_

El 25 de Noviembre Salida Extraordinaria del Nazareno de Rota en conmemoración del Centenario del Milagro de la Lluvia.

17 noviembre 2017

send email
print this page
El próximo sábado 25 de noviembre, a las 18:00 horas, la Hermandad del Nazareno celebrará Solemne Eucaristía en rogativa a Jesús Nazareno por falta de lluvia, con homilía a cargo del Rvdo. P. D. José Arjona Gil (Director Espiritual y párroco de Nuestra Señora de la O).
A su finalización tendrá lugar salida procesional en conmemoración del Centenario del Milagro de la Lluvia.

Estos cultos que se llevarán a cabo en vísperas de la Festividad de Cristo Rey, están motivados a la rogativa sugerida por el Obispado por la falta de lluvia, la cual ya se realiza en la Parroquia en cada misa por el director espiritual, Rvdo. Don José Arjona. Igualmente, se ha tenido en cuenta la conmemoración del milagro de la lluvia de hace 100 años. Ambos han sido aprobados por parte de la Delegación Diocesana de Hermandades y Cofradías y refrendados por el Sr. Obispo José Mazuelos.

El conocido ‘Milagro de la lluvia’.





El conocido ‘Milagro de la lluvia’ nos ha llegado a través de testimonios, noticias y anécdotas que han dejado nuestros mayores y que ha quedado registrado en los anales de la Villa. Corría el año 1917, cuando los roteños acudieron al Nazareno en demanda de socorro por la gran sequía que asolaba los campos, que se habían convertidos en inmensos eriales resecos y las semillas enterradas no habían sentido aún la lluvia bienhechora. El día 19 de diciembre de 1917 comenzó el fervoroso triduo a Nuestro Padre Jesús Nazareno y el día 21, último día del triduo, el cielo no reflejaba la llegada de la anhelada lluvia. No obstante, la fe del pueblo al Nazareno llevó a que el pueblo pidiera una salida procesional de la Imagen con carácter penitencial. A las doce de la noche la Imagen de Jesús Nazareno aparecía bajo la adintelada puerta del templo parroquial para iniciar el mismo itinerario que la Hermandad de Jesús realizaba todos los Viernes Santo. Según se recoge en diferentes libros y relatan los mayores, al poco tiempo de salir comenzaron a aparecer los primeros nubarrones, que se fueron tornando de gran tamaño hasta el punto de que al llegar a la calle del Calvario, el cielo estaba totalmente cubierto de nubes y la lluvia era torrencial. El fervoroso cortejo, compuesto únicamente de hombres y campesinos, soportó la lluvia con un entusiasmo inexplicable.

A las dos y media de la madrugada, la Imagen entraba en el templo, mientras resonaban vítores en el templo mientras en el exterior seguía cayendo la deseada lluvia.
Para conmemorar aquel milagro se acordó colocar la referencia del hecho en la fachada del templo parroquial, y allí en unos azulejos, en los que se reproduce la imagen del Nazareno con la siguiente inscripción:

“En la pertinaz sequía del año 1917, el pueblo de Rota, acongojado ante la perspectiva de tremenda miseria, imploró la clemencia de Ntro. Padre Jesús Nazareno, con fervoroso triduo y en la noche del último día 21 de Diciembre se sacó en procesión de penitencia su venerada imagen, nublándose de pronto el cielo, cayendo providencialmente copiosa lluvia durante el curso de aquélla y días sucesivos, hasta remediar la calamidad reinante. Para perpetua memoria, los hijos de esta villa dedican este recuerdo de gratitud a su amorosísimo Padre”.

Una versión sobre el milagro fue escrita por el entonces cura regente de Rota, el Rvdo. P. D. Manuel Gallego Casas y que tituló “Un triunfo de la fe en la villa de Rota”. El texto expresa lo siguiente:
“En la conciencia religiosa del pueblo hay inspiraciones súbitas, fulguraciones de la fe, de esa llama sagrada que Dios y solamente Dios, enciende en lo más íntimo del alma colectiva.

