¿Tuvo el Gran Poder una segunda dolorosa?

26 enero 2018

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​La memoria de las distintas corporaciones penitenciales que configuran el universo cofrade se alimenta de múltiples historias que se pierden en los confines de los tiempos cuya veracidad resulta extremadamente compleja de demostrar a causa del discurrir de los años. De ahí que muchas de estas historias hayan de ser tratadas como meras leyendas, más allá de que puedan hallarse cargadas de una singular belleza y una fuerte carga de emotividad. Es la historia que recoge el mítico blog Cuestión de Cofradías en el que Carlos Ossorio regaló durante años al universo cofrade artículos de muy alta calidad hasta que detuvo su producción allá por 2013.
En uno de aquellos interesantes artículos, publicado el 7 de septiembre de 2012 bajo el mismo título que hemos tomado prestado del señor Osorio, resumía como él mismo explica en los comentarios al texto, un artículo publicado en el año 2000 en el libro Jerez en Semana Santa titulado la obra de Castillo Lastrucci en Jerez de la Frontera de Antonio de la Rosa Mateo. Según mantiene el mencionado artículo, estando la Hermandad del Gran Poder en plena construcción de su templo innumerables donaciones de sus devotos para la construcción del mismo. Una de estas donaciones fue una talla de la Virgen realizada por Antonio Castillo Lastrucci. El donante, nieto del imaginero, era menor de edad por aquel entonces, por lo que su padre tuvo que firmar en el documento de donación. Su nombre, Adolfo Arenas Castillo, pasaría a ser con el tiempo muy conocido en el ámbito cofrade, pero por circunstancias totalmente distintas a las actuales.




De esta manera, a partir de aquel 28 de febrero de 1959, la Hermandad del Gran Poder pasó a tener dos dolorosas en propiedad, su Titular del Mayor Dolor y Traspaso y esta nueva talla salida del taller de Castillo y donada por el joven cofrade. Ello explica la fotografía adjunta en la que la Virgen aparece vestida con ropas pertenecientes al ajuar de la Hermandad del Gran Poder, además de la corona de salida, como podemos ver en la fotografía de cabecera. Según afirma el texto, tanto en esta foto como en la que reproducimos a continuación, correspondiente al Besamanos de 2009 de la Virgen del Mayor Dolor y Traspaso, ambas imágenes están ataviadas con las mismas prendas, a excepción de la toca de sobremanto, la corona de plata de cincelada por Juan Ruiz en 1789, la saya burdeos y el manto azul de camarín. Por circunstancias no se pudieron concretar, la talla Dolorosa de Ntra. Sra. volvió al taller de su autor, donde fue adquirida por los cofrades de la Hermandad de la Buena Muerte de Jerez de la Frontera en 1964, donde comenzaría a procesionar a partir de 1967 bajo la advocación del Dulce Nombre.
Sin embargo, como suele ocurrir con cuestiones de este calado, no son pocas las dudas que se generan al respecto. La primera de ellas estriba en la historia que de la dolorosa hace la propia hermandad jerezana que indica al respecto que en el año 1964 los miembros de la Junta de Gobierno deciden gestionar la búsqueda de una imagen de la Virgen con la intención de adquirir la y donarla a la Hermandad. Se fueron concertando distintas visitas a varios estudios escultores en Jerez y Sevilla hasta que el 1 de marzo de 1964 aquellos hermanos se dieron cita en el estudio de Antonio Castillo Lastrucci donde se les mostró una imagen realizada por el imaginero en principio para una hermandad de Córdoba que coincidiendo plenamente con los propósitos que guiaban aquellos cofrades quedó de inmediato comprometida para asociación convirtiéndose en María Santísima del Dulce Nombre titular de la Corporación jerezana la pregunta que asalta inmediatamente al lector es ¿si usted tuviese una imagen que había pertenecido al Gran Poder no lo contaría?. La duda se acrecienta con un artículo del año 1994 publicado por ABC de Sevilla en el que el profesor José Miguel Palomero relataba una historia presuntamente avalada por el testimonio de los implicados que afirmaría que esta dolorosa muy remodelada al parecer por Antonio Dube de Luque quién según determinadas fuentes se atribuiría su hechura es la que acabo siendo la soledad de la hermandad de los Servitas coma todo envuelto en un absoluto secretismo por parte de los oficiales del Gran Poder, pese a que según afirmaban algunos testigos en el libro de actas si se recoge la cesión de la imagen a un pueblo.
En un sentido o en otro, sea cual sea la historia real e incluso si ninguna de ellas lo fuera y no se traten más que de hermosas y controvertidas leyendas cofrades, son estas tan sumamente hermosas, tan maravillosamente evocadoras, que merece la pena rememorarlas e imaginar sí, como solamente saben aquellos que vivieron los hechos, realmente el Gran Poder llego a tener una segunda dolorosa de Castillo Lastrucci.





http://www.gentedepaz.es/tuvo-gran-poder-una-segunda-dolorosa/

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