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Las antiguas hermandades de las Ánimas del Purgatorio y la fundación del Remedio de Ánimas

16 enero 2018

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Aún actualmente, son muchos los misterios y enigmas que encierra la Córdoba Cofrade, ya sea por los clásicos relatos, idealizados hasta el romanticismo, convirtiéndose posteriormente en leyendas que vencieron a la realidad, por el paso de los años que condujeron al olvido a cualquier anécdota de interés o por la simple carencia de documentos a los que tanto nos hubiera gustado tener acceso para así resolver esos interrogantes que, sin embargo, tanto nos atraen.

La singular Hermandad del Remedio de Ánimas tampoco se escapa a esas preguntas que en un momento dado, todo cofrade se hace. No obstante, a lo largo de su historia, fueron quedando una serie de imprescindibles pistas que ayudaron a las generaciones posteriores a ir uniendo las piezas del puzle hasta facilitarnos una trayectoria fiable a la que, por fortuna, nos ha ayudado a seguir con considerable certeza los pasos de la cofradía y del imponente crucificado que a nadie deja indiferente.

La corporación llamada a constituirse entre la excepcional efigie se fundaría en el siglo XVII, coincidiendo con los años de vida del célebre Cardenal Salazar. Por aquel entonces, Córdoba era el escenario de una profunda devoción hacia las denominadas Ánimas del Purgatorio, las cuales inspiraron a numerosos grupos de personas a fundar distintas congregaciones y cofradías en su honor. Así, los hermanos de las Ánimas – portando los habituales faroles turbios así como estandartes de antiguos bracateles bordados con llamas y calaveras – solían pedir limosna con el objetivo de costear con la suma obtenida las misas celebradas para aliviar los padecimientos de las mencionadas Ánimas Benditas.




Bajo esa premisa, el popular barrio de San Lorenzo se transformaría en el lugar idóneo para que un conjunto de fieles, movidos por ese extendido fervor, se citasen formando una cofradía de las citadas características en torno al año 1690. Este compromiso daría lugar a la redacción y posterior aprobación de unas reglas, responsabilidad asumida por el Cardenal de la Santa Cruz de Jerusalén, o lo que es lo mismo, fray Pedro de Salazar y Gutiérrez de Toledo, de la Orden de Nuestra Señora de la Merced y Obispo de Córdoba.

Todo avanzaba según lo previsto, en torno a una idea clara de íntimo sentimiento religioso y, era en este punto, cuando la joven hermandad escogía como su titular a la inigualable y sobrecogedora talla del Santísimo Cristo del Remedio de Ánimas, cuyos orígenes se sabían anteriores a la fundación de la corporación, pues bien era sabido que crucificado había recibido culto en el antiguo Hospital de San Sebastián – trasladado a la Calle Torrijos y de donde por tanto procedía la imagen – desde los últimos años del siglo XVI.

Desde sus primeros años, la cofradía alcanzaría una gran relevancia y protagonismo, llegando incluso a ser una de las de mayor reconocimiento tal y como se puede deducir de hechos como la concesión de la indulgencia plenaria, por parte del Soberano Pontífice Inocencio XII, para los miembros de la corporación y cofrades el mismo día de su adhesión a la hermandad. Lo mismo ocurría con los difuntos y aquellos que ya se hallaban en sus últimos días de vida.

Esta era la privilegiada realidad de la corporación cuando el Santo Cristo del Remedio de Ánimas se erigía con abrumadora serenidad y cargado de misticismo frente a las atenciones y las plegarias que los devotos elevaban. Todo a su alrededor era una viva muestra del esplendor y el fervor de los feligreses cordobeses, reflejado en un magnífico altar rodeado de suntuosas lámparas de plata, donadas por los fieles, que permanecían llenas de aceite a lo largo de todo el día para alumbrar al milagroso crucificado.




Como era normal y de conformidad con los muchísimos casos conocidos y expuestos en anteriores publicaciones, la hermandad de Ánimas también fue presa de crisis y decadencias como la que afectó a su hasta el siglo XIX imparable trayectoria. El motivo no fue otro que la famosa desamortización de Mendizábal que, transcurrido un tiempo, acabó por forzar a la corporación a anexionarse a la del Santísimo Sacramento de la Parroquia de San Lorenzo Mártir en el año 1836. Con él, la cofradía se sumió en un desconcertante lapso de tiempo de vacío histórico del que, por tanto, no quedó información alguna ni noticias de su rutina hasta que, en 1950, una corriente de escritores, artistas y poetas cordobeses se decidieron a refundar la hermandad, siendo los primeros hermanos mayores los conocidos como Señores Torralba Molina.

Para la fecha 1970, la corporación del Remedio de Ánimas ya hacía su estación de penitencia en la noche del Lunes Santo aunque tan solo con un único paso que, según la edición de Patio Cordobés correspondiente al antedicho año, “imita en forma barroca y en sus ángeles, de una belleza singular, el sepulcro del Cardenal Salazar, debido a la trascendencia que tuvo su actitud, para la creación de la Cofradía, y que aún hoy puede verse en nuestra Santa Iglesia Catedral en la que se conservan sus restos mortales. En el frontal de este «paso» figura en los desfiles procesionales la Santa Espina, valiosísimo relicario de la Pasión que los cordobeses veneran desde el año 1555 en la antigua ermita de San Juan de Letrán. Encima rodeando a la Imagen cuatro rarísimos candelabros tallados en madera, obra del notable imaginero Sr. Catilla según diseño del famoso pintor cordobés D. Miguel del Moral. La Cruz de la que pende la efigie de Cristo lleva colgante una gasa de trencilla bordada con el Sol, la Luna y las Estrellas, representando la conmoción que sufrió la Tierra al expirar Nuestro Señor Jesucristo, éste velo llamado de «tinieblas» es copiado de los antiguos crucificados españoles y que aún se conservan en muchos pueblos castellanos”.

http://www.gentedepaz.es/las-antiguas-hermandades-de-las-animas-del-purgatorio-y-la-fundacion-del-remedio-de-animas/

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