Los porqués del éxito de la Esperanza de Triana



A diferencia de otros barrios históricos de Sevilla que viven del recuerdo, Triana sigue conservando su esencia popular, una personalidad singular que se ve reflejada en una cofradía que ha sabido explotar la identidad del arrabal para imponer su propio sello. Un canon que se ha exportado incluso a otras ciudades y que, pese a los recelos que ha provocado entre los cofrades más puristas, no ha cambiado un ápice su exuberancia, incluso, lo ha aumentado como reivindicación. Y así, ha logrado que, a día de hoy, sea la hermandad con más impacto social y la segunda más numerosa en cuanto a la nómina de hermanos. Pero, ¿cuáles son las claves de este éxito?



El establishment cofradiero achaca habitualmente la fuerza de atracción de la Esperanza de Triana a la música y el andar costalero que, sin duda, han potenciado aún más ese imán con el pueblo. Sin embargo, de lo ocurrido el domingo 30 de septiembre con el traslado de la Virgen a la Fundación Carrere se pueden extraer dos conclusiones: se tumba cualquier otra hipótesis que se salga del mero carácter devocional que despiertan las imágenes y el sentimiento identitario que produce la hermandad más allá de las fronteras del barrio. La Virgen iba en unas sencillas andas, sin más música que los rezos de los fieles… y no cabía un alfiler. No fue tampoco lo extraordinario del rosario de la aurora, repetido hasta la saciedad en otras muchas cofradías, incluso en esta misma corporación cada Cuaresma. Pero, por otro lado, esa autorreafirmación de la propia identidad de la corporación puede caer en la impostura de parte del pueblo con gritos planificados y nada espontáneos.

Impacto mediático y social
Pocas instituciones en Sevilla despiertan el interés del gran público como la Esperanza de Triana. Cualquier noticia de la hermandad se convierte en lo más leído en Pasión en Sevilla y los vídeos en Youtube del misterio o el palio son los más vistos. En Twitter, el perfil de la hermandad es el que cuenta con más seguidores de entre todas las hermandades.

Siguiendo en términos cuantitativos, la Esperanza de Triana es la cuarta institución más numerosa de Sevilla y la segunda en la categoría de hermandades, por detrás de la Macarena. Con más de 13.000 hermanos, es una de las que más crecen, pese a que el gasto que supone para sus miembros sea superior al resto, tanto en el precio de la túnica como el de la propia cuota.





A la moda, a su moda
Esta hermandad ha sabido moverse a caballo entre las tendencias de cada época y su propia personalidad. Ha logrado lo que muchas no han conseguido. En términos de márketing, es un producto de moda pese a que conserva el sello identitario. No es un concepto caduco, siendo una hermandad histórica. Pero tampoco las modas le han arrebatado su singularidad.

Sin embargo, ¿es la hermandad la que se adapta a la moda o es la hermandad la que crea esa moda? La Esperanza de Triana ha desarrollado un canon. No por ser la primera, sino por hacer propia una estética. No es sólo el compás de ambos pasos, que nació quizá en el Tardón, con Juan Vizcaya. En la calle Pureza se consolidó con espontaneidad y ha logrado un impacto visual enorme, que provoca emoción. Esto mismo lo provoca la música, tanto en las Tres Caídas, con un estilo sinigual que ha calado hondo, como en las marchas dedicadas a la Virgen. En este último caso, no tanto por su calidad sino por su efectismo.

Estilo reivindicativo
El historiador del arte y artista Javier Sánchez de los Reyes, conocedor en profundidad de la realidad de esta corporación, considera que el auge histórico de la Esperanza de Triana viene de principios del siglo XX, cuando se reorganiza. «La cofradía acabó en la Madrugada, una jornada que nadie quería entonces. Y esto es trascendental. En la noche del Viernes Santo salía otra Esperanza, con mucho auge. Mientras que la Macarena aglutinaba a su barrio –hoy día es emblema de toda la ciudad-, la Esperanza de Triana antepuso como símbolo el suyo. Pronto, el barrio de Triana se identificó con una cofradía hasta ese momento humilde».

