La Carrera Oficial: De lo social a lo histórico (y IV)

Llegamos a este último artículo de la serie que hemos dedicado a la Carrera Oficial. Durante los tres artículos anteriores hemos visto los aspectos más importantes que afectan a la misma y como, en líneas generales, no parece que nos estemos adecuando a los tiempos. La Carrera Oficial necesita un cambio, y seguramente este cambio debiera ahora ser drástico por no haber sabido hacer pequeños cambios durante todos estos años. Cuando vas dejando las cosas o parcheando de manera débil los problemas que te surgen pasan estas cosas, lo que no eran más que pequeños inconvenientes se convierten en un gran problema. Y ahora si se quiere solucionar vamos a tener que cambiar más cosas de la que gran parte de la población acepta como algo normal.

Ya no caben más sillas, y si se siguen metiendo más será a costa de la seguridad de todos, tanto cortejo de las hermandades, clientes de sillas como público en general. De hecho, llevamos una década aproximadamente poniendo sillas y más sillas y torpedeando zonas de evacuación, sin que parezca que eso importe a nadie. Hoy en día que tanto se mira por la seguridad y donde el CECOP se atreve a dejar calles solas o vallas a varios metros, parece que el hacinamiento de sillas en zonas valladas es algo seguro. Esto es más grave sabiendo los precedentes que ha habido en alguna Madrugá, y como este tipo de hechos pueden ocurrir cualquier día de la jornada y con la misma o más intensidad.





No sólo por seguridad debería cambiarse el recorrido, también por una aspecto económico. Hay opciones que dan la posibilidad de meter más sillas, y por tanto recaudar más para las hermandades. Estas opciones, para más inri, son hasta más seguras, ¿a qué esperamos?. Existen decenas de recorridos oficiales que podrían realizarse con más seguridad, más capacidad e incluso benefician a la mayoría de hermandades que van a la Catedral. Hay opciones simples y otras más imaginativas, en cualquier caso mejor de lo que tenemos ahora son casi todas. El recorrido actual, además de lo que hemos hablado anteriormente de seguridad y dinero, es que está hecho para una época que no es la Sevilla del siglo XXI. Bastante esfuerzo tienen que hacer hermandades como San Pablo o Cerro para llegar a la Catedral, como para encima, por la ineptitud y pereza del Consejo, Arzobispado y Ayuntamiento, les tengamos que hacer llegar a la Santa Campana. Y eso es sólo un par de ejemplos, si vemos el total de hermandades, observaremos que la mayoría salen perjudicadas.

Se diría que si todo es perjudicial ¿Por qué no se cambia? Pues por lo que mayoría de veces pasa en Sevilla. Un inmovilismo dañino, unas tradiciones mal entendidas y el miedo a dar un paso adelante. Al final, se hará cuando pase un desgracia, o se llegue a un colapso tal que las circunstancias obliguen ¿Por qué esperar siempre a que pasa algo malo para cambiar? Estoy seguro que igual que lo vemos cualquier cofrade, esto mismo lo ven los encargados de este asunto, se deben dejar de miedos, ser valientes y estar a la altura de los hechos. Para llevar una vara, báculo o comer croquetas valemos cualquiera, pero de eso no se trata cuando eres Presidente del Consejo, Arzobispo o Alcalde. El problema de este asunto es que ni lo están tratando, a nadie parece importarle las posibles tragedias o los problemas que se causan a las hermandades.





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