Montañés y Bernini, revolución de la tradición

montañés-Año 1628. Gian Lorenzo Bernini trabaja en el mausoleo de Urbano VIII en el Vaticano.Martínez Montañés inicia el complicado proceso de realización de la Inmaculada que cimentaría su fama universal, la «Cieguecita» de la Catedral. Dos obras basadas en temas y conceptos ya realizados anteriormente. Dos obras basadas en la tradición que se convertirían en revolución.
inmaculada-montañés-
Destinada a la basílica de San Pedro del Vaticano, la tumba de Urbano VIII, un Papa erudito y afamado coleccionista de obras de arte, se estructura en torno a una composición piramidal en la que el Pontífice se sitúa en vértice superior, estando flanqueado por las imágenes alegóricas de la Caridad y de la Justicia. La oscuridad del bronce para la solemne figura del Papa y el mármol blanco para las dos alegorías de los extremos, mujeres que descienden a la belleza terrenal para simbolizar las más altas virtudes. Como la Inmaculada de Montañés a más de dos mil kilómetros de distancia. En el centro de la tumba, la muerte llama y recuerda el nombre del difunto: un esqueleto escribe el nombre del Papa en una cartela, bronce negro que sobresale del esquema triangular de la composición, una tumba en la que Bernini reinterpretaba la composición de Miguel Ángel en la capilla de los Médicis en Florencia.
Tumba del Papa Urbano VIII
Tumba del Papa Urbano VIII




