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Los pasos e imágenes desaparecidos en Sevilla: Hermandad del Calvario

16 diciembre 2017

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La formalización y reorganización de la Hermandad la llevó a cabo el Cardenal Ceferino González el 9 de Marzo de 1886. Tras la aprobación de las reglas, la junta creyó conveniente que fuera la escena del Calvario la que procesionaria en la estación de Penitencia.

El simulacro pasionario del único paso de la Corporación, por aquellos años, estuvo constituido por el Cristo del Calvario, la Virgen de la Presentación y San Juan Evangelista, que fueron la herencia recibida en la citada reorganización.

Para completar el misterio se encargaron, en 1.888, las imágenes de María Magdalena, María de Cleofás y María de Salomé, al escultor Ángel Álvarez. El conjunto procesionó, por primera vez, el Miércoles Santo del referido año, ocupando el último lugar en la Carrera Oficial.


El paso presentaba unas pequeñas dimensiones, que oscilaban entre los 2,5 metros de ancho y los 3,30 metros de largo aproximadamente. Las proporciones casi cuadradas del canasto permitían la distribución de los personajes en torno a la figura del Crucificado, cuya imagen sobresalía de forma considerable sobre el conjunto con el objeto de dar a la escena un marcado carácter cristológico.


Las imágenes de la Virgen y San Juan estaban distribuidas a derecha e izquierda del madero, para reparar en el evangelio de San Juan (Jn.19,26), en el cual Jesús le entrega su madre al discípulo amado. La Magdalena, de forma inusual, aparecía separada de los pies del Maestro. Y las marías restantes, también de manera excepcional, mantenían una altura similar a las imágenes de la dolorosa y el Evangelista.

Simbólicamente se apartaba del modelo pasionario barroco, que recogía la angustia que vivieron los personajes que presenciaron la Crucifixión. Este misterio se concibió a modo de "Sacra Conversación", donde las figuras aparecen dialogando. La escena se sitúa en el paso previo a la tetralogía fúnebre: Descendimiento de la Cruz, Jesús en brazos de María, la lamentación y el Santo Entierro. Se trata de una composición de progenie neoclásica y tintes románticos.

Este carácter romántico se reflejaba, en los variados y simbólicos colores de las indumentarias. Dichos tonos se alejaban de las prendas enlutadas que lucía gran parte de los misterios pasionales por aquellos años. Nos mostraba, pues, el gusto burgués que había tomado la Corporación tras la reorganización de 1886. El contenido simbólico de ese cromatismo textil no fue entendido por el pueblo, lo que le valió al paso el sobrenombre de "El cromo".

El canasto que sustentaba el misterio medía unos 80 centímetros de altura. Fue concebido en estilo neoclásico, siguiendo el gusto estético de la época de la Restauración Borbónica en torno a 1875. Se trataba de un paso pequeño para albergar un misterio de seis figuras. Su decoración estaba formada por un friso y una cornisa.

El friso presentaba en su parte frontal tres ménsulas. La central estaba compuesta por unas guirnaldas coronadas por un sol que irrumpía en la cornisa, y las laterales se exhibían en forma de triglifos. Los espacios existentes entre las pilastras estaban formados por paños rectangulares configurados por hojas de acanto. Este paso procesionó por última vez el Miércoles Santo de 1892.

Tres años más tarde la cofradía no realizó estación de Penitencia a la Catedral. En 1895 estrenó dos pasos y suprimió definitivamente el misterio. En el primero figuraba el Cristo del Calvario en un paso de estilo neogótico. La Virgen bajo palio iba en el segundo acompañada, a veces, por San Juan.


El canasto del paso del Cristo era de dimensiones reducidas. La ornamentación se realizaba a base de elementos geométricos entrelazados, pilastras y cresterías. En las cuatro esquinas se rompía el rectángulo, con facetados ensanchamientos de los cuales surgían sendas columnas salomónicas terminadas en unos faroles de grandes proporciones.





El estilo neogótico es una forma de interpretar el romanticismo imperante en nuestra ciudad por estos años, al cual, como hemos reseñados, nuestra hermandad no fue insensible. Se trata de un revival que pretende acentuar la nota de espiritualidad y el ritmo ascendente de la composición artística. Con él el arte de la ebanistería cofradiera se introduce plenamente en uno de los estilos dominantes, por aquellos años, en el viejo continente.


En el segundo paso iba la Virgen bajo palio liso de color negro, acompañada algunos años por San Juan. Los rectos perfiles superiores del dosel contrastaban con las figuras ondeadas de las líneas inferiores. El delgado varal liso y la abundante candelería proporcionaban a las humildes andas un encanto añejo a pesar de la ausencia de tejidos bordados.

