 respectivamente; un Sagrado Corazón ejecutado para un particular, también en 1945; un crucificado de pequeño tamaño solicitado por un particular en 1947; seis candelabros tallados en 1949 para un particular; un paso pedido por la Asociación del Sagrado Corazón en 1952 y, finalmente; el Santísimo Cristo de la Confianza, en 1960.

Fiel a sus cánones, el imaginero sevillano dejaba una vez más esa serie de rasgos comunes en sus obras cristíferas de notable influencia montañesina: el pelo dividido por la característica raya central, la nariz afilada, la mirada baja, el ceño fruncido, la barba bífida y boca entreabierta.





Tan solo hace falta detenerse a contemplar al Santísimo Cristo unos instantes para comprender las sensaciones que han embargado a cuantos han acudido a Él a lo largo del tiempo. Las mismas que les hicieron desear ser los promotores de una hermosa iniciativa que culminase con la creación de una hermandad constituida en torno al Cristo de la Confianza. Por desgracia, esos intentos quedaron frustrados – siendo el último de estos la disolución de la Congregación de fieles del Cristo de la Confianza en octubre del año 2015 – hasta que, de nuevo y para contento colectivo, volvía a saltar la noticia, a comienzos de 2017, del surgimiento de un nuevo grupo parroquial que hizo soñar a Ciudad Jardín con el nacimiento de su propia cofradía de la mano del maravilloso crucificado. Un proyecto que terminó diluyéndose.

No obstante, dos años más tarde, la posibilidad de ver por las calles cordobesas al imponente crucificado se va a convertir en realidad, ya que presidirá un vía crucis por las calles de la feligresía el próximo sábado 23 de marzo, a partir de las 20:15, según han confirmado a este medio fuentes de la Parroquia de la Inmaculada Concepción y San Alberto Magno, en una jornada memorable que materializará los sueños de miles de cordobeses y por qué no, volver a soñar con una hermandad concebida a su alrededor.

gentedepaz



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