La evolución de la Carrera Oficial: recorridos, causas y consecuencias

El Consejo de Cofradías y el Ayuntamiento ya trabajan en una reforma de la Carrera Oficial de cara a 2019. Se han rescatado proyectos que estaban guardados en el cajón y se ha vuelto a hablar de cambiar Sierpes por Tetuán o incluso de llevar el inicio a la Puerta de Jerez. El debate es tan antiguo como la Semana Santa. La Carrera Oficial es producto de una necesidad por controlar los horarios e itinerarios de las cofradías y su evolución ha respondido siempre a motivos de orden público.
Según el catedrático de Geografía e Historia José Luis Ruiz Ortega, autor también de libro «Geografía urbana de la Semana Santa», afirma que «como tal, Carrera Oficial llamada así, con todos sus controles, sólo ha habido la que conocemos actualmente, lo que hay son precedentes». Así, de forma cronológica, se pueden establecer varios hitos que van configurando lo que actualmente conocemos.

1604: la Catedral

Hasta principios del XVII, las hermandades hacían estación de penitencia en conventos e incluso en lugares extramuros, como el templete de la Cruz del Campo o el hospital de San Lázaro, hasta donde llegaba El Silencio. Sin embargo, y como cuenta Ruiz Ortega en su libro, «debido a la proliferación de cofradías en las últimas décadas del siglo XVI, tanto la Autoridad Eclesiástica como la política decidieron poner orden en las estaciones de penitencia». Así, en 1604, el cardenal Niño de Guevara ordena a todas las cofradías a ir hasta la Catedral, a excepción de las de Triana, que irían a Santa Ana.
Esto hizo que todas las cofradías pasaran por los lugares centrales como la plaza de San Francisco, donde está el Ayuntamiento, y la calle Génova, «porque es un camino lógico y de lucimiento».





La Esperanza de Triana pasando por la calle Sierpes entre los años 1923 y 1928

1777: primer precedente

Aquel año, el Gobierno impuso que todas las cofradías tenían que discurrir por un itinerario común hasta llegar a la Catedral, a fin de ordenar el paso de las hermandades. La causa era que, hasta entonces, «las disposiciones sinodales no establecían más horario que el de la salida, de ahí que no fuesen extrañas las coincidencias de algunas cofradías en un mismo lugar y que éstasterminasen a veces a ciriazos», comenta el que fuera hermano mayor de la Candelaria.
Por ello, una Real Orden firmada por el Rey Carlos III constituyó, en 1777, lo que se conocía como la Saleta, un tribunal que se situaba en la confluencia de las calles Sierpes con Cerrajería, que hacía cumplir por primera vez los horarios de llegada a este punto. Los cortejos debían discurrir desde este punto hasta la Catedral, pasando por Sierpes, plaza de San Francisco y la Avenida.
Seis años más tarde, en 1783 se reunió por primera vez el Tribunal del Provisor del Arzobispado, la Audiencia y el Cabildo Municipal para señalar el itinerario, las estaciones, los lugares de paso y las horas a las distintas hermandades. «Es el precedente del actual Cabildo de Toma de Horas», señala Ruiz Ortega.

Un antiguo parcelista

1859: la venta de sillas

La primera ampliación de la Carrera Oficial llegó en la segunda mitad del siglo XIX. La Semana Santa había sufrido una enorme crisis, numerosas cofradías habían desaparecido o perdido sus bienes. Por ello, coincidiendo con la Restauración monárquica, el Ayuntamiento vio una oportunidad para promocionarla como fiesta mayor de la ciudad para atraer al turismo y lograr un impulso económico. De esta forma, a iniciativa del alcalde García de Vinuesa, colocó sillas y extendió el recorrido obligatorio, tras salir de la Catedral, por Placentines y Francos hasta la confluencia con la Cuesta del Rosario.
Así se mantuvo hasta el año 1900. El catedrático de Geografía e Historia explica que al año siguiente, en 1901, «se eliminaron las calles Placentines y Francos para terminar en la Catedral». La razón, explica, es que «los pasos cada vez eran más grandes y costaba más trabajo pasar por la estrechez de Placentines. De hecho, según recogen las crónicas, el Cachorro se dejó una mano en un balcón de esta calle».

1918: la Campana

En la Guía de Fiestas Mayores de 1900, que es el precedente de los actuales programas de horarios e itinerarios, no se hace ningún tipo de referencia a la Carrera Oficial. Sin embargo, si se aprecia que el 90% de las cofradías pasaba por la Campana y la primera parte de Sierpes. Buscaban esta zona por el lucimiento que suponía. Explica José Luis Ruiz Ortega que allí se encontraban los negocios de la burguesía, los casinos y clubes sociales como el Labradores.
Asimismo, hasta entonces, seguían siendo muy habituales las broncas entre las hermandades por llegar antes e incluso se colaban unas por delante de otras. Uno de los puntos más problemáticos era Hernando Colón, ya que al suprimirse en 1901 el paso por Placentines y Francos, muchas tendían a volver por esta calle. «Allí se liaba porque se cruzaban. Un ejemplo ocurrió en 1912, cuando el Gran Poder aprovechó que la cruz de guía de la Macarena no había llegado todavía y cruza por la Punta del Diamante hasta García de Vinuesa. La bronca fue histórica. La de San Gil decidió cortar el cortejo de la de San Lorenzo; los nazarenos y el paso del Gran Poder continuaron por Fernández y González y los de la Virgen por Francos, reuniéndose ambos en el Duque».

Una cofradía pasando por los palcos de la Plaza de San Francisco




Otra anécdota curiosa ocurrió dos años después, el Miércoles Santo de 1914, cuando cinco cofradías (el Baratillo, los Panaderos, el Cristo de Burgos, las Siete Palabras y la Lanzada) se encontraron en la Punta del Diamante. «El atasco se resolvió pero las tres últimas no pudieron entrar en la Catedral al cerrarse las puertas para celebrar el Miserere», apunta Ruiz Ortega.
Es por ello por lo que el Ayuntamiento decidió intervenir y prohibir el paso por Hernando Colón. Asimismo, en 1917 se decidió volver a cambiar el recorrido común de las cofradías: aprovechando que la mayoría pasaban por la Campana y que era necesario establecer un orden,se estableció un palquillo en esta plaza con un control horario. «La Campana es en realidad lo más nuevo de la Carrera Oficial», afirma el catedrático.
Ahora, cien años después, el aumento de las sillas y las nuevas necesidades en materia de seguridad han creado un debate para reformar la Carrera Oficial.

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