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El crucificado cerámico de la bomba atómica

19 enero 2018

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Azulejo del Cristo de la Buena Muerte28 de julio de 1949. El año de la basílica de la Macarena, de la creación de Instituto Murillo y de la primera portada efímera de la Feria tras la Pasarela. Años de hambre en la mente de muchos, todavía con cartillas de racionamiento de los alimentos básicos. La hermandad de los Estudiantes ultimaba la celebración de sus bodas de plata. Entre las actividades programadas estaba la realización de un azulejo cerámico que representaría al Cristo de la Buena Muerte, una obra destinada a la fachada lateral del templo de la Anunciación, por entonces la sede universitaria que acogía a la hermandad. La pieza se encargó al afamado ceramista Antonio Kiernam Flores, autor de los más reconocidos retablos cerámicos de la ciudad, siendo la tasación 4.156 pesetas de la época, presupuesto que aprobó la junta de gobierno de la hermandad aquel día 28 de julio.
Kiernam había nacido en Sevilla en 1902, aunque su familia era de ascendencia alemana. Ya por entonces destacaba como uno de los mejores retablistas cerámicos de la ciudad; sin duda, junto aAntonio Morilla fue el mejor autor de los retablos cerámicos que se realizaron en Sevilla entre 1940 y 1960. Su aprendizaje había comenzado en 1912 en el taller de su tío, Manuel Rodríguez y Pérez de Tudela, en la fábrica de Santa Ana, al tiempo que asistió a clases de dibujo en la Escuela de Artes y Oficios, donde se formaría en un dibujo de realismo casi fotográfico que aplicaría a muchas de sus obras.






Azulejos de la Virgen de la Concepción y de la de Todos los Santos
Azulejos de la Virgen de la Concepción y de la de Todos los Santos
Uno de sus primeros retablos cerámicos para las hermandades de la ciudad fue el que realizó en 1924 para la hermandad del Silencio, reproduciendo las imágenes de la antigua Virgen de la Concepción junto a San Juan. Le seguiría el retablo de la Virgen de Todos los Santos en la parroquia de Omnium Sanctorum, (1928) obra de gran calidad por la técnica de cocción, colorido y dibujo, a la que seguirían los retablos de los titulares de la hermandad de los Panaderos, ya en 1929, con los dos Titulares (con la particularidad de mostrar al Señor conservado hoy en la parroquia del Juncal) realizados con el procedimiento de la «cuerda seca» y un marco arquitectónico inspirado en el retablo del Gran Poder, obra de su tío Manuel Rodríguez y Pérez de Tudela.
Azulejos de la Virgen de Regla y de la Macarena
Azulejos de la Virgen de Regla y de la Macarena
En 1946 realizó el retablo callejero del Nazareno de las Tres Caídas de San Isidoro, con fuente de inspiración en un cuadro de Manuel González Santos que posteriormente fue subastado para sufragar los gastos de la obra. En 1948 recibió el encargo de la hermandad de la Macarena, representando a la Virgen a partir de una fotografía, en un retablo que se situó originalmente en la calle San Luis y que hoy se conserva en el pasillo interior de la Basílica. Años en los que reprodujo en numerosas ocasiones a Nuestro Padre Jesús de la Pasión, como en el lienzo inspirado en el famoso lienzo de Turina o en innumerable reproducciones de devoción particular.
El azulejo del Cristo de la Buena Muerte se proyectó con una atrevida estructura de mármoles o piedra que finalmente se quedó, carestía de la época, en una barroca orla de cemento, formada por una acumulación de elementos tipo rocalla y de formas mixtilíneas, que se coronaban con jarras y pináculos en su parte superior. Fiel a su estilo realista inspirado en fotografías (en este caso una de González Nandín), Kiernam realizó un paño cerámico en el que se podía ver un desnudo Monte Calvario, una Jerusalén ideal y el Cristo de Juan de Mesa en un fotográfico primer plano. El fondo mostraba un impactante juego de nubes sobre el cielo azul. El proceso fue largo, ya que el retablo no se definitivamente, tras múltiples trámites, hasta octubre de 1953. Las gestiones no fueron fáciles ya que estaría situado sobre uno de los muros laterales de la iglesia de la Anunciación, la mejor muestra de la arquitectura jesuítica del siglo XVI en Sevilla.
El retablo cerámico gustó, pero rápidamente surgió la comparación. Al más puro estilo sevillano, donde el comparativo es la mejor carta de presentación. Y de guasa… Habían pasado ya algunos años del lanzamiento de las bombas atómicas contra las ciudad japonesas de Hiroshima y Nagasaki, pero alguien acabó haciendo la comparación con el impactante fondo de nubes que rodeaba al Crucificado de la Buena Muerte. Durante mucho tiempo hubo un retablo cerámico conocido como el de la bomba atómica…
Azulejos del Cristo de San Agustín y del Cristo de Burgos
Azulejos del Cristo de San Agustín y del Cristo de Burgos
La Esperanza de Triana
La Esperanza de Triana
La carrera de Kiernam continuó, poblando la ciudad de algunos de sus retablos cerámicos más conocidos. En 1950 llegaría el retablo de laVirgen de la Estrella, corporación de la que Kiernam era hermano, con un presupuesto de 16.000 pesetas que se financió con donativos de particulares y de comerciantes del barrio. En 1952 realizó el retablo del Cristo de Burgos, donde optó por un leve levantamiento del rostro del Señor y colocó algunos elementos de un grabado de Gustavo Doré, además de lascatedrales de Burgos y de Sevilla. En 1955 llegó el recuerdo a la presencia de la Esperanza de Triana en el mercado del Arenal, antigua cárcel del Pópulo desde la que cantaban saetas los presos a la Virgen, y el de Santa Lucía de la parroquia de Santa Catalina, sufragado, como no podía ser menos, por la O.N.C.E.
Por citar algunas obras más del gran maestro del retablo cerámico, habría que recordar la realización de los Titulares del Baratillo en 1960, del azulejo de Madre de Dios de la Palma (encargo particular que se basó en una fotografía de la Virgen vestida de hebrea y retratada por Fernand) o el de la Virgen de la Hiniesta, colocado en 1962 en la puerta de su templo de San Julián.
Azulejo del Cautivo de San Ildefonso y de la Virgen de la Hiniesta
Azulejo del Cautivo de San Ildefonso y de la Virgen de la Hiniesta





Son sólo algunas muestras de un maestro de la cerámica, Antonio Kiernam Flores (1902-1976), que ornamentó las fachadas de la ciudad con algunos de sus mejores retablos callejeros y que un día de julio de 1953 recordó a los sevillanos, sin proponérselo, que la Buena Muerte siempre triunfa sobre la devastación de una bomba atómica…

pasionensevilla

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