Generaciones enteras que han vivido la vida del catolicismo, que han estado penetradas de la savia divina del Evangelio, tienen que reflejar esa Fe en las grandes tragedias de la existencia y aun cuando el error y el sensualismo infiltrándose en el alma y en el corazón del pueblo lo han bastardeado y corrompido, mermado y emprobreciendo el rico patrimonio de la Fe, quedan todavía valores espirituales, alentadoras esperanzas, que engendran en el ánimo de los hombres pensadores la convicción de un resurgimiento nacional que sea la aurora de un porvenir de grandezas y de triunfos.

Con vigorosos rasgos, e iluminado por la luz de la evidencia se ha manifestado este resurgimiento de la Fe en la siempre hidalga y laboriosa villa de Rota.

Eminentemente agrícola, competidora por los selectos productos de su suelo con las vegas siempre florecientes y hermosas de la región de levante, la villa marítima que disfruta de una posición topográfica envidiable, arrullada por las ondas del Océano, que le sirve de brillante espejo, donde ella se contempla para admirar la grandeza de Dios y ver su propia grandeza, puede anotar con ufanía de inmarcesible gloria en los anales de su vida cristiana una fecha memorable que la posteridad recordará siempre, porque es el triunfo de la Fe, conservada a través del tiempo y de los infortunios por la imagen gallarda, soberana, de atrayente dulzura, de Nuestro Padre Jesús Nazareno.

Las lluvias otoñales del año se retardan, un cielo de azul purísimo donde el sol brilla con resplandores de primavera alejan toda esperanza, el pan del pobre va a quedarse en las entrañas de la tierra, produciendo el hambre sus horrorosos efectos en las clases proletarias.
Los hijos de la católica villa dirigen sus miradas a la altura diciendo: ¿Quién puede detener la catástrofe que se aproxima?




El ángel de la Fe habla entonces al corazón del pueblo, éste siéntese transformado, el alma se ilumina en fulgores divinos y una voz majestuosa, expresión unánime de las convicciones religiosas de sus habitantes, se oye en todos los ámbitos de la villa: “Vayamos a Jesús Nazareno, llevémosle el triunfo por calles y plazas proclamando su realeza divina, y cuando esos cielos dilatados donde brillan los astros y las constelaciones admiren la sagrada efigie, invitando al mundo físico a rendir homenaje de servidumbre al mundo moral representado por un pueblo que le ama y adora, esos cielos misteriosos se estremecerán de pavor ante la mirada de su autoría divino, alterando las leyes matemáticas e inflexibles que los regalan, y a las cuales no alcanzan los más altos poderes de la sociedad, haciendo descender la lluvia copiosas para dar vida a la tierra exhausta por la pertinaz sequía”.

Este suceso prodigioso que se substrae a toda previsión científica, acaeció en la noche del 21 de Diciembre en la villa de Rota.

Fecha imperecedera que debe grabarse con caracteres de oro en los anales de la católica villa. Avanzaban las horas del día, se desgarraban los celajes, la diafanidad del aire presagiaba un tiempo bonancible y los últimos arreboles del crepúsculo apenas dejaban huellas del astro rey al hundirse en el ocaso, empezando a reverberar la luz plateada de la luna sin brumas ni nubes que empañasen su brillo en el cielo.

La plegaria del pueblo, mezclada con los sollozos del alma dolorida por la magnitud de la catástrofe, los cantos de penitencia que resonaban en la soledad de la noche, llegaban hasta el corazón amantísimo de Jesús Nazareno, y al emprender la marcha el paso parar recorrer itinerario, las nubes, mensajeras de la alegría, han cerrado el horizonte, el desequilibrio de las capas atmosféricas se produce y la lluvia bendita baja de la altura y todos los presentes, el pueblo entero, prorrumpen en vivas entusiastas, henchidos de fe a la sagrada imagen. ¡Prodigio, triunfo de la fe, amor de Jesús a su pueblo! (Fdo. Manuel Gallego Casas –Cura Regente de Rota- 1917)”

