La imagen perdida del Cirineo de Juan de Mesa

22 enero 2018

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Las redes sociales nos regalan en ocasiones auténticas joyas que permiten a los que amamos la historia de nuestras cofradías, escudriñar en su pasado para descubrir multitud de anécdotas y escenas que las vicisitudes y los caprichos del destino, y en ocasiones también de los dirigentes que tienen la responsabilidad de gestionar las hermandades, nos han hurtado para siempre, o prácticamente. Una de estas escenas, que genera de manera periódica no pocas opiniones encontradas, es el Cirineo de la Hermandad de Pasión que pueden observar y disfrutar en esta aneja portada de ABC de Sevilla del 26 de marzo de 1959 acompañada del texto “NUESTRO SEÑOR DE PASIÓN”, la obra cumbre de Montañés, entra hoy, Jueves Santo, en las inmensas naves catedraliceas. Un vivo haz de luz atraviesa las vidrieras, bañando el rostro del cirineo… (foto Serrano)”. Una imagen perdida en el sumidero de la nostalgia de muchos sevillanos en particular, hermanos de Pasión incluidos, y cofrades en general.




Al contrario de lo que muchos pudieren presuponer, esta figura no tiene su origen, en la corporación del Salvador, en el ecuador del siglo XX sino que su presencia se pierde en los confines del tiempo. La propia historia recogida en la página web oficial de la hermandad refiere que la estación de penitencia de la hermandad se verificaba desde el siglo XVI, al igual que hoy, en la tarde del Jueves Santo, presidiendo a todas las de la jornada, aunque ocasionalmente también la realizó durante la Madrugada del Viernes Santo, como sucedió en 1626. El Abad Gordillo, hacia 1630, apenas cuatro años más tarde, describe plásticamente la comitiva: “salen muy bien compuestos y en mucho número los hermanos y cofrades de ella, y llevan primero su estandarte blanco con cruz carmesí y muy bien acompañados de luces. Va siguiendo la cruz de la parroquia y luego van todos los de la disciplina, seguidos unos de otros. Y en lo último de ella Nuestro Señor en andas sobre hombros de cofrades y hermanos de la cofradía con la Santa Cruz sobre sus hombros y Simón Cirineo que le ayuda. Son ambas figuras muy proporcionadas a lo que representan y mueven mucho a devoción.
Existen diversas teorías acercad de cuándo dejó el Cirineo de acompañar al imponente Nazareno de Martínez Montañés, obra cumbre de la imaginería cofrade, pero lo que es una evidencia es que a consecuencia de la terrible epidemia de peste amarilla que asoló a la ciudad en 1800, la nómina de los cofrades de Pasión se vio considerablemente mermada, entrando la Hermandad en un estado de franca decadencia. Como lo es que la Invasión Francesa terminó por sumir a la hermandad en la más triste postración. Ocupado el Convento de la Merced, se perdieron entonces los pasos, alhajas, documentos y los más diversos enseres, impidiendo el celo de algunos frailes que también se destruyeran el altar y las imágenes. Los titulares pasaron a la iglesia de San Julián. Continuaba la vida corporativa aletargada, cuando en 1840 el Convento de la Merced fue exclaustrado y destinado a Museo de Bellas Artes. La imagen del Señor se depositó en el domicilio particular de uno de sus cofrades; la de la Virgen fue a parar a la Capilla de la Expiración (Museo) y la de San Juan a San Alberto, perdiéndose los pocos efectos que aún se conservaban.
Cuando la hermandad estaba a punto de extinguirse, la providencia quiso que algunos cofrades, entre los que figuraba el erudito José Bermejo y Carballo, decidieran restablecerla en mayo de 1841. Reunieron las imágenes en la parroquia de San Vicente, cuyo clero impuso que se colocasen en un altar portátil de paso a la sacristía, algo que no fue del agrado de los hermanos. De hecho, pocos días después, el 25 de junio de 1841, se mudaron a la parroquia de San Miguel, escogiéndose a tal fin la capilla de San José, donde estaba enterrado el célebre escritor Rodrigo Caro. Puede afirmarse que a partir de entonces comenzó una nueva era de florecimiento para esta Hermandad de Pasión, que pronto lograría convertirse en una de las más señeras de la ciudad. Volvió a procesionar en 1842 llevando prestados los pasos y enseres; gracias a dicha salida penitencial, la imagen del Señor adquirió nuevos devotos y admiradores que ingresaron en la corporación. En pocos años lograron costear un lujoso ajuar litúrgico y procesional.
El 12 de junio de 1868, la Hermandad de Pasión se fusionó con la Sacramental, Animas Benditas y Rosario de San Miguel, unión que tuvo escasa trascendencia pues, pocos meses después, la Junta Revolucionaria de Sevilla decretó el derribo de la parroquia, decidiendo la cofradía trasladarse a la iglesia colegial del Divino Salvador, que sigue siendo su sede canónica. Las imágenes se colocaron en los altares de San Fernando y San Cristóbal, sitos en la nave de la Epístola, y allí permanecieron hasta 1920, en que pasaron, de manera definitiva, al interior de la Capilla del Sagrario, al haberse fusionado en 1918 la Hermandad de Pasión con la Archicofradía Sacramental del Salvador. Como producto de dicha fusión, la Hermandad penitencial recibió todo un tesoro de gracias espirituales, un inmenso patrimonio artístico y unas dependencias adecuadas; en el calendario anual de cultos reviste especial importancia el Triduo que la corporación organiza en honor del Santísimo Sacramento y la Inmaculada Virgen del Voto, celebrando la Función Principal de Instituto en Pascua de Pentecostés.