Para Sánchez de los Reyes, evolucionó tanto que, hoy en día, tiene ya un tirón devocional persé y la dualidad con la Macarena «está completamente salvada, ya no es un efecto motor para el esplendor de la cofradía, porque arraigó, maduró sola y se asentó». Este experto considera que «la Esperanza de Triana se hizo símbolo del barrio, comprendiéndolo y entendiéndolo como algo distinto a Sevilla, pero siendo de Sevilla». Así, mantuvo «unas señas de identidad y unas formas de entender propias dentro de la ciudad». Y, para más inri, «siempre ha gobernado el estamento popular, mientras que la Macarena, naciendo como hermandad popular, en la posguerra la coge el poder establecido, un estamento distinto».

La propia imagen de la Virgen refleja los gustos del pueblo. «Cuando sale ardiendo, se restauró, pero no cuajó. Llegó Ordóñez en pleno Regionalismo y la policromó como una mujer castiza andaluza. Le pone los ojos negros, cejas anchas… En esa Triana de toreros y cantaores, tan tópica, se eleva esa expresión castiza a la máxima potencia con la Virgen. Y, a partir de ahí, es el barrio el que transforma la imagen hasta convertirla en lo que quiere», explica Sánchez de los Reyes.

Desde un punto de vista devocional y artístico, la Esperanza de Triana es madre de un estilo iconográfico, creado por Morillo a mediados del siglo XX. Se asentó, precisamente, en una época –Concilio Vaticano II- en la que la Iglesia no reconocía las cualidades de la religiosidad popular, huía de ella. Fue como una especie de reivindicación de lo popular en plena crisis. Ese estilo se impuso y trascendió. Fue, aunque a menor escala, como la revolución que supuso en las primeras décadas del siglo XX el modelo de Rodríguez Ojeda.







Ruptura con el canon establecido
Esa reivindicación, el hecho de reincidir en su propia personalidad, «viene a partir del modelo aplastante de finales del XX y siglo XXI a raíz de las modas». Sánchez de los Reyes opina que «antiguamente era más diversa la Semana Santa y últimamente se ha uniformado, siguiendo los patrones marcados por dos cofradías: el Gran Poder en las serias y la Macarena en las alegres. Y es aquí donde la Esperanza de Triana se ha rebotado. Lo socialmente aceptado, bueno, válido, lo convencionalmente bello, estético y adecuado para el mundo cofrade crea un canon aplastante que sigue perdurando».

La Esperanza de Triana, «a fuerza de reafirmar su propio código de identificación frente a la censura, ante esas críticas feroces se hizo aún más rebelde. Y, cuando haces las cosas por rebote, no las mides. Eso le ha pasado a la cofradía, que en algún aspecto se le ha llegado a ir de las manos. Un ejemplo es su marcha más identificativa, vilipendiada por la crítica musical, pero que al pueblo le gusta», indica. Pone otro ejemplo: «La vuelta del aniversario de la coronación en 2009. El paso puede ir con su pueblo, pero con unas riendas…». Tanto es así, que la propia hermandad se marcó un reto este pasado día 1 de noviembre en la procesión extraordinaria de ida a la Catedral, que era cumplir estrictamente con los horarios, algo que consiguió pese a la enorme multitud que se congregó.





Supremacismo vs. autorreafirmación
Javier Sánchez de los Reyes, que es también asesor artístico de la corporación y hermano de siempre, cree que «el hecho de estar tan constantemente criticada en los cenáculos cofrades, ha hecho que ya no se asuma ninguna crítica como algo constructivo». Por ello, considera que «en las cofradías existe el supremacismo, y en esto la Esperanza de Triana es una gran víctima. Te puede gustar menos o más. Pero no es menos que nadie. Es como los andaluces, que nos toman como algo barato: podemos hablar de fútbol, pero de alta tecnología que no te vean hablando en andaluz».

Sánchez de los Reyes sentencia que «la cofradía no se siente querida ni valorada por la Sevilla cofrade, se siente aislada y hace lo que le da la gana». Por eso, apela a la «calma»: «Ni crítica hiperdestructiva ni el todo vale».

Y es, quizá por este motivo, en el contexto de «una Semana Santa actual tan uniformada, medida y fría, con poco sentimiento popular, cuando una hermandad como ésta, que busca el calor del pueblo, por lo que ha logrado el éxito actual. Se ha agarrado a esas madrugadas ochenteras y ha mantenido viva la esencia popular». El resultado está ahí: 260.000 personas viéndola en su camino a la Catedral por el sexto centenario.

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