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Los tesoros de Santa Inés

16 noviembre 2017

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21 de enero. Santa Inés en el calendario. Convento de leyendas y realidades, de tesoros artísticos y personales. El convento de la calle Doña María Coronel se dedica a la mártir cristiana (291?-304) patrona de las adolescentes cuyo martirio narran las actas escritas en el siglo V. Inés era una joven de familia romana que rechazó al hijo del prefecto romano que, en tiempos de la persecución de Diocleciano, la denunció a su padre por ser cristiana. Cuenta leyenda que fue condenada a vivir en un prostíbulo, donde milagrosamente permaneció virgen, y aunque fue expuesta desnuda, los cabellos le crecían y tapaban su cuerpo. Posteriormente fue decapitada, conservándose en Roma una basílica sobre el lugar de su martirio. Debido a la raíz de su nombre (Agnus, «cordero» en latín), el 21 de enero, día de su fiesta, se bendecían los corderos con cuya lana se tejerán los palios de los arzobispos, quedando el cordero como el símbolo iconográfico de la santa. Bécquer ambientó su iglesia y su compás, en la famosa leyenda que debería ser lectura obligatoria para los estudiantes de nuestro tiempo: sigue siendo misteriosamente moderna.
Compás y retablo mayor del monasterio de Santa Inés
Compás y retablo mayor del monasterio de Santa Inés
El convento fue fundado por Doña María Coronel, viuda de Juan de la Cerda, muerto por orden del rey Pedro I durante su reinado (1350-69). Para huir del acoso del monarca, María Coronel se refugió en la desaparecida ermita de San Blas, profesando posteriormente como monja delconvento de Santa Clara, donde se desfiguró el rostro con aceite hirviendo para que el monarca desistiera de su empeño. Tras la muerte del rey don Pedro en 1369 la familia Fernández Coronel recuperó sus posesiones y doña María consiguió su propósito de fundar un convento de la orden de Santa Clara en 1374. Allí descansaría María Coronel de su ajetreada vida y allí se conservaría su rostro quemado y su cuerpo incorrupto.
Cuerpo incorrupto de Doña María Coronel
Cuerpo incorrupto de Doña María Coronel
Las primeras obras del conjunto quedaron terminadas en 1376, quedando constituida la comunidad por monjas provenientes de Santa Clara de Sevilla y de Moguer. Contó con el patrocinio de casas nobiliarias y los privilegios de los Reyes Católicos. En 1608 la comunidad llegó a estar formada por ochenta monjas. Su pujanza económica le permitió sobrevivir a las crisis del XVIII, no siendo un edificio ocupado durante la invasión francesa. Al mantener un número notable de monjas no sufrió la expropiación en los procesos desamortizadores del siglo XIX. Ya en el siglo XX, la general caída de vocaciones convirtió en innecesarias algunas de sus dependencias; en la década de 1990 llegaría a un acuerdo con la Junta de Andalucía por el que cedería algunas galerías del edificio como sala expositiva.
Su iglesia se levantó hacia 1400, aunque presenta importantes modificaciones del siglo XVII, tiene planta rectangular, con tres naves separadas por pilares cruciformes, con presbiterio rectangular y enrejado coro a los pies,  caso singular entre los conventos sevillanos. Las bóvedas son ojivales, de cantería, barroquizadas hacia 1630 por Francisco de Herrera.
Santa Inés, de Francisco de Ocampo
Santa Inés, de Francisco de Ocampo
El barroco retablo mayor fue realizado entre 1719-1748 por José Fernando y Francisco José de Medinilla. La imagen titular de Santa Inés, con el atributo iconográfico del cordero en la mano, fue realizada por Francisco de Ocampo entre 1628- 1630, periodo en el que se realizó el anterior retablo mayor, estando flanqueada por estípites.
Del retablo primitivo son las otras esculturas: San Juan Bautista, San Juan Evangelista y el San Antonio de Padua, obras todas de Juan Remesal, con la misma cronología.  Del estilo de Juan de Remesal también son las dos imágenes de la Inmaculada y de Santa Clara situadas en los dos pilares del segundo tramo de la nave central
En la cabecera del muro derecho destaca el interesante retablo de la Virgen del Rosario(talla del siglo XVIII) rodeada de pinturas flamencas del primer tercio del siglo XVI, con discrepancias en su atribución a algún autor concreto.
San Blas de Juan de Mesa
San Blas de Juan de Mesa
A continuación, en un retablo sin interés del siglo XIX está colocada la talla de San Blas notable obra de Juan de Mesa (1617),  a pesar de su poco acertada policromía posterior. Vestido de obispo, con el signo de su martirio en el cuello, San Blas fue médico y obispo de Sebaste, Armenia. Hizo vida eremítica en una cueva del Monte Argeus, siendo conocido por sus curaciones milagrosas como la de un niño que se ahogaba al trabársele en la garganta una espina de pescado. Este es el origen de la costumbre de bendecir las gargantas el día de su fiesta y su protección contra los males de garganta con los populares «cordones de San Blas», tan difundidos en numerosos pueblos.
A los pies de la iglesia, sobre la reja del coro se sitúa un retrato de María Coronel realizado por el pintor sevillano Joaquín Domínguez Bécquer en 1856. Desde esa reja se puede contemplar en el coro bajo, el órgano de Maese Pérez, protagonista de la famosa leyenda Gustavo Adolfo Bécquer. Es una pieza que fue realizada entre el final del XVII y el principio del siglo XVIII, estando colocado frente a la urna que guarda los restos incorruptos de la fundadora.







