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La trágica historia de ‘Virgen del Valle’

28 enero 2018

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Noche de Jueves Santo. Muy cerca se escucha crujir plata vieja en una fuerte levantá. Suenan las primeras notas graves de una marcha y la candelería consumida se avisa por la esquina. El corazón se encoge lentamente mientras la cera llora. La música baña de armonía el comienzo de la madrugá y el público se pierde en la melodía lenta y romántica que explota cuando tras una pared encalada aparecen los ojos acuosos de la Virgen del Valle. Ahora el ambiente tiene un tono verdoso, no existe juicio que entienda la noche. Sevilla queda presa de un amor profundo que corta la respiración como si se ahogase en las aguas del Guadalquivir.





Foto Sabor Añejo

Exactamente a esa hora del 8 de noviembre de 1896, el río tenía el mismo color intenso que la Dolorosa de la calle Laraña. El vapor Aznalfarache volvía del coto de Doñana donde varios amigos de la sociedad media-alta sevillana habían pasado el día en una cacería. La pequeña embarcación desprendía alegría en su regreso a la ciudad cuando los amigos cantaban acompañándose de un acordeón. A las cinco y nueve minutos de la madrugada, la felicidad de aquella noche se vio truncada cuando el barco colisionó con el pesado buque Torre del Oro. Todo era oscuridad para las veinte personas que quedaron atrapadas en las aguas del Guadalquivir. Excepto para Alberto Barrau que en su húmeda y lenta agonía vio que la luz de la eternidad tenía el color de los ojos de su Virgen del Valle.
Barrau y Grande tenía 22 años cuando su vida se marchó con la corriente del Guadalquivir. Era doctor en Derecho y redactor del diario ‘El Porvenir’. Este hermano del Valle, ostentaba entonces el cargo de Fiscal, y solía participar como barítono acompañando musicalmente los cultos. Esta afición le llevó a conocer al compositor Vicente Gómez Zarzuela, entablando una gran amistad.
La muerte de Alberto Barrau afectó intensamente a Gómez-Zarzuela, quién creó una marcha fúnebre a piano para recordar a su amigo. La marcha se compuso en 1897 y Manuel Font Hernández de la Herranz realizó su instrumentación para banda. Por entonces, la pieza respondía al título de ‘Marcha Lenta’ y recogía algunas líneas melódicas inspiradas en las coplas que Barrau interpretaba en los cultos del Valle. El 7 de abril de 1898, Jueves Santo, se estrenó la marcha y en la calle Rioja la Virgen del Valle lloraba más que nunca con los sones de la banda del Regimiento Granada 34. Desde aquella noche, la Virgen de Alberto Barrau tiene el rumor de la marea del Guadalquivir.





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