Los respiraderos presentaban forma cuadrangular y se caracterizaban por sus estrechas dimensiones. El anagrama de María centraba la decoración del delantero, del cual surgían simétricas hojas de acanto, flores y cuernos de la abundancia, que se repartían por toda la superficie.

Muy poco tiempo duraron los tejidos lisos pues, en 1898, Rodríguez Ojeda bordó en oro una saya para la Virgen. Un año después entregó a la hermandad un palio y un manto en terciopelo azul. La saya es la conocida con el nombre de "Los Cardos". El palio conservó los mismos perfiles del negro estrenado en 1895, con los bordados característicos de la etapa inicial de Juan Manuel.

En 1902 fue sustituido el manto por otro diseñado por Guillermo Muñiz y bordado por Ana y Josefa Antúnez. Este espléndido manto posee unos irregulares dibujos vegetales bordados en oro. Mezcla una decoración de tallos, hojas de acanto y flores de mayor grosor con otra ornamentación intercalada más menuda. La prenda estuvo en poder de la hermandad hasta 1915. Tras un incendio ocurrido en la iglesia de San Gregorio, fue vendido junto al palio de Rodríguez Ojeda, los varales y la primitiva peana a la cofradía de Jesús Nazareno de Lora del Río. Posteriormente, en 1924, esta corporación se la vendió a la hermandad de la Columna de Carmona para que la luciese su titular la Virgen de la Paciencia. Los primitivos varales se encuentran actualmente en poder de la hermandad de la Borriquita del Viso del Alcor.

Volviendo al paso cristo en 1909 estrenó el Cristo del Calvario su actual paso, realizado en madera de caoba. Su coste ascendió a 9.975 pesetas. Fue diseñado por Francisco Farfán Ramos. La carpintería y la talla corrió a cargo del maestro Salvador Domínguez Gordillo. Y la orfebrería fue cincelada y repujada por el platero cordobés Ángel Cabanes Vázquez. Se remató la obra con unas bombonas de cristal situada sobre la mesa de las andas, ejecutadas por Manuel de las Heras.

Posteriormente, en 1913, Antonio Amián incorporó las maniguetas y el resto de los medallones del paso. Dos años más tarde se completó el conjunto con dos ángeles ceriferarios del siglo XVIII reformados por Emilio Pizarro de la Cruz (ver foto). Hemos de reseñar que este paso fue el primero que se realizó en madera de caoba encerada sin dorar.


En 1922 los ángeles, antes reseñados, fueron sustituidos por dos jarras repujadas realizadas por el orfebre Manuel Seco Imber, en la actualidad lucen en el paso de la Virgen.
Al ser estrenado dicho paso en 1909, el paso neogótico antiguo fue adquirido por la hermandad de la Estrella.


En el año 1929 San Esteban realiza su primera estación de penitencia para la cual se le cede dicho paso.


La hermandad de la Estrella estaría usando este paso hasta el año 1940, en el que la hermandad estrena su paso nuevo y lo pone en venta, San Esteba ya había adquirido el antiguo paso del Cachorro entonces este se vende a la hermandad de la Vera Cruz de la Algaba el cual fue vendido años mas tarde a la hermandad del Santo Entierro de Alcalá de Guadaira y sobre el que procesiona "La Canina" en la actualidad aunque con algunas modificaciones sobre el diseño original.


Volviendo al Calvario en 1928 Jorge Ferrer labró los faroles que actualmente van situados en la planta de las parihuelas, y que sustituyeron a las bombonas de cristal de 1909. Por estos años fueron modificados los hachones, y en 1930 se renovaron las águilas que conforman las esquinas del paso incorporándoles las garras y picos de plata, obras igualmente de Jorge Ferrer.



El orfebre Cayetano González diseño y labró, en 1960, las actuales jarras de plata repujada. Y diez años más tarde, en 1970, el mismo autor trazó el diseño de las potencias de oro del Crucificado.








La Virgen de la Presentación, atribuida al imaginero Astorga, luce en el segundo «paso», de singular belleza, con manto azul-negro bordado en oro por Rodríguez Ojeda. Candelería y jarras, de sumo gusto, realzan aún más el conjunto. La corona de la Virgen, estrenada en 1935, es de estilo barroco, y a la que se le agregaron piedras preciosas en 1941.



http://cofrades.sevilla.abc.es/profiles/blogs/los-pasos-e-imagenes-3


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