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Los pasos e imágenes desaparecidos en Sevilla: Hermandad de Montserrat

05 enero 2018

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La devoción y culto a la Santísima Virgen de Montserrat, mantenido por los catalanes residentes en la ciudad para el comercio con las Indias, es el origen directo de esta Hermandad como corporación de gloria o de luz. Los historiadores oscilan al señalar su antigüedad desde finales del XV hasta finales del XVI. Sin embargo sus primeras Reglas como Hermandad de penitencia fueron aprobadas el 24 de abril de 1601, por el Administrador sede vacante D. Luciano de Tregón. En ellas ya se prescribía la Estación de Penitencia a la Santa Iglesia Catedral en la tarde del Viernes Santo. Fundada en la Iglesia parroquias de San Ildefonso permaneció en ella hasta el año 1.650, en que acordó trasladarse a la Iglesia de San Pablo de los Padres Dominicos. Años más tarde adquirió dos casas en el Compás del citado Convento construyendo su Capilla propia.

En la opinión de D. Santiago Montoto la Cofradía adquirió auge en el siglo XVII, en que ingresaron en ella los mercaderes de lienzo, sosteniendo el culto y gastos de la Hermandad. Sin embargo, a partir de 1761 entró en un período de decadencia, subrogándose el gremio en la propiedad de los bienes.

En la Semana Santa de 1849 varios devotos, considerando que la Hermandad no estaba canónicamente extinguida, se propusieron su restablecimiento. Una vez autorizada por el Prelado la recepción de nuevos hermanos y las elecciones de oficios, tuvo que sostenerse un pleito ante la Jurisdicción Civil con el gremio de mercaderes de lienzos, acerca de la propiedad de los bienes, pleito que ganó la Hermandad. En 1851 volvió a realizar Estación de penitencia.


Los años que siguen a la reorganización (1850-1868) se caracterizan por la fuerte vitalidad de la Hermandad, que contó con el apoyo de la burguesía sevillana, y especialmente de la pequeña Corte chica sevillana: el día 7 de marzo de 1851, en el Palacio de San Telmo, fueron nombrados Hermanos Mayores Perpetuos D. Antonio María de Orleans, Duque de Montpensier, y su esposa Doña María Luisa Femanda de Borbón, Infanta de España. Con ellos nació la vinculación tradicional con esa rama de la familia real española, de la que dan testimonio otros ilustres miembros: Su Majestad la Reina María Amelia de Nápoles Dos Sicilias, madre del Duque, y esposa del rey de Francia Luis Felipe de Orleáns, que fue camarera de la Virgen de Montserrat; la Infanta Luisa de Orleáns, nieta de los Montepensier, que -también ostentó el cargo honorífico de camarera; y especialmente el esposo de esta última, el Infante Don Carlos de Borbón, que ostentó el cargo de Hermano Mayor efectivo durante un largo período de casi 40 años. Su hija, Dña. María de las Mercedes, fue asimismo camarera honoraria de la Santísima Virgen. Actualmente ostenta el cargo de Hermano Mayor Honorario Perpetuo S. M. el Rey de España Don Juan Carlos I de Borbón.

Fruto de aquel período de esplendor de mediados del XIX es el patrimonio de orfebrería y bordados que aún hoy se conserva, así como el estilo y el sello romántico de la Cofradía, que se observa a lo largo de todo el cortejo: desde las túnicas que recuperaron en 1851 el color inmaculista (cuando la casi totalidad de las túnicas eran negras o moradas) o el diseño de las insignias, hasta las figuras simbólicas de la Mujer Verónica y la Virtud Teologal de la Fe (que datan de 1859 y 1865 respectivamente), y especialmente la tipología del paso de palio, de crestería rígida, caídas de terciopelo y corbatas en sus esquinas.

En el siglo XX la Hermandad, con sede en su Capilla propia del extinguido Compás de San Pablo, e integrada en la vida parroquias de Santa María Magdalena, ha sabido mantener y acrecentar su rico patrimonio, potenciar su vida interna y conservar el culto diario al Señor Sacramentado y a sus Sagrados Titulares.


En el primer paso figura el Santísimo Cristo de la Conversión del Buen Ladrón, prodigioso crucificado de Juan de Mesa, esculpido entre 1619 y 1620. La Sagrada Imagen representa el momento cumbre del perdón desde el árbol de la cruz, dirigiendo su promesa de vida eterna hacia San Dimas, el Buen Ladrón. Con esta obra Juan de Mesa se distancia del modelo montañesismo, creando un prototipo de Crucificado más personal, con notables innovaciones en la posición del tronco y en el sudario. El modelo de la cabeza es sin duda el mismo que el utilizado en el Señor de San Lorenzo, ultimado por Mesa en el mismo año de 1620, de ahí la popular designación para el Crucificado de la Conversión como el Gran Poder Crucificado.

El Cristo de la Conversión fue restaurado por Gabriel de Astorga en 1851, que encarnó de nuevo la efigie y le colocó ojos de cristal. En 1982 fue intervenido por José Rodríguez Rivero-Carrera, que eliminó repintes, fijó las piezas desprendidas y, ejecutó nueva cruz arbórea. Las imágenes de los ladrones, San Dimas y Gestas, de telas encoladas y debidas al imaginero Pedro Nieto en 1628, han sido recuperadas tras una compleja restauración en el año de 1998. El misterio se completa con una imagen de Santa María Magdalena de rodillas al pie de la cruz. Se trata de una talla del siglo XVIII de notable mérito, atribuida a Pedro Roldán.


En la imagen primera del paso de la conversión, vemos el paso con el que procesiono hasta que estreno el actual.

