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El cardenal Segura y las cofradías

08 febrero 2018

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El cardenal Segura corona a la Amargura y María Auxiliadora15 de septiembre de 1937.Una España en guerra, dividida y enfrentada… Sevilla ya en la retaguardia tras haber sufrido quema de iglesias, asesinatos, barricadas y una feroz represión de fusilamientos por el nuevo poder triunfante. El país dividido en frentes y la ciudad intentando alguna estabilidad entre silencios y miedos. Se fraguaba el nacionalcatolicismo, el acercamiento entre el nuevo poder político y el poder religioso. Una de sus rostros, con múltiples peculiaridades, era nombrado en aquella fecha arzobispo de la ciudad: Pedro Segura y Sáez. Así lo contaba el diario ABC: «Restauración de los auténticos valores tradicionales de España. Su Santidad el Papa ha nombrado arzobispo de Sevilla al insigne cardenal Segura, quien desde que fue perseguido y expulsado por la República no había vuelto a ocupar silla episcopal. Reparación de justicia en la persona y en la jerarquía del prelado que, con voz profética y con dignidad apostólica se negó a toda transacción con la república…» La religión católica se unía al poder triunfante, tras la cruenta persecución sufrida en el régimen anterior. Se unían símbolos e ideas, con un futuro dictador bajo palio, militares presidiendo procesiones y continuas muestras de religiosidad pública. Había existido la que llamaron Sevilla Roja (San Julián, San Marcos, San Luis, zonas de Triana…) y el nuevo régimen intentaría borrar sus restos. Y el cardenal Segura sería una de sus cabezas visibles. Aunque no fuera tan fácilmente clasificable…
Entrada en Sevilla del Cardenal Segura en octubre de 1937
Entrada en Sevilla del Cardenal Segura en octubre de 1937




