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Crónica de una jornada para el recuerdo

25 enero 2018

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Sevilla, sábado 26 de marzo de 1932. El clima de crispación política era más que palpable en la capital hispalense, hecho del que daba buena cuenta el periódico El Liberal que, subtitulaba en la crónica de su portada: “La cofradía de la Virgen de la Estrella desfiló en la tarde del Jueves Santo en medio del entusiasmo delirante del público”. Una afirmación entusiasta que, a priori, podía llevar a engaño, pues inmediatamente después se plasmaba un suceso de lo más reseñable: “En la calle de las Sierpes fue arrojada una piedra contra el paso del Señor, y al entrar en la Basílica el paso de la Virgen hicieron contra él dos disparos”.
La fecha y el adelanto no deja duda de la jornada a la que nos estamos refiriendo, que no es otra que aquella que a la Estrella le valió para ser conocida en lo sucesivo como “La Valiente”. Evidentemente, no sería la primera vez que alguien – y tampoco Gente de Paz – intenta traer al presente el histórico día que tanta expectación e interés sigue suscitando aun a día de hoy, incluso a pesar de que ya son 85 los años que han transcurrido desde entonces.
Como ya se ha recordado en anteriores ocasiones y de conformidad con lo relatado en la página principal de aquella edición de El Liberal, el barrio de Triana se deshacía en apoyos a la Hermandad de la Estrella, que definitivamente decidía dar un paso adelante obviando todo acuerdo y recomendación en cuanto a lo crítico del contexto que envolvía aquella remota Semana Santa. El seguimiento de la procesión fue a todas luces masivo, pues el pueblo sevillano no quiso en ningún momento apartarse de los pasos de la cofradía, que por momentos parecían escoltados por los propios devotos. La narración del mencionado diario bien podría hacer de contrapunto para la versión más popularizada del Jueves Santo hispalense, siempre conocido por los famosos incidentes que lo hicieron pasar a la historia.




La publicación no podía pasar por alto los aspectos más positivos de la salida procesional de la corporación de la Estrella, que había tardado más de dos horas en su recorrido desde su barrio hasta San Pablo desatando el fervor popular en puntos tan estratégicos como el puente de Triana y arrancando una ingente cantidad de vivas y saetas a su paso por las distintas calles de la ciudad.
Sin embargo, el primer incidente tendría lugar en la calle Rioja “que cortó de modo rotundo y admirable el mayordomo de la cofradía. No se sabe de dónde partió – aunque se supone que desde la esquina de la calle José de Velilla –; pero sobre el palio cayó un objeto pesado, que produjo extraordinaria alarma. Se trataba de un remate de pasamanos en forma cilíndrica, macizo, de cemento blanco y con peso de más de un kilo”.
Como se anticipaba al comienzo, la esquina calle Sierpes también fue escenario de tensiones cuando al llegar el paso del Señor “un grupo situado en la de Santa María de Gracia gritaron ‘¡Viva el comunismo libertario!’, respondiéndole con vivas á la Virgen de la Estrella. Esta controversia dió origen á carreras y sustos, cundiendo la alarma entre el público que presenciaba el desfile”. Los ataques no se limitaron a lo ya descrito, ya que el titular de la hermandad fue objeto de una agresión cuando le arrojaron una piedra que rompió el ala de uno de los ángeles del paso y finalmente terminó golpeando a un soldado, hecho que concluyó con la detención del autor.
La llegada a la Catedral de la cofradía se tradujo en uno de los momentos más emocionantes y emotivos de la jornada a pesar de la intolerancia y la rabia materializadas en los famosos disparos efectuados cerca de la denominada Plaza del Triunfo de la República y que tuvieron como meta el paso de la Virgen de la Estrella, ocasionando la rotura del parabrisas posterior y algunos agujeros del palio.
Ni las citadas embestidas ni las intenciones que hicieron de motor consiguieron empañar la decidida actuación de la corporación de Triana, cuyo ánimo, lejos de decaer, se mantuvo intacto en todo momento, continuando su marcha con la máxima dignidad y orgullo y arropada por el cariño y la convicción de los sevillanos que tanto secundaron la admirable y eternamente recordada determinación de la Estrella. Ni siquiera el regreso a su templo, una vez concluida la estación de penitencia, supuso el punto final al Jueves Santo que tanta curiosidad ha despertado en las sucesivas generaciones de cofrades, independientemente de la procedencia de estos.
No podía pasar desapercibida la Madrugá hispalense, pues aún “sin ella”, El Liberal contaba en su publicación del 32 más de 500 personas congregadas en la Plaza de San Lorenzo, algunas entre las que se incluían cantaores que puntualmente acudían a su cita con el Señor de Sevilla para dedicarle sus prometidas y habituales saetas.
Por su parte, San Gil aún era el marco en que crecía la devoción al otro rostro por excelencia de la madrugada del Viernes Santo. Todavía faltaba un tiempo hasta que el templo fuese saqueado y quemado como uno más de los disturbios ocasionados en 1936 en el contexto de la horrible Guerra Civil. Por aquel entonces, las puertas de la iglesia se abrían amablemente para acoger a las oraciones de los incontables devotos de la Macarena que allí se habían reunido para celebrar los oficios previamente programados.
La solemnidad del momento, terminó dando paso al fervor popular, manifestado en forma de saeta hasta que la sucesión de estas se convirtió en una auténtica lluvia que se prolongó no solo durante las primeras horas de la madrugada sino también durante todo el día siguiente.
Al margen de la tranquilidad que reinó en una considerablemente reprimida Madrugá, los sevillanos no estaban dispuestos a pasar por alto las no pocas agresiones de las que había sido objeto la Hermandad de la Estrella. El pueblo había visto en ellas un atentado contra sus tradiciones, las cuales eran respaldadas por una más que poderosa mayoría en detrimento de otras manifestaciones aisladas y más individuales que otra cosa que, no obstante, trataron de amedrentar a una Sevilla Cofrade que no estaba dispuesta a agachar la cabeza, consciente de que su Semana Santa siempre ha sido un símbolo representativo de la capital hispalense.





http://www.gentedepaz.es/cronica-jornada-el-recuerdo/

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