Alegoría caridad de la tumba del Papa Urbano VIII
Alegoría caridad de la tumba del Papa Urbano VIII
En Sevilla, Montañés se enfrentaba a otro reto: la reinterpretación y la creación definitiva sobre un tema abordado desde comienzos del siglo XVII, la representación de la Inmaculada Concepción de María,  especialmente tras la explosión del fervor en defensa del dogma que no acabada de ser proclamado. Ya había interpretaciones de Pacheco, de Zurbarán, de Velázquez, de Roelas y del propio Montañés, pero la versión definitiva estaba por llegar, en una obra que sería la culminación de un modelo.
Detalle de la muerte en la tumba de Urbano VIII
Detalle de la muerte en la tumba de Urbano VIII
Destinada a una de las capilla adosadas al trascoro de la Catedral, conocidas por las  de «los alabastros» por el material empleado en su arquitectura, la popularmente conocida como «La Cieguecita» en alusión a sus ojos entreabiertos, «La Concepción del Jurado Molina» en los libros capitulares, tuvo un proceso de elaboración largo y difícil por la enfermedad de Montañés.
Talla y retablo fueron contratados el 14 de febrero de 1628 por doña Jerónima de Zamudio, viuda del Jurado Francisco Gutiérrez Molina, un conjunto que presidiría el retablo funerario que el matrimonio había dotado en la zona del trascoro de la Catedral. De nuevo la muerte, pero enmascarada por la belleza que permite alcanzar la vida eterna. Belleza de mujer.  Una enfermedad  tuvo a Montañés incapacitado en la cama durante cinco meses, lo que impidió el cumplimiento de los plazos pactados. Fue el motivo de un pleito del que se defendería el maestro alegando la enfermedad. El 15 de septiembre de 1629 se obligaba a reiniciar la talla,proclamando que “será una de las primeras cosas que hará en España, lo mejor que el susodicho ha hecho”, toda una declaración de intenciones que demuestra el especial interés que manifestaría hacia una obra que en aquel momento “va desbastando y está ya abultada para irla perfeccionando”. El conjunto se pudo inaugurar en la festividad de la Inmaculada de 1631,convirtiéndose desde un primer momento en un motivo de satisfacción para el artista, según recogía Antonio Moreno Vilches en una carta al erudito Rodrigo Caro: “Para el día de Nuestra Señora de la Concepción ha de estar puesto el retablo e imagen que ha hecho Juan Martínez Montañés en uno de los altares de los alabastros que están debajo del órgano pequeño. Es la imagen la primera cosa que se ha hecho en el mundo, con que Juan Martínez Montañés anda muy envanecido”. Desde su realización se conserva en el lugar para el que fue concebida, aunque en el siglo XVIII sufrió un incomprensible revestimiento con telas naturales que obligaron a una restauración en el año 1779, fecha en la que se renovó su policromía, especialmente en los ropajes y el cuerpo. De forma excepcional salió procesionalmente el 8 de diciembre de 1917, en el III centenario del voto concepcionista de la ciudad y con motivo de la inauguración delmonumento de Lorenzo Coullaut Valera en al plaza del Triunfo.
Inmaculada de la Catedral de Montañés
Inmaculada de la Catedral de Montañés
La imagen está realizada en cedro, mide 1,64 metros y se inserta en un retablo cuya policromía corrió a cargo de Baltasar Quintero y de Francisco Pacheco. Se firmaba de este modo la paz entre los dos autores, tras el enfrentamiento el intento de Martínez Montañés de policromar el retablo principal del convento de Santa Clara, contraviniendo las rígidas normas gremiales que sólo permitían a los escultores realizar las tallas, quedando la policromía reservada para los pintores.
Montañés revolucionó la tradición sin necesidad de ruptura alguna: una imagen de Virgen niña, ya perfilada por Francisco Pacheco en su Arte de la pintura, con inspiración iconográfica en la Virgen apocalíptica y con una distribución de líneas que se repetirá e imitará durante todo el siglo. María aparece con las manos juntas en actitud de orar, rompiéndose la rígida simetría de autores anteriores, especialmente de la escuela castellana, desplazando la mirada de los ojos entornado que justifican su apodo hacia un lado y las manos hacia otro, avanzando levemente la rodilla izquierda y retorciendo levemente la otra pierna. Se crea así un juego de líneas quebradas que permiten la lectura de la imagen sin que ninguna parte obstaculice a otra, con un manto que se abre sobre su hombre izquierdo y se recoge sobre el contrario creando un juego de volúmenes que será ampliamente repetido y reinterpretado durante siglos. En el análisis del profesor Luque Teruel, dentro del ciclo dedicado Montañés por la hermandad de Pasión, se aportaba una clave de estudio para la imagen: el cuerpo de la Virgen se estructura en módulos (cabeza, manos, tronco, piernas…) completamente inverosímiles y antinaturalistas. De forma más simple, la postura corporal de la imagen es imposible, por el avance una pierna, el retroceso de la otra, el movimiento de las manos… Una ruptura en planos y volúmenes imposibles pero cuyo resultado conjunto, cuya visión final llega a la perfección. Quizás un misterio del Barroco: hacer fácil y comprensible, al alcance del fiel, la complejidad del misterio. Frente a la muerte, la belleza, frente al dogma, el entendimiento.
Inmaculada de la Catedral de Montañés
Inmaculada de la Catedral de Montañés
A los pies de la Virgen aparecen tres cabezas de querubines que funcionan como pedestal, anticipando el concepto asuncionista que le dará a la iconografía Bartolomé Esteban Murilloen la segunda mitad del siglo XVII, con el revestimiento de estrellas y la luna bajo sus pies que describe la visión de la nueva Iglesia que se narra en el Apocalipsis. Es Francisco Pacheco el creador de esta iconografía trasladada ahora a la madera, según se desprenden de sus palabras recogidas en el libro Arte de la Pintura:
“Sin poner a pleito la pintura del Niño en los brazos, para quien tuviere devoción de pintarla así, nos conformaremos con la pintura que no tiene Niño, porque ésta es la más común… Esta pintura, como saben los doctos, es tomada de la misteriosa mujer que vio San Juan en el cielo, con todas aquellas señales; y, así, la pintura que sigo es la más conforme a esta sagrada revelación del Evangelista, y aprobada de la Iglesia Católica, la autoridad de los santos y sagrados intérpretes y, allí, no solo se halla sin el Niño en los brazos, más aún sin haberle parido, y nosotros, acaba de concebir, le damos hijo… Hase de pintar, pues, en este aseadísimo misterio, esta Señora en la flor de su edad, de doce a trece años, hermosísima niña, lindos y graves ojos, nariz y boca perfectísima y rosadas mejillas, los bellísimos cabellos tendidos, de color de oro; en fin, cuanto fuere posible al humano pincel…”
Revolución de la tradición. Bernini en Roma y Montañés en Sevilla. Fue la obra más popular de su tiempo, aparece en todos lo libros de Historia del Arte y es el modelo que se repitió durante siglos. Hoy es imagen que comienza a entrar en el catálogo del desconocimiento. Enrejada, en horarios difíciles para el culto, vetada para exposiciones, cultos o procesiones.
La Inmaculada Concepción de María por el gran maestro del Barroco español.
Dios salve a la Reina.





http://sevilla.abc.es/pasionensevilla/actualidad/noticias/montanes-y-bernini-revolucion-de-la-tradicion-86286-1449532194.html

Otras Entradas relacionadas

cargando...

Comentarios

Publicar un comentario