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¿Y tú de quién eres?

18 enero 2018

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limosnaUna parte muy minoritaria del conjunto de hermandades sevillanas no se mete las manos en los bolsillos para ayudar, con lo que puedan, a la Diócesis. Nadie les exige nada. No están obligadas por ninguna normativa ni tampoco tienen marcado un por ciento con el que deban de cumplir en la lógica de ayudar a la estructura religiosa a la que se vinculan.
Ni las reglas que las rigen recogen nada al respecto. Pero la realidad es esa: que la gran mayoría de las hermandades sevillanas no pasan por ventanilla y no son nada de retratarse. Buscando un símil para dibujar lo chocante de la situación se me ocurre pensar que es muy parecido a militar en un partido y no pagar la cuota. No parece muy razonable. Pero así está el patio y no precisamente el del Palacio Arzobispal.
Montesión entrega más de 1400 cajas al Comedor de las Hermanas de la Caridad / NOTICIAS MONTESIÓN
Montesión entrega más de 1400 cajas al Comedor de las Hermanas de la Caridad / NOTICIAS MONTESIÓN
La mayoría de las hermandades que incurren en tan caprichosa situación alega que, de por si, ya hacen lo suyo aportando, trabajando y costeando las empresas asistenciales con las que llegan a donde no llega casi nadie. Es una verdad incontrovertible. Redonda. Absoluta. Que no tiene fisuras por ningún trazado de su perímetro. Ahí está el historial asistencial y solidario de nuestras hermandades. Un ejemplo rebosante de compromiso con el que no tiene, con el que está postrado por una crisis que no acaba de bajar de las macroestadísticas para volver a llenar los bolsillos de los que cayeron víctimasde su voracidad. Los mismo les dan becas de estudios a chicos que la familia no pueden pagárselos que abren pozos de agua en el Sahara. Esa labor asistencial de las hermandades, pese a que todos la hemos subrayado, todavía hay que ponderarla más aún.
Porque las conecta con una de las premisas evangélicas del cristiano. Y porque, además, si dejaran de hacerse veríamos por las calles situaciones familiares que nos recordarían los paisajes más duros y tenebrosos de la marginalidad del Londres de Dickens. Las hermandades llegan donde otros presupuestos públicos ni siquiera alcanzan.
Pero tampoco es menos cierto que una cosa no quita la otra. O al menos no debería quitarla. Sigo poniendo ejemplos para aproximarnos gráficamente a la situación: el hecho de que usted trabaje para el partido sumando militancias y votos no le exime de pagar su cuota correspondiente. Como explicación de su compromiso con unas ideas y como aporte que ayuda a mantener sus estructuras. Aunque, en este caso, no puedo evitar el sarcasmo y olvidarme que los partidos suelen mantener su arquitectura funcional burlando la ley y acogiéndose con descaro y delito al dinero público. La Iglesia para autoayudarse en su mantenimiento no podría contar nunca (por principios y coherencia) con un Bárcenas en Suiza o un Lanzas en la Junta. La Iglesia lo único que pide a las hermandades, que lo son en cuanto que comulgan con sus principios evangélicos, es un mínimo de sentido de pertenencia. Son hermandades en cuanto son Iglesia. Por separado la cosa deja de tener cierto sentido. Para abrazar otro. Que lamentablemente se caricaturiza con el término de “sacapasos”. Sacar pasos a la calle es una bendición.
Palio de la Virgen de las Mercedes de Santa Genoveva / ROCIO RUZ
Palio de la Virgen de las Mercedes de Santa Genoveva / ROCIO RUZ




Una explosión emocional que le da parte de su sentido a una hermandad. Pero solo parte. Y tres gajos no hacen una naranja. La naranja completa arranca su camino en la flor diminuta, poderosa y explosivade un azahar. Las hermandades tienen que imitarla y no quedarse solo en la flor sublime de un día de Semana Santa. Son Iglesia. Su compromiso es la Iglesia. Y a su Iglesia deben ayudar en la medida de sus posibilidades. Como mejor puedan. Aquí no hay un Montoro que te marque el 21 por ciento de nada.
Aquí lo que marca el compromiso y el nivel de pertenencia es la colaboración. Lo demás es quedarse en tres gajos de naranja o en un ejercicio estético y, a veces, fatigoso de sacar pasos a la calle. Para preguntarte tras tan débil compromiso aquello que cantaban los Chanclas: ¿y tú de quién eres?

pasionensevilla

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