La familia de Mora de nuestra Villa, deseando para gloria de Jesús Nazareno de Rota, perpetuar este recuerdo y al propio tiempo ayudar a la Hermandad, imprimió este milagro patentísimo en esta hoja que pudieron recoger cuantos lo desearon en el domicilio familiar, sito en Rota, calle de la Veracruz número 11, mediante un donativo de cinco céntimos, con excepción de los pobres, a los que se les facilito gratuitamente. De estos donativos se hizo una lista con el nombre del donante y la cantidad, cuya lista se entregará al Hermano Mayor con el total que se recogió. El texto expresaba lo siguiente:
“Misericordia, Señor!- A este grito que lanza siempre la humanidad cuando sufre, cuando la cruz pesa demasiado sobre sus hombros, cuando las lágrimas abrazan sus mejillas; grito que sale de lo íntimo de su corazón olvidado a veces de Dios mientras goza, pero que instintivamente se vuelve a Él así que padece, contestó Jesús, el Jesús Nazareno que se venera en Rota, provincia de Cádiz, de una manera tan prodigiosa, tan consoladora, que bien merece que se la dé a conocer para confusión de los incrédulos, que sonríen desdeñosos negando el poder divino , burlones ante los milagros de épocas pasadas, que creen que en los momentos presentes no se pueden repetir, como si Dios hubiera cambiado, ó su omnipotencia se hubiese debilitado… y para fortalecer en su fe a los tímidos y alegrar a los que no dudan…

Se venera en la citada villa de Rota la imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno, que es una escultura de verdadero mérito cuya fotografía reproducimos en esta página. Su cofradía la componen en su casi totalidad, labradores, gente trabajadora, sencilla y honrada, los cuales, sin embargo algo habíanse dejado influir por las corrientes modernas de indiferentismo religioso, a pesar de lo cual, el Padre celestial no vaciló en atenderles en cuanto éstos se volvieron a Él demandando auxilio.

Una pertinaz sequía había puesto a los habitantes de Rota, cuya vida es agrícola, especialmente, al borde de la más espantosa miseria… y la angustia más grande oprimía todos los corazones. Esto acontecía el pasado mes de Diciembre y el 18 de dicho mes ocurriósele al digno cura regente de la Iglesia de Rota, D. Manuel Gallego Casas, sugerir a los cofrades la idea de hacer un triduo de rogativas, impetrando del cielo el remedio de su mal, que si grande era entonces, mucho mayor había de ser después.

Los cofrades aceptaron con entusiasmo, y acudieron sin que uno sólo faltase a la iglesia, con la esperanza puesta en el Señor… Que es bien cierto que nuestro pueblo, detrás de las frialdades que ponen en en sus almas perniciosas doctrinas esconden el fuego de su fe, brasas si queréis no más, pero brasas que, al soplo del infortunio, se vuelven a encender siempre, y resultaba, según detalles fidedignos, un espectáculo hermoso el que presentaba la iglesia de Rota durante los días del triduo, completamente llena de trabajadores que suplicaban al cielo apartase de sus hogares la miseria que sobre ellos se cernía.

Acordó la Hermandad que, cuando se terminara el triduo, se sacara la venerada imagen de Jesús Nazareno en procesión, a las doce de la noche, para llevarle hasta el campo, renovando entonces los hermanos sus súplicas con el mayor fervor.

Llegó, pues, la noche del 21 de diciembre… tan clara, tan brillante tan despejada como las anteriores… A las once y media no había el menor indicio de que pudiera llover y fecundizar esa lluvia bienhechora la tierra seca y sedienta.




¿Pero acaso necesita Dios preparar de antemano sus obras, su prodigios? ¿No le bastó un Fiat para sacar del caos un mundo y poblarlo de plantas y flores, de aves y animales de toda especie? ¿No pudo un solo Hágase, crear los mares y limitar, sin embargo, su poderío de suerte que no traspasasen el término señalado? Vuelvo a repetir… ¿Ha cambiado Dios? ¿Se ha amenguado su poder? Lo que ocurre es que no tenemos que… que si fe tuviésemos, se nos concedería lo que pedíamos, pues el Señor así lo dijo y lo prometió.

Reunidos los Cofrades en torno de la Imagen colocadas sobre unas andas para sacarla en procesión, pusiéronse en marcha los primeros Hermanos. De repente, un grito de emoción se escapó de sus labios… ¡Llovía! El agua tanto tiempo esperada caía al fin sobre aquella tierra sedienta y el agua de la gracia caía al mismo tiempo sobre corazones indiferentes, quizá un tanto incrédulos algunos, fecundizando la tierra de sus almas y haciéndola producir frutos de fe, de gratitud, de sincero amor!...

