La historia tras el tocado que luce la Esperanza de Triana



La Esperanza de Triana ya luce en su paso de palio de cara a la salida extraordinaria que vivirá el próximo 1 de noviembre y que la llevará a la Catedral para celebrar el sexto centenario fundacional. La virgen luce el manto de los dragones del taller de Caro y la nueva réplica de la mítica saya de Juan Belmonte. Pero hay una pieza que, no por desapercibida, es menos fundamental en el atavío de la imagen: su tocado. Un elemento estudiado al milímetro y que tiene la característica de estar bordado.



El tocado que estrena la Esperanza de Triana en su salida extraordinaria, en proceso de bordado

Elaborado por el bordador Julián Torres Domínguez, «la pieza se compone de dos piezas: rostro y pecho». Para su confección se ha reutilizado un antiguo tejido de raso de seda «sobre el que ha dispuesto una rica decoración, empleando diferentes técnicas que están inspiradas en un paño de hombros del siglo XIX del que se ha copiado el diseño», comenta el historiador del arte Ignacio Sánchez Rico. Para el bordado, «se han utilizado calabrotes para las ramificaciones, lentejuelas entrelazadas con canutillos para formar las flores y salpicados de antiguos mingos de plata y espejuelos reaprovechados del referido paño».

Torres inició su aprendizaje en el taller de Caro, para continuar sus labores en Santa Bárbara y, actualmente, en bordados Santa Clara. La pieza ha sido regalada por las cuadrillas de costaleros del Cristo de las Tres Caídas y de la Virgen de la Esperanza.





El tocado que estrena la Esperanza de Triana en su salida extraordinaria

Recuperar del cajón
Trasladar la estampa antigua a la realidad ha sido desde hace años uno de los fundamentos del trabajo de todo un equipo de expertos que tiene a Javier Hernández Lucas como vestidor. Una estética recuperada en cada vestimenta y un sello propio que vuelve a lucir cada vez que la Esperanza de Triana sube a su paso.

En esta ocasión, una fotografía de los años sesenta ha servido como base para este resultado final, cuando Fernando Morillo era su vestidor. Elementos idénticos a los que hoy porta la imagen -saya original de Belmonte incluida- le dan más valor a la obra final.

Todos los elementos forman un conjunto definitivo con meses de trabajo a sus espaldas. Un resultado final que cobrará el sentido cuando, pasadas las 4 de la tarde del 1 de noviembre, el paso de palio salga a la calle.

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