Lucena ya venera a Santa Teresa de Calcuta, una magistral talla de Francisco Javier López del Espino

El Real Santuario de María Santísima de Araceli de la localidad cordobesa de Lucena ha acogido en la jornada de hoy, día 30 de septiembre, la misa de bendición de la escultura de Santa Teresa de Calcuta, realizada por el imaginero lucentino Francisco Javier López del Espino. La misa de inicio del curso cofrade organizada por la Agrupación de Cofradías ha estado presidida por David Aguilera Malagón y concelebrada por Fernando Cruz Conde y Suárez de Tangil, párroco del Salvador y Santo Domingo de Silos y canónigo arcediano ecónomo de la Santa Iglesia Catedral de Córdoba.

Tras casi dos años de trabajo y de un estudio meticuloso, estudiando a través de fotografías, noticias en prensa o cualquier imagen en movimiento de Santa Teresa, “nos presenta una obra cargada de emoción y cercana a las formas y modos de una de las mujeres más importantes de nuestro historia contemporánea”, afirma Eduardo González Cano, catedrático de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid. Además, resalta “el exquisito tratamiento de los pliegues del hábito, mostrando un constante movimiento de los ropajes”.

Con respecto al rostro, el escultor ha sido fiel a todas las características físicas de la santa, “dejándonos una imagen para culto llena de unción y en constante diálogo con sus devotos”. Además, afirma que López del Espino ha querido mostrar también la misericordia y compasión cristiana de la santa portando en sus brazos a un niño recostado en su pecho. Eduardo González añade que “Santa Teresa es real, está viva, llena de detalles y trabajada hasta el último detalle, pero se aleja del hiperrealismo y aporta su estilo propio a la escultura”.

Tras la bendición, Cruz Conde y Suárez de Tangil señalaba que “la Iglesia espera de nosotros que admirando el servicio de los que han seguido a Cristo con fidelidad andemos en busca de la ciudad futura y al mismo tiempo aprendamos cual es el camino para llegar a la plena unión en Cristo”. Además, recordó que Santa Teresa de Calcuta era una gran defensora de los niños, manifestándolo en la recogida del Premio Nobel de la Paz, donde indicó que “el mayor atentado a la paz era el aborto porque quien estaba llamada a amar estaba provocando la muerte, y pidió que todos los niños que no quisieran que se los dieron a ella”. Al respecto, Francisco Javier López del Espino explica que desde el primer momento “tuve claro que tenía que ser una imagen que transmitiera amor y humildad”.



Por otro lado, el hermano mayor de la Real Archicofradía de María Santísima de Araceli, Rafael Ramírez Luna, agradeció a Cruz Conde y Suárez de Tangil el hecho de traer una reliquia de la santa -un mechón de pelo-, que se ha depositado en una cruz que estará junto a la imagen para su veneración. Al concluir la eucaristía, se dio a besar las reliquias de Santa Teresa de Calcuta.

De este modo, a partir de ahora Santa Teresa de Calcuta recibirá culto en la Sierra de Aras, siendo una de las pocas esculturas de esta santa que tenemos en España. Esta nueva obra ha vuelto a evidenciar que nos hallamos ante uno de los artistas referencia del actual panorama de la imaginería contemporánea. Francisco Javier López del Espino domina las técnicas necesarias para la realización de imágenes sagradas, tanto el modelado en barro como la talla y la policromía al óleo. Su completo conocimiento de la anatomía humana y del estudio de proporciones le permiten esculpir imágenes religiosas de gran equilibrio visual y de altísima calidad, plasmando una excepcional capacidad expresiva en sus obras.

El autor

Nacido en el seno de una familia humilde y trabajadora, Francisco Javier López del Espino cursó estudios primarios en Lucena y su sensibilidad artística fue evidente desde pequeño, pues desde que tuvo uso de razón recuerda haber dibujado y pintado infinidad de imágenes, hasta que en la adolescencia empezó a sentir atracción hacia la escultura y en especial hacia la imaginería. A los 17 años, con la intención de empezar a formarse como imaginero, se trasladó a Córdoba para realizar los estudios de grado medio de talla artística en madera. Con posterioridad, inició los estudios de grado superior en escultura, a la vez que entró a trabajar con importantes imaginemos cordobeses. Para enriquecer su aprendizaje como imaginero, también trabajó durante dos años y medio en la escuela taller La Merced VI, encargada de reconstruir el retablo mayor de la Iglesia de la Merced de Córdoba, desarrollando su labor como oficial en el módulo de imaginería, ejerciendo labores de policromía, dorado y restauración.

Finalizado el periodo de estudio y aprendizaje, se trasladó a Lucena, donde abrió su propio taller en la calle Julio Romero de Torres nº 21. Enseguida comenzaron a llegar los encargos, destacando una escultura de San Juan Pablo II bendecida por el Papa Francisco en la Plaza de San Pedro de la Ciudad del Vaticano en febrero de 2014, que recibe culto en Lucena. Además, cuenta con obras en Sevilla, Almería, Conil (Cádiz), Córdoba, Tarancón (Cuenca) Ciempozuelos (Madrid), Ciudad Real, Elche (Alicante) Albacete, Malagón (Ciudad Real), Écija (Sevilla), Lucena (Córdoba) Huesca, Valencia, Porcuna (Jaén), Guadalajara, etc.

Afirma buscar como escultor es que sus imágenes transmitan un sentimiento determinado, igual que lo transmite una persona. Para ello, trata de imprimirles la divinidad que cualquier imagen religiosa debe tener, la tristeza, la belleza, el sufrimiento y el dolor, con la intención de que parezca que la imagen que estamos contemplando posea el mismo sentimiento que nosotros. “Para mí, como escultor-imaginero, desabrocharme el alma y volcar todos mis sentimientos sobre el barro o la madera resulta, aparte de algo indescriptible, una obligación”, afirma el escultor.





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