El acceso al coro donde se encuentra el famoso órgano del Maese Pérez
El acceso al coro donde se encuentra el famoso órgano del Maese Pérez
Crucificado de Ocampo
Crucificado de Ocampo
La tumba de María Coronel suele estar oculta por unas puertas decoradas en 1770 con grupos de ángeles, guirnaldas, rocallas y temas heráldicos, mostrándose el día 2 de diciembre su cuerpo incorrupto. En el coro bajo, junto a la notable sillería del siglo XVI destaca un Crucificado que el profesor Ramos Sosa identificó como obra deFrancisco de Ocampo y que la  historiografía tradicional confundía con una imagen conservada en la clausura
Ave María Purísima. Tras el saludo a la anónima monja que nos escucha al otro lado del torno se pueden adquirir algunos de los dulces que elaboran las monjas franciscanas. La lista es amplia, tortas de polvorón, tortas almendradas, cortadillos…
En la clausura de Santa Inés nos aguardan otros tesoros artísticos, desconocidos por el gran público. El claustro principal es conocido con el nombre del Herbolario, una notable estancia renacentista en la que perviven algunos elementos góticos y mudéjares y en un lamentable estado de conservación en sus galerías altas. En uno de sus ángulos hay una capilla de gran interés que representa el tema de la Piedad, un abigarrado relieve del siglo XVIII en el que se mezclan numerosas figuras en torno a la Virgen y Cristo muerto, con numerosos ángeles, alegorías de la muerte o del infierno, en un conjunto realizado en madera y telas encoladas.
Sala profundis de Santa Inés
Sala profundis de Santa Inés
Uno de los grandes tesoros del monasterio nos aguarda en la sala de profundis. Es un espacio de planta cuadrada cubierto por una bóveda sostenida por trompas en sus cuatro ángulos, típica disposición de las llamadas capillas qubba, de tradición islámica y que tanta influencia tuvieron en las capillas laterales de las iglesias mudéjares sevillanas. La entrada a la sala está recubierta con yeserías mudéjares que siguen el mismo modelo que las conservadas en la puerta del Perdón de la Catedral, posiblemente reaprovechadas.
Preside la estancia una notable talla, unCrucificado de hacia 1550 que mezcla influencias del Gótico tardío y de un primer Renacimiento. Se sitúa sobre un dosel pictórico figurado sostenido por ángeles con cartelas e incensarios, obra atribuible al pintor sevillano del siglo XVIII Domingo Martínez, habitual decorador de los conventos sevillanos. En su parte inferíos, los muros de la sala presentan un zócalo de azulejos de cuenca del siglo XVI, similar al del claustro. Diversas vitrinas y hornacinas decoran la sala, destacando la imagen del Ecce Homo que según la tradición llegó a sudar sangre en mayo de 1685.
En otras dependencias se distribuyen otros notables tesoros, imágenes de Santa Clara, de San Francisco de Asís o impresionantes zócalos de azulejos. Sin duda destaca una excelente imagen de Santa Inés que ocupó primitivamente la puerta de acceso al convento, estando hoy sustituida por una copia. Es una excelente escultura modelada en barro cocido y atribuida a Pedro Millán, hacia el año 1500, siendo de gran calidad el tratamiento de sus cabellos y de su vestido, en una obra que permite ejemplificar las formas de la escultura tardogótica sevillana en el momento de la llegada del primer Renacimiento.
Imagen de Santa Inés de Pedro Millán y un Nacimiento bajo el coro de la iglesia
Imagen de Santa Inés de Pedro Millán y un Nacimiento bajo el coro de la iglesia
Ocampo, Mesa, Domingo Martínez, Medinilla, Bécquer, Herrera… Hasta las reliquias de Santa de las Once Mil Vírgenes… Tesoros del arte poco conocidos junto al tesoro espiritual de las monjas que sobreviven al olvido. Ruina en algunos rincones a la espera de esa restauración que nunca llegó, a pesar de la cesión de diversas dependencias como una notable sala de exposiciones, ejemplo de lo que podría ser una convivencia entre el uso cultural y el litúrgico, y cuyo incumplimiento lastra la vida de un tesoro oculto, los especuladores lo saben, en el centro de la ciudad.

http://sevilla.abc.es/pasionensevilla/actualidad/noticias/los-tesoros-de-santa-ines-88054-1453371192.html

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