El paso actual es estilo barroco, estrenado en la Semana Santa de 1944. Las andas son de líneas onduladas y perfiles y bombo en el canasto, con respiraderos de igual diseño, con candelabros de guardabrisas. Fue diseñado por el escultor-imaginero Rafael Lafarque, que talló asimismo los ángeles y los relieves que representan el Calvario, el encuentro con la Santa Mujer Verónica, el Prendimiento y la Oración en el Huerto. Porta ocho ángeles mancebos, cuatro en cada esquina, y doce querubines.

La talla del paso es obra de Antonio Girón, y el dorado de Alfonso González. La carpintería fue ejecutada por José Huertas Balbuena.

En el paso procesiona el misterio de la Conversión del Buen Ladrón, constituido por la Imagen del Santísimo Cristo, los dos ladrones, y Santa María Magdalena arrodillada a sus pies.


Vemos en la foto superior los candelabros originales que fueron estrenados en 1975.



Son cuatro candelabros de seis luces cada uno y su estado de conservación es excelente, dicha hermandad todavía los tiene a la venta.


Aquí vemos otra imagen de dichos candelabros.



En estas imágenes vemos los actuales candelabros de guardabrisa.

Las imágenes de San Dimas -el Buen ladrón- y de Gestas - el mal ladrón- son obras de tela encolada del escultor Pedro Nieto, discípulo de Francisco de Ocampo, que las realizó en el año 1628. Fueron recuperadas tras una delicada restauración en el año 1998, esto vinieron a sustituir a unos que eran obra de Gabriel Cuadrado los cuales se mandaron hacer por el mal estado de los de Pedro Nieto. Estos ladrones de Gabriel Cuadrado procesionaron desde 1982 hasta 1998.


En el segundo paso procesiona Nuestra Señora de Montserrat, bellísima Dolorosa de escuela sevillana de la primera mitad del siglo XVII. Atribuida, gracias a un documento relativo a un pleito sostenido en 1619, a un escultor de la calle de la Ballestilla, Gaspar de la Cueva, que la tallaría inicialmente hacia 1607.

Al no ser totalmente del gusto de la hermandad fue llevada a un discípulo de Martínez Montañés que tenía su taller en la calle de la Muela, para que la rehiciera. Este discípulo parece identificarse con Juan de Mesa, como lo atestiguan los rasgos estilísticos de la propia Imagen, especialmente sus bellísimas manos.

Fue restaurada por Gabriel de Astorga en 1851, y por Manuel Gutiérrez Cano en 1899, tras el incendio que sufrió el paso aquella Semana Santa, al procesionar por la calle Murillo, y que afortunadamente sólo afecto superficialmente a la encarnadura de la Imagen.


El característico paso de palio, posee una crestería en metal plateado, que se estrenó en el año 1855, obra del taller del orfebre Isaura. Fue restaurada por Villarreal en 1971, y nuevamente plateada en 1996. La crestería de metal sólo se conserva en algunos pasos de palio en la ciudad, puesto que a principios del actual siglo triunfó un nuevo modelo estético de palio que prescinde de la misma. Los varales, obra del taller del orfebre Fernando Cruz en 1955, van por dentro de las bambalinas, lo que aporta una nueva singularidad al conjunto.


Los respiraderos son del taller del orfebre Antonio Cruz (1964), de metal plateado. En el frente, en edículos, se representan las alegorías de la Fe, la Esperanza y la Caridad.

El juego de jarras se debe a Fernando Cruz y Juan Fernández, en los años 1951-1952.

Los originales candelabros de cola con cinco faroles cada uno son de los talleres de orfebrería de Viuda de Villarreal, en el año 1974.


La pequeña Imagen de la Virgen de Montserrat, Patrona de Cataluña, que preside la candelería, es obra en plata de ley, asimismo del taller de Villarreal, en 1976.

La candelería es del orfebre Manuel de los Ríos y estrenada en 1988.


Las bambalinas, de terciopelo de seda de Lyon color azul marino, están bordadas en oro a realce. Estos bordados, con motivos de rocalla, ornamentación vegetal y flores, y con castillos y leones en su interior, datan de 1889, siendo diseñadas por el artista Emilio Pizarro y bordadas por Consolación Sánchez. Fueron pasadas a nuevo terciopelo azul por las Religiosas Adoratrices en el año 1930.

El techo de palio, en el referido terciopelo azul marino, fue bordado por las referidas Religiosas Adoratrices en 1930 bajo el diseño de Sebastián y Bandarán, Director espiritual de la Hermandad y de los hermanos Pascual Cross y Caballero Sánchez. En 1974 fue pasado el bordado a nuevo terciopelo azul en los talleres de sobrinos de José Caro. En 1998 ha sido pasado a nuevo terciopelo por el taller de Piedad Muñoz de Albaida del Aljarafe.


Los faldones, en terciopelo azul marino con bordados de motivos florales y vegetales de gran hermosura, datan de 1851, del taller de Manuel Muñoz de Rivera.


El famoso manto de la Virgen completa el conjunto, siendo obra en su dibujo original de 1865, obra del famoso taller de bordados de Patrocinio López. Este magnífico manto fue estrenado en la Semana Santa de 1866, profusamente bordado en oro sobre terciopelo francés azul.

El manto fue pasado a nuevo terciopelo en 1900, a raíz del incendio sufrido por el paso de palio, y en el año 1969 por el taller de sobrinos de José Caro. Recientemente ha sido pasado a nuevo terciopelo azul de Lyon, por el taller de Piedad Muñoz de Albaida del Aljarafe, en 1994.



http://cofrades.sevilla.abc.es/profiles/blogs/los-pasos-e-imagenes-19

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