Foto Leyendas de Sevilla

En agosto de 1940 se declaró un incendio en el almacén donde se guardaba el paso del Señor de Pasión que había sido tallado entre 1903 y 1908. Tras efectuar la salida en andas y en el paso del Cristo del Amor, en 1943 el Señor de Pasión estrena en su estación de penitencia el nuevo canasto labrado bajo la dirección de Cayetano González. En 1950, la Hermandad adquirió un Cirineo, cuya cabeza y una de sus manos se atribuyen a la gubia de Juan de Mesa, mientras que el resto del cuerpo lo comenzó José Rodríguez Fernández Andes y lo concluyó Luis Ortega Bru, encargándose de su policromía Juan Miguel Sánchez; figuró en el paso hasta 1969, siendo sustituido al año siguiente por la espléndida escultura de talla completa debida a Sebastián Santos Rojas, que fue suprimida del paso procesional en 1974.
A partir de ahí, muchos han sido las opiniones enfrentadas acerca de si la figura del Cirineo debe o no acompñar a la del Señor de Pasión cada Jueves Santo por las calles de Sevilla, opiniones más o menos fundadas, incluido un polémico informe emitido a mediados de los años setenta firmado por el restaurador Francisco Peláez Espino según el cual la presencia de esta imagen, con el movimiento del paso, perjudicaba la integridad del Señor. Fue precisamente el propio Peláez quien restauró la cabeza del Cirineo atribuido a Juan de Mesa, lo único que se conserva de la figura para que fuese expuesta en la sede de la corporación, la Iglesia Colegial del Salvador, cabeza que al parecer perteneció, tal y como recuerda Julio Dominguez Arjona a una imagen de San Agustín, que existía en el convento homónimo. En el año 1989, un Cabildo de hermanos desterró la idea de recuperar la escena por 179 votos en contra de un total de 341 emitidos. Sólo el tiempo dirá si algún día, imágenes maravillosas como la de la portada de ABC del 26 de marzo de 1959 volverán a ocupar un lugar de privilegio en nuestras retinas. Mientras tanto muchos quedaremos resignados a rebuscar en antiguas fotografías y tal vez bucear en nuestros sueños para imaginar al Señor de Pasión tal y como fue concebido en aquel lejano siglo XVI.

http://www.gentedepaz.es/la-imagen-perdida-del-cirineo-de-mesa/

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