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Mater Dolorosa: El ideal de Eslava en la Hermandad de Santa Cruz

12 diciembre 2017

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Tal día como hoy, un 4 de julio de 1967, hace cuarenta y nueve años el Cabildo General de la Hermandad de Santa Cruz, convocado con carácter extraordinario, aprobó la adquisición de la imagen de la Virgen de los Dolores tallada por Antonio Eslava Rubio como Titular de la corporación.
Se ponía así punto y final a un arduo proceso iniciado en 1962 cuando se decidió que, al quedarse solo el Crucificado en el paso, procesionase bajo palio la Virgen que poseía la Hermandad, no sin antes ser retocada convenientemente por Juan Abascal. Sin embargo, la iniciativa quedó truncada a la vista de los resultados, pues aunque aquella dolorosa llegó a salir en 1965 y 1966, el malestar interno era palpable. Por ello, varios grupos de hermanos emprendieron de manera privada la tarea de encontrar una nueva imagen acorde al espíritu de la cofradía. Entre ellos, unos acudieron al taller de Antonio Eslava Rubio buscando la escultura que habían contemplado poco tiempo atrás en el escaparate de un comercio de tejidos de la calle Rioja.
La propuesta fue planteada ante la Junta de Gobierno y consensuada con una comisión formada por profesores y artistas, que mostraron su conformidad ante la talla. De este modo, el Cabildo General aprobó la adquisición de la obra por un precio de 30.000 ptas. y la donación de la anterior a la parroquia de Bonares. Finalmente, fue bendecida la tarde del 25 de octubre de 1967 en una solemne ceremonia oficiada por el párroco D. Servando Delgado Morgado, que fue el punto de partida al triduo en su honor celebrado durante los días siguientes.
1967. La Virgen de los Dolores (Hdad. de Santa Cruz) durante la ceremonia de su bendición.







1967. La Virgen de los Dolores (Hdad. de Santa Cruz) durante la ceremonia de su bendición.
Aquella ceremonia fue el inicio de una nueva etapa en la Hermandad de Santa Cruz y un punto de inflexión en la vida de Eslava, su consagración después del esfuerzo iniciado una década antes cuando por desavenencias tuvo que abandonar el taller de Castillo Lastrucci y emprender su oficio en solitario. No debieron ser fáciles estos inicios en la estrechez del apartamento que ocupaba con su madre en el corral de vecinos situado junto a San Juan de la Palma. Pronto se dio cuenta, seguramente aconsejado por sus incondicionales Juan Pérez Calvo y Antonio Fernández “Fernand”, que poco futuro podría esperar en Sevilla si continuaba la línea estilística de su maestro.
La oportunidad llegó en 1962 cuando irrumpió con la imagen de María Santísima de los Dolores y Misericordia (Hdad. de Jesús Despojado) en una Sevilla cofrade, donde los modelos dulces de Astorga y castizos de Lastrucci estaban asentados como incuestionables en la imaginería mariana.  Aquella Virgen, encargada por Fernand, suponía la aparición de un prototipo nuevo de Mater Dolorosa, que aunaba madurez en su rostro, expresión trágica en su gesto y una profundidad espiritual en su elevada mirada. Era el inicio de una corriente experimental emprendida por el artista en torno a la expresión del dolor, que continuó a lo largo de su carrera y que ratificó en Sevilla años después con la bendición de la Virgen de los Dolores de Santa Cruz.
María Santísima de los Dolores y Misericordia (Hdad. de Jesús Despojado). Antonio Eslava Rubio, 1962.
María Santísima de los Dolores y Misericordia (Hdad. de Jesús Despojado). Antonio Eslava Rubio, 1962.
La dolorosa del Martes Santo puede ser interpretada como un paso más en la experimentación que desarrolló Eslava en el terreno de la expresión y elocuencia de las imágenes de candelero a través de los tres elementos básicos que la componen: rostro, manos y atuendo. Consciente de la importancia de estos tres aspectos en la composición final, trató de conjugarlos formando una unidad plástica con la que lograba cerrar su expresión y dotarla de un aura de recogimiento.
En el tratamiento del busto marcó más el desvío de la cabeza y el giro de su rostro,  obteniendo una postura que le aporta movimiento en su visión conjunta y refuerza el sentimiento doloroso. Este ademán provoca que la disposición de las lágrimas rompa la simetría, al desviarlas por las mejillas en función de su postura. Se observa una recreación especial en la zona del mentón y la boca para enfatizar aquí toda la carga expresiva de la imagen, recurriendo nuevamente a la boca entreabierta suspirante y redondeando aún más los rasgos que evidencian una madurez muy lejana al modelo juvenil tan arraigado en Sevilla.
Estampa de la Virgen de los Dolores de Santa Cruz propiedad de Antonio Eslava Rubio, cedida por Antonio Bermudo para esta entrada. Reproduce una fotografía realizada por José Garduño.
Estampa de la Virgen de los Dolores de Santa Cruz propiedad de Antonio Eslava Rubio, cedida por Antonio Bermudo para esta entrada. Reproduce una fotografía realizada por José Garduño.