Polémico y estricto. Enemigo público de Franco, monárquico y obsesivo defensor de la «moral pública». Desde su llegada, con el anillo del cardenal Spínola en la mano, los enfrentamientos con el general Franco fueron constantes. Su oposición a las inscripciones falangistas, o vítores, en los muros de la Catedral fue solamente un símbolo del cardenal que amenazó constantemente al sevillano de los años 40 con la excomunión, y que ya publicó en 1938, en plena guerra civil, una carta pastoral referente a las hermandades y cofradías.
Primera salida de la Paz en 1937
Primera salida de la Paz
Eran años de Semana Santa en precario, con salidas procesionales muy modestas, ajuares prestados, imágenes provisionales tras las pérdidas en los incendios provocados en las iglesias y modestia en flores y empleo de cera. Tiempo de silencio y de silencios. Tiempo dequitar a la Semana Santa su vertiente popular y festiva, de controlar horarios y salidas, de manejar juntas de gobierno y de reglamentar cualquier faceta de la religiosidad popular.
Tiempo de reposición de imágenes y de celebración del triunfo del nuevo régimen. El 15 de Abril de 1939 salía procesionalmente la Virgen de los Reyes, apareciendo en el cortejo la espada de San Fernando portada por el ministro Serrano Suñer, una manipulación histórica que tantas connotaciones negativas dejaría para la posterior comprensión histórica de la ciudad. El 7 de mayo sería la imagen del Gran Poder, con la túnica persa, la que saldría en procesión extraordinaria entre obligados saludos fascistas.
Procesión extraordinaria de la Virgen de los Reyes en 1939. Serrano Suñer porta la espada de San Fernando
Procesión extraordinaria de la Virgen de los Reyes en 1939. Serrano Suñer porta la espada de San Fernando
España se transformaba en un país de vencedores y vencidos. Llegaba una nueva etapa de represión en la que el franquismo aplicaría la severa Ley de Responsabilidades políticas de 1940 o la Ley para la Represión de la Masonería y el Comunismo. En la cárcel de Ranilla se hacinaban miles de presos políticos en espera de un consejo de guerra en una ciudad que se militarizaba, que se exiliaba y que se silenciaba. La ciudad de la posguerra, la de las cartillas de racionamiento y la de la compra y venta de los diteros, aglutinaba todos sus ideales en un monolítico Movimiento comandado por el aparato formal e ideológico de la Falange.
El Gran Poder sale de la Catedral en la procesión extraordinaria de 1939. (Archivo ABC)
El Gran Poder sale de la Catedral en la procesión extraordinaria de 1939. (Archivo ABC)
La presencia de mujeres en los cortejos fue abordada en un decreto de 1940 en el que se insistía en el cumplimiento de los horarios, y en el que se hacía responsable a las juntas de gobierno delsilencio y la compostura que habían de guardar las mujeres en el cortejo, cuyo número se limitaba al de años anteriores de forma transitoria. Saldrían aquel año de forma excepcional convelas apagadas en filas de seis. No era el primer intento de reglamentación de su presencia, las limitaciones ya habían llegado con el cardenal Ilundain en disposiciones anteriores delimitación de las hermanas nazarenas, de los excesivos lucimientos de los pasos o del recurrente tema del control horario. Al año siguiente el distanciamiento de Franco con el cardenal se haría presente en la visita del dictador a la ciudad. Segura representaba la más pura ortodoxia conservadora. Pero no era franquista.
San Roque saliendo de Santiago tras el incendio de su templo
San Roque saliendo de Santiago tras el incendio de su templo
En el más puro contexto del nacionalcatolicismoFranco asistió a las procesiones de Sevilla desde el Miércoles Santo, presidiendo como hermano mayor la procesión del Santo Entierro, reorganizada en febrero de 1940 en la parroquia de San Andrés. Europa estaba en guerra y en Sevilla todavía se saludaba la salida de las cofradías con el brazo en alto, según los cánones fascistas. Una Semana Santa en la que el Generalísimo y el Cardenal evitaron ser vistos juntos en público y en la que Segura hizo uno de sus habituales desplantes a un dictador que había concentrado todo el poder político y que también ansiaba concentrar el poder religioso. Aquel año el cardenal se ausentó: tenía una visita pastoral… el mismo Domingo de Resurrección. Principio de una larga enemistad de la que Franco llegó a decir: «Lo he aguantado como una cruz que Dios me mandaba y lo llevaba con la máxima paciencia».
El Cardenal Pedro Segura y Sáez bajo el peculiar parasol
El Cardenal Pedro Segura y Sáez bajo el peculiar parasol




