Un repaso al escultor juan martinez montañes

El Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico (IAPH), al hilo de la restauración del Nazareno de la hermandad del Valle, buscó con ahínco la autoría de esta magnífica talla de principios del siglo XVII, al que atribuyeron con fundamento al círculo de Juan Martínez Montañés. Si bien historiadores como Gabriel Ferreras descartan la mano del escultor de Alcalá la Real, su autor debía ser discípulo suyo, para lo cual realizaron el estudio más importante hasta la fecha sobre los hombres que aprendieron el oficio con el llamado «dios de la madera», y que se publicará en las próximas fechas.
En aquel taller situado en lo que hoy es la plaza de la Magdalena, todos estos aprendices, entre los que se encontraban algunos de los más grandes escultores del barroco sevillano, vieron nacer, hace ahora 400 años, a la obra cumbre del maestro, elNazareno de Pasión, pero también crucificados, vírgenes, retablos, santos… que son paradigmas del mayor esplendor del arte sevillano. He aquí una selección de diez de las mejores obras de Martínez Montañés…
Cristo de la Clemencia
El Cristo de los Cálices / JUAN FLORES
Es, junto al Señor de Pasión, la obra más emblemática de Montañés. Como señala Manuel Jesús Roldán en su recién editado catálogo «Juan Martínez Montañés y su obra sevillana», se trata de un crucificado «trascendental para entender el cambio entre el idealismo tardorrenacentista y el primer naturalismo barroco». El Cristo de los Cálices, como es conocido popularmente, fue contratado por Vázquez de Leca en 1603 con el claro objetivo de servir de vehículo para llegar a Dios. El imponente crucificado, que fue policromado por Francisco Pacheco, ha estado ubicado a lo largo de su historia desde el oratorio particular del arcediano de Carmona hasta la sacristía de los Cálices en la Catedral, pasando por el monasterio de la Cartuja y el Alcázar. Sólo hay constancia de que el Cristo de la Clemencia saliera en procesión en dos ocasiones: una en 1920 con motivo del Santo Entierro Magno y otra, hace este año 50 años, en la clausura de las Misiones de 1965.







Cristo del Auxilio (Perú)
El Cristo del Auxilio (Perú)
Es el antecedente del Cristo de la Clemencia. De hecho, el propio Martínez Montañés dejó escrito en un documento que el crucificado que le encargó Vázquez de Leca «ha de ser mejor que uno que hice… para las provincias del Perú… Tengo gran deseo de acabar y hacer una pieza semejante para que permanezca en España y que no se lleve a las Indias ni a cualquier otro país». Se encuentra en el convento de la Merced de Lima, en Perú, donde sale en procesión cada Viernes de Dolores.
Niño Jesús del Sagrario
El Niño Jesús del Sagrario
Martínez Montañés talló, en 1606, una de sus imágenes más emblemáticas,  encargo de la hermandad del Sagrario. Como cuenta Manuel Jesús Roldán en su libro sobre el artista jiennense, el Niño Jesús del Sagrario fijó la «versión definitiva de la iconografía, creando un modelo».
La Cieguecita
La Cieguecita
La Catedral acoge entre sus muros la mejor representación escultórica de laInmaculada Concepción. Una imagen cumbre, conocida como La Cieguecita en alusión a sus ojos entreabiertos. Su ejecución, ya siendo Montañés un veterano de 62 años, es perfecta técnicamente, a pesar de que su autor sufriera una enfermedad que lo mantuvo encamado cinco meses. Se encuentra situada en una de las capillas del trascoro de la Seo, conocida como la de «los alabastros».
Santo Domingo Penitente
Santo Domingo Penitente
De su colección de santos, si hubiera que destacar a algunos, entre ellos estaría la imagen de Santo Domingo Penitente, otra magistral obra, que realizó con 41 años, y que actualmente se encuentra en el Museo de Bellas Artes, al que llegó procedente del desaparecido convento de Santo Domingo de Portaceli. Como otras obras de Montañés, fue policromada por el pintor Francisco Pacheco.
Retablo de San Isidoro del Campo
El retablo de San Isidoro del Campo
Como afirma Manuel Jesús Roldán en su libro, la imagen de Santo Domingo Penitente bebe de los modelos del San Jerónimo que realizó para la iglesia de San Isidoro del Campo. Es, sin duda alguna, la obra cumbre de la retablística en España y en él participaron algunos discípulos de Montañés como Juan de Mesa o Francisco de Ocampo. Se encuentra en Santiponce y en él destaca la citada imagen de San Jerónimo, concebida para procesionar en andas.
Retablo de la Anunciación
El retablo de la iglesia de la Anunciación / RECHI
Es un retablo casi olvidado. El retablo del Bautismo de la iglesia de la Anunciación, situado a la derecha nada más acceder al templo, guarda un secreto del que pocos han advertido. Elrostro del Señor de Pasión tiene su reflejo en la imagen de San Juan Bautista. El retablo se concluyó en 1620 y llevaba ejecutándose desde 1610, periodo en el que el artista ejecutó al Nazareno del Salvador.
Santa Ana y la Virgen
Santa Ana con la Virgen / FRAN SILVA
Martínez Montañés representó en más de una ocasión a Santa Ana con la Virgen. Entre ellas, cabe destacar la que se encuentra en el convento de Santa Ana, situado en la calle Santa Clara. Cuentan que este conjunto escultórico pudo realizarse para sustituir el cuadro de Velázquez que presidió el retablo mayor del convento hasta su inundación y que ahora se encuentra en la Universidad de Yale.
San Cristóbal
San Cristóbal de la iglesia del Salvador







Se trata de la primera obra que Martínez Montañés realizó a su llegada a Sevilla. Esta talla colosal, de dos metros y medio, es la mayor que realizó el autor… y fue ejecutada para procesionar, algo que ha llegado a ocurrir sobre ruedas, remolcado por un jeep desde los años 50 hasta 1976. Se encuentra en una capilla situada nada más entrar, a la derecha, en el Salvador.
El Cristo de los Desamparados
El Cristo de los Desamparados del Santo Ángel / RECHI
Cumplirá 400 años en 2017. Quién sabe si para entonces la comunidad carmelita organizará alguna procesión extraordinaria con una imagen que ha sido titular de hermandades como La Lanzada o el Buen Fin, y que ha viajado para ser expuesto en Londres y que, actualmente, se encuentra en Ávila. Según indica Manuel Jesús Roldán,«tras el modelo de la Clemencia, llegaría la interpretación de Francisco de Ocampo con el Calvario, nuevamente revisada por Montañés en 1617 e inspiración para Juan de Mesa en el Crucificado del Amor». Reside en el convento del Santo Ángel.

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