En triunfo salió la milagrosa Imagen del templo… La lluvia arreciaba. Los que presenciaron la escena dicen toda la belleza de esta, el recogimiento y entusiasmo a la vez de todos aquellos labradores curtidos en las faenas del campo, acompañando a los sacerdotes, rezando sin respetos humanos… rodeando amorosos a Jesús, cuya Imagen resplandecía en la obscuridad de la noche…

La comitiva hubo de detenerse debajo del arco del Ayuntamiento esperando a que la lluvia cediese, más pronto, deseosa de demostrar su fervor, púsose de nuevo en camino en dirección al campo, cayendo el agua sobre los que la formaban y sobre la Imagen, sin que se entibiara un momento el entusiasmo.

La madre del Mayordomo, D. Francisco García, creyó oportuno enviarle un paraguas, rechazándolo éste contestando, que “si Jesús se mojaba atendiendo a la súplica de la Hermandad que le había pedido la lluvia, todos debían mojarse con Él”.

A las dos y media de la madrugada volvía la solemne procesión a la Iglesia sin que el agua hubiese cesado, vivas atronadores que surgían de lo más hondo de los corazones de aquellos labradores, acogieron la entrada de la venerada Imagen… De hinojos todo el pueblo, tributó un último homenaje de acción de gracias al Señor que así había escuchado su petición, y se retiró después, profundamente conmovido, quizá golpeando algunos su pechos al igual de los que bajaron un día santo que conmemoramos de sublime redención, del monte Calvario, exclamando también: “¡Verdaderamente que este es Hijo de Dios”.

¡Sí, es Hijo de Dios, aunque muchos de los redimidos con su preciosa sangre le niegan y le escarnecen! … ¡Sí, es Hijo de Dios, aunque con paciencia infinita oculta su divinidad muchas veces, y espera humilde en los Sagrarios a que vaya la humanidad a dorarle y amarle! Es el mismo que pasó por el mundo haciendo el bien; ¡el mismo que curó enfermos, que multiplicó los panes, que resucitó a Lázaro, que deba vista a los ciegos y hacía andar a los paralíticos… El mismo que a sus hijos de Rota, que en su angustia inmensa se volvieron suplicantes hacia quien únicamente los podía remediar, concedió el remedio que salvó su cosecha y alejó de sus hogares el fantasma aterrador del hambre!








Vosotras, madres de familia, que sobre vuestras rodillas inculcáis a vuestros hijos las primeras nociones de la vida… contadles estos hechos habituadles a reconocer el poder de Dios en todo momento y en toda circunstancia, y decidles que Jesús fue, Jesús es y Jesús será a través de todos los siglos. Sin que el mundo entero conjurado contra él, consiga vencerle… porque es Dios y, sobre las naciones y sobre los individuos, reina, impera, con imperio de amor.

Isidoro de Mora. Madrid, Marzo, 1918”
Este último relato también lo resume Felipe de Mora en una publicación editada en la revista “Rota” del año 1936 y que tituló “Tradición roteña: La Imagen de Jesús Nazareno”.
También Ignacio A. Liaño Pino en su ‘Anecdotario roteño’ recoge una anécdota que sucedió aquella noche. La anécdota es la siguiente:
“El último día sacaron la bendita imagen en procesión de penitencia, y milagrosamente, se abrieron los cielos, y las nubes descargaron abundante lluvia que duró varios días. A pesar del diluvio, la procesión, con todo el pueblo detrás, continuó su recorrido. Al llegar a la calle de Veracruz, entre la multitud silenciosa, se abrió un paraguas y, de pronto, una voz recia y fuerte gritó: ¡Fuera ese paraguas! Se moja Jezú, aquí se moja jasta Dio…!

http://www.rota-cofrade.net

0 comentarios:

Publicar un comentario

Deje su Opinión...

 
Realizado Por Grupo CofradiasTv | Publicado para Blogger .
© Copyright 2011 CofradiasTv Todos los Derechos Reservados.