En 1941 se formaría una comisión, siguiendo la iniciativa del teniente de alcalde Joaquín Romero Murube, que agruparía a diferentes representantes de las hermandades para establecer el cobro de las subvenciones del Ayuntamiento, en una época de grandes carestías para el pueblo y, cómo no, también para las cofradías. Fue el mismo año en el que se acordó ladefinitiva prohibición de la participación femenina en los cortejos procesionales. Nacía una prohibición que algunos acabarían interpretando como tradición. Años de contrastes entre la Semana Santa oficial, y apegada al régimen, y la celebración más popular. Dos casos: el Domingo de Ramos de ese mismo año, el cardenal bendecía la colocación de la primera piedra del que sería nuevo templo de la hermandad de la Macarena. Una manifestación de poder que también se manifestaría en junio, con la clausura de la Santa Misión en la Plaza de España presidida por el Crucificado de la Salud de la hermandad de San Bernardo entre miles de asistentes.
Al año siguiente, la misma autoridad eclesiástica retiraría las reglas de la hermandad de Jesús Despojado, que no fue especialmente ejemplar en su salida procesional del Lunes Santo y donde se impuso la autoridad de Sebastián Bandarán, era el adiós definitivo a la fiesta popular que había hecho renacer a la Semana Santa desde los años veinte. Nada que ver con las repetidas varas presidenciales concedidas al general Queipo de Llano o con el nombramiento de Franco como hermano de honor en diversas cofradías.
En 1943 Segura dictó unas ordenanzas en las que insistía en el regreso a casa de los nazarenospor el camino más corto, otra nueva tradición que se asentaría de forma definitiva, en la prohibición de la asistencia de hermanas o de hermanos vestidos de seglares (aunque se mantuvieran todavía algunos militares), y en el nombramiento de un fiscal para los pasos que fuera el encargado de su orden y de sus paradas. Al año siguiente (1944), ya en plenodistanciamiento del decadente régimen nazi, Segura prohibió que «se introdujeran nuevos usos tales como el de dar vivas, aplausos, y el levantar la mano al paso de las sagradas imágenes a su entrada y salida de los templos y al toque del himno nacional». Un distanciamiento que ya se había vivido con anterioridad con la prohibición de los vítores franquistas en los muros de la Catedral o del mismo Palacio Arzobispal.
Portada manifiesto Santo Entierro Grande
Portada manifiesto Santo Entierro Grande
Todavía convocaría Segura, en 1945, la II Asamblea de Hermandades de Penitencia, con reuniones y actos en la Catedral y el Palacio Arzobispal y con un monumental altar en la Avenida presidido por la cruz de guía del Gran Poder y la Inmaculada de Martínez Montañés, que en aquellos tiempos sí se sacaba a la calle. En 1946, Segura zanjaría la cuestión del patronazgo de la ciudad con la tramitación de laproclamación de la Virgen de los Reyes como patrona de la Archidiócesis, celebrándose una histórica procesión extraordinaria donde participaron la Virgen del Pilar de San Pedro, la Amargura, la Virgen de Todos los Santos, la Virgen del Valle, la Virgen del Amparo de la Magdalena y la Esperanza Macarena: un impresionante listado para los que sorprendan de las procesiones extraordinarias de nuestros días. A ello se uniría la recuperación, en 1948, de la celebración del llamado Santo Entierro Grande, en año de efemérides por el recuerdo de la Reconquista de la ciudad.
Segura presidiría en 1950 la defensa de la Asunción de la Virgen por las hermandades, y organizó la peregrinación a Roma de las corporaciones penitenciales, celebrándose en Sevilla en1954 el Congreso Mariano que culminó una procesión que cerró el palio de la Concepción del Silencio en una inusual estampa. Fue el año de la Coronación de la imagen de la Amargura, primera Dolorosa coronada de la ciudad.
El cardenal Segura tras coronar a la Amargura en 1954
El cardenal Segura tras coronar a la Amargura en 1954
Pero la firma del Concordato con la Santa Sede permitió a Franco ver la caída del cardenal. Llegaría Bueno Monreal como arzobispo coadjutor de la diócesis con plenos poderes y con derecho a la sucesión. En el recuerdo popular Segura fue, sobre todo, la nueva conciencia moral.Todo o casi todo fue pecado…. Recristianizar aquella Sevilla Roja: profusión de cultos, creación de nuevas hermandades y un estricto control de la moral.
Dentro del nacional-catolicismo imperante, pero con un tono que llegó a rayar lo grotesco, Segura publicó más de cincuenta cartas pastorales sobre moral pública. Cartas casiapocalípticas en las que se censuraba la indecencia en el vestir, las playas, los carnavales, los bailes modernos (el baile agarrado llegó a ser catalogado como algo demoniaco) o incluso lalujuria de la Feria de Abril. En 1946 censuró el baile como un disolvente de la sociedad cristiana, «una diversión mundana llena de peligros graves para la moral católica». En 1954 denunció la frivolidad de las fiestas primaverales sevillanas. Murió el 8 de abril de 1957, un año después del pregón de Rodríguez Buzón. Se enterró en el cerro de los Sagrados Corazones. Otra extravagancia propia del «último príncipe de la iglesia».




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