Las manos siguen un canon alargado con una disposición de los dedos de forma gradual y delicada de gran belleza, que subraya la serenidad de la imagen. Éste fue uno de los logros más aplaudidos en el ambiente cofrade, que lo llevó a ejecutar las manos de imágenes como la Virgen del Dulce Nombre y San Juan Evangelista (Hdad. de la Bofetá), el Señor de la Sentencia y la Virgen del Rosario (Hdad. de la Macarena) o la Virgen de la Salud (Hdad. de San Gonzalo). En este sentido, resulta muy ilustrativo el caso de la Virgen de la Victoria de Huelva, obra en la que su autor, Luis Álvarez Duarte, deseó mantener las manos que Eslava talló para la anterior imagen.
Manos de María Santísima de los Dolores (Hermandad de Santa Cruz) fotografiadas por Daniel Villalba.
Manos de María Santísima de los Dolores (Hermandad de Santa Cruz) fotografiadas por Daniel Villalba.
Las vírgenes de Eslava eran concebidas teniendo en cuenta el modo con el que debían ser ataviadas. Al igual que sus amigos Pérez Calvo y Fernand, Antonio Eslava también desempeñó una importante labor como vestidor mediante un estilo muy personal, que trataba de descubrir el busto de la dolorosa abriéndole el tocado parar mostrar detalles, como el pelo, las orejas o la clavícula, que fortalecían la plasticidad de la obra.
1962. Nuestra Señora de la Amargura (Castilblanco de los Arroyos) fotografiada por Antonio Fernández Rodríguez “Fernand” y ataviada según la idea de Antonio Eslava Rubio.
1962. Nuestra Señora de la Amargura (Castilblanco de los Arroyos) fotografiada por Antonio Fernández Rodríguez “Fernand” y ataviada según la idea de Antonio Eslava Rubio.
En la Mater Dolorosa creada por Eslava se aprecia su admiración por los maestros del barroco sevillano, especialmente por Montes de Oca, de quien toma la expresividad trágica plasmada en la disposición de la boca o de las cejas y en el protagonismo de la barbilla. Su innovación reside en la perfecta conjunción que logra entre la tradición andaluza y los cánones castellanos de Gregorio Fernández y levantinos de Salzillo, escultor que conocía a la perfección. Asentó de este modo,  un estilo veraz y efectista que parece apuntar de alguna manera el hiperrealismo en el que se mueven hoy algunos escultores contemporáneos.
Comparativa: Dolorosa de Gregorio Fernández y la Virgen de los Dolores (Santa Cruz). Se observan analogías expresivas como el tratamiento de la barbilla y los rasgos faciales redondeados.
Comparativa: Dolorosa de Gregorio Fernández y la Virgen de los Dolores (Santa Cruz). Se observan analogías expresivas como el tratamiento de la barbilla y los rasgos faciales redondeados.
Comparativa: Dolorosa de Salzillo y la Virgen de los Dolores (Santa Cruz). Los paralelismos son evidentes con la obra del escultor levantino, de quien tomó también el modo de vestir la imagen al descubrir el pelo, las orejas y buena parte de su frente y clavícula.
Comparativa: Dolorosa de Salzillo y la Virgen de los Dolores (Santa Cruz). Los paralelismos son evidentes con la obra del escultor levantino, de quien tomó también el modo de vestir la imagen al descubrir el pelo, las orejas y buena parte de su frente y clavícula.
Explicaba la escultora Lousie Bourgeois que el gran privilegio de su oficio era contar con sus sentimientos y sensaciones como herramientas de trabajo y algo similar debía sentir Antonio Eslava cuando al observar sus dolorosas sevillanas pormenorizadamente uno parece reconocer su carácter retraído, humilde y profundo. Las vírgenes de Eslava carecen de la altivez hierática  propia de las dolorosas bajo palio y se retrotraen en sí mismas en una sumisión dramática expresada a través de su gesto suplicante. Son imágenes que parecen huir del presente, que apartan la mirada directa del orante buscando en el cielo otra dimensión espiritual que va más allá de lo terrenal. Así fue Antonio Eslava Rubio, un hombre humilde, trabajador incansable y ensimismado en su propia sensibilidad, buscando quizás un ideal de belleza expresiva que plasmó en sus personalísimas tallas. Trabajó siempre en la soledad de su taller, ajeno a los reconocimientos y en un silencio, que aún hoy rodea su figura. Vivió sin más riqueza que sus herramientas, su oficio, un catre que cedía a sus esculturas cuando iban adquiriendo forma y alguna que otra fotografía de sus recuerdos e imágenes más cercanas. Murió sin apenas alguna breve mención en la prensa sevillana y todavía cuesta encontrar trabajos que aborden el estudio de su obra o enumerar los actos de homenaje y recuerdo que hayan podido celebrarse en el mundo cofrade. El próximo 2017 la Virgen de los Dolores de Santa Cruz cumplirá su quincuagésimo aniversario, a todas luces la oportunidad perfecta para culminar lo iniciado hace unos años por la Hermandad de Jesús Despojado y colocar la aportación de Antonio Eslava Rubio en el lugar primordial que merece.
Fuentes consultadas:







ABC. Sevilla. 26/10/1967. Pág. 40.
BERMUDO SALAS, Antonio Miguel: “Antonio Eslava Rubio (1909-1983): su aportación a las hermandades de la ciudad de Sevilla”. En Boletín de las Cofradías de Sevilla. N1 653. 2013.
Agradecimientos:
Este artículo no hubiera sido posible sin la generosidad de D. Antonio Bermudo, que tan gentil y rápidamente nos ha facilitado artículos, fotografías y conferencias, frutos de su incasable labor de investigación desarrollada durante años en torno a la trayectoria de su paisano Antonio Eslava Rubio.
    http://elpalquillo.es/mater-dolorosa-el-ideal-de-eslava-en-la-hermandad-de-santa-cruz/

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