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La otra obra onubense del maestro Juan Martínez Montañés

29 noviembre 2017

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La pasada semana terminaba con una de las mayores noticias para el patrimonio artístico de la ciudad de Huelva en los últimos tiempos. La datación por parte de los historiadores del arte Antonio Romero Dorado y José Manuel Moreno Arana de la Virgen con el Niño de la Catedral onubense, conocida como la Virgen de la Cinta, como obra de Martínez Montañés venía a asegurar una atribución que los expertos venían defendiendo desde mediados del siglo pasado.

Se trata de la única imagen del escultor alcalaíno que conserva la ciudad de Huelva, una tierra donde “el Dios de la Madera” no se prodigó mucho. Junto a la imagen de la Cinta para el convento mercedario, Juan Martínez Montañés realizaría otra obra más algunos años antes, una obra que se perdió prácticamente en los sucesos del 36 y cuyos restos se conservan hoy día en el Monasterio de Santa Clara de Moguer: el altorelieve de la Purificación de la Virgen para el convento de San Francisco. Obra encargada en 1606 por Andrés Garrocho para presidir la capilla mayor del citado templo con Francisco Pacheco, quien se encargaría de la policromía del altorelieve así como de los cuatro lienzos que completarían el retablo.

Un retablo que vería pasar el tiempo desde el cenobio franciscano, apagándose su esplendor con el paso de los años. No sería hasta 1928, en los albores de la Exposición Iberoamericana de Sevilla, cuando se pondría en valor esta obra. Aunque para entonces el retablo había sido modificado y las pinturas originales de Pacheco habían desaparecido (una de ellas se encuentra en Francia, como adelantaron los compañeros de La Hornacina), el altorelieve de Montañés seguía manteniendo toda su grandiosidad. Algo que llamó la atención de Manuel Siurot unos años atrás cuando se hallaba limpiando el templo, que en ese momento servía de capilla de las Escuelas del Sagrado Corazón.







El 13 de mayo de 1928 Siurot firmaría un articulo para el diario ABC donde anunciaba un importante descubrimiento para el patrimonio onubense, algo que ochenta años después ha vuelto a repetirse. “Hemos estado, pues, admirando los duadros y el magnífico relieve durante años y años, y por fin hemos tenido la fortuna de que en el Archivo de Protocolos de Sevilla se encuentre una escritura firmada en 1606 en la que Francisco Pacheco, el gran maestro de la escuela sevillana y suegro de Velázquez, contrata con el capitán D. Andrés Garrocho, vecino de Huelva, el dorado y pintura del altar mayor de la Iglesia de San Francisco en dicha ciudad”. Así narraba Manuel Siurot el descubrimiento realizado por José Hernández Díaz en dicho archivo. En dicho documento se especifica las características de la obra, concertada en 500 ducados y que constaría de cuatro pinturas sobre “La salutación del ángel a Nuestra Señora”, “El nacimiento de Nuestro Señor”, “Nuestra Señora hilando y San José trabajando” y “El martirio del apóstol San Andrés”, junto a la escultura de la Purificación.

Tras su datación como obra de Martínez Montañés, el altorelieve fue expuesto en la Sala 9 del Pabellón Mudéjar de la Expo de Sevilla de 1929, dentro de la Exposición de Arte Antiguo junto a otras piezas procedentes de diversos lugares de Andalucía. Tristemente el retablo fue destrozado durante los ataques a los templos de la ciudad en 1936, perdiéndose una de las obras de imaginería más interesantes. Los restos fueron restaurados en 1979 por el profesor Arquillo, reconstruyéndose el resto de la obra de manera esquemática como podemos ver en la actualidad en el monasterio moguereño.

http://www.cuartotramo.com/2017/11/28/la-otra-obra-onubense-del-maestro-juan-martinez-montanes/

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