Juan de Astorga y su obra más desconocida

Juan de Astorga nace en Archidona, el 22 de agosto de 1777, aunque desde muy joven se traslada a Sevilla. Tenía 16 años cuando comienza a estudiar en la Academia de las Tres Nobles Artes, recibiendo la enseñanza, entre otros, de Cristóbal Ramos y Blas Molner. Terminaría además impartiendo clase, siendo director de la cátedra de escultura desde 1810 hasta 1825. Su amplia producción se debe en parte a que las hermandades recurrieron a él para que realizase obras que vendrían a sustituir a las desaparecidas tras la invasión francesa.




Aquellas imágenes desaparecidas, ejecutadas en distintos períodos, serían ahora sustituidas por otras que tendrán en común la impronta romántica imperante durante el XIX. Un canon que imprimió a la mayor parte de las dolorosas que realizó, entre las que se encuentran la Virgen de la Angustia, de los Estudiantes, La Virgen de la Esperanza, de la Trinidad, La Virgen del Buen Fin, de la Sagrada Lanzada, la Virgen de la Presentación, del Calvario o la Virgen de los Dolores, de Camas. También fue autor de las figuras secundarias del Duelo del Santo Entierro, de cuya junta de gobierno formó parte. Sin embargo, también ejecutó otras dolorosas más desconocidas, como la Soledad de San Ildefonso o la Dolorosa de Capuchinos.
Esta dolorosa, de 1,50 m. de altura, se encuentra en el convento de Capuchinos y, aunque no hay documento que certifique su autoría, es indudablemente que salió de las manos de Astorga. Diversos estudiosos sitúan su hechura entre 1812-1815 y fue donada a la comunidad por Dª Francisca de Lorenza, esposa de D. Pedro Pumarejo, para que recibiera culto público. La familia, consciente de la valía artística de la talla, puso algunas condiciones antes de entregarla, como, por ejemplo, misas a perpetuidad y que tuviera siempre dos lamparillas encendidas. La familia también entregó un dinero para que se realizasen sus cultos el Viernes de Dolores.
Durante las insurrecciones cantonales, la imagen se salvó gracias al padre Sotelo, pues el convento fue arrasado por las llamas durante aquel convulso capítulo acaecido durante el Sexenio Democrático. Parte de las corporaciones que se fundaron en el ya entrado siglo XX fijaron sus ojos en ella para que formara parte de las recientes hermandades, sin que llegase a fructificar ninguno de los acuerdos que se pretendían. Entre ellas, la hermandad de Santa Marta, que preguntó además por las dolorosas que se encuentran en San Bartolomé y en San Ildefonso.
Situada en una hornacina en la cabecera de la nave lateral del evangelio de la iglesia del Convento de Capuchinos, la Virgen participó en la magna exposición mariana de 1929, realizada con motivo del Congreso Mariano, compartiendo templo con otras de gran trascendencia. En 2006 comenzó a celebrarse solemne besamanos en su honor el Viernes de Dolores ― en 2017, como curiosidad, se producía este acto en la capilla de los Ángeles ―, rescatándose también el tradicional Vía Crucis que recorría durante cuaresma y que no se realizaba desde hacía dos décadas. También destacó vestida de hebrea en 2011 por Antonio Bejarano, pues no se recordaba una estampa de estas características desde hacía tiempo.
Juan de Astorga fallecería el 11 de septiembre de 1849, siendo sepultado en el desaparecido cementerio de San Sebastián, tras la misa parroquia de San Miguel. Lejos de allí, en la iglesia del convento de Capuchinos, descansa a los pies de una de sus obras el escritor fray Ambrosio de Valencina, gran devoto de la imagen. Durante la Semana Santa no pocas dolorosas de Astorga hacen estación de penitencia al templo metropolitano. Otras, como es el caso de esta dolorosa, permanecen alejadas de las bullas en diversos templos de la ciudad, rodeadas de ese halo romántico que Astorga imprimió a sus obras.




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