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La joya que Córdoba dejó escapar

16 octubre 2017

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Cae la noche en la calle Bernabé Soriano. Un palio, negro, de cajón, avanza con la sobriedad, solemnidad y funebrismo necesario en las tinieblas de Jaén. Su candelería, predominante y privilegiada a su vez, contempla cada lance más cerca de la Catedral de estilo renacentista. María llora. Suspira para aliviar el dolor de la daga que le atraviesa su corazón. Suena “Virgen de los Estudiantes”, marcha dedica a Ella. A la Señora de las Lágrimas. Porque quién fuera gubia que tallara tus mejillas o pincel que te acariciase la cara con sus suaves pasadas. Quién fuera palio para verte. Pañuelo para que sentirme entre tus brazos cada tarde de Lunes Santo. Quién fuera manto para arroparte. Porque Nuestra Señora de las Lágrimas es el sueño hecho talla. Es Madre de Dios en madera. Es el Cielo en la tierra.

Rondaba el año 1938. En la hermandad del Calvario, en pleno apogeo de su segunda etapa, nace la necesidad de la oración a María, ya que desde hacía décadas se sentía vacía al no tener una esfinge virginal ya que su anterior talla mariana- la que en la actualidad conocemos como “La Nazarena”- fue donada al convento de Jesús Nazareno. La junta de gobierno, presidida por el que fuera hermano mayor por aquel entonces, Don Antonio Manjón Pulido, y teniendo presencia en ésta Juan Martínez Cerrillo, decide adquirir una dolorosa. El imaginero celebra a la semana siguiente una reunión con los dirigentes, de la que entonces era conocida como las Cofradía de Los Panaderos, en su taller. Presenta una dolorosa, sumida por el dolor, con la mirada perdida en el infinito y caída hacia abajo. Mantiene una figura señorial con una conectividad asombrosa pese a que no mantiene el contacto directo de la mirada.






En 1945, bajo el mandato de José María López Parejo, la corporación decide cambiar la dolorosa por una semejante a María Santísima de la Nazarena, permutando así la hechura del insigne imaginero. Francisco Diaz Jiménez y Antonio Castilla Ariza serán los encargados de llevar a cabo la nueva talla mariana para la cofradía de “Los Panaderos”. Nuestra Señora de las Lágrimas y Esperanza volverá a pasar a propiedad de Juan Martínez Cerrillo, el cual, vende a la cofradía de Los Estudiantes de Jaén, actual poseedora de la virgen de las Lágrimas.

Una vez más podemos ver como Córdoba pierde su propio simbolismo por la falta de coherencia y por culpa del famoso señalamiento de las juntas de gobierno, cosa que podemos ver como hoy en día se continua reproduciendo. Nuestra Señora de las Lágrimas es la obra cumbre de Martínez Cerrillo dotada de una fisonomía de mujer dolorida y hundida por la pérdida de su hijo, proporcionada y simétrica. Obra que muestra el perfeccionismo y el buen hacer del artista, una joya que Córdoba dejó escapar.

http://www.gentedepaz.es/la-joya-que-cordoba-dejo-escapar/

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