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El regreso de la Salud: a Triana se llega con compás

16 octubre 2017

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Cuando en Sevilla se habla de San Gonzalo, a la mayoría se le viene a la mente el paso del Soberano Poder con el izquierdo por delante. No cabe duda de que la fuerza y el andar del misterio ha hecho multiplicar el número de hermanos en los últimos años. Desde ayer, sin embargo, esa perspectiva ha cambiado. LaVirgen de la Salud es el centro devocional del Barrio León, ahora y desde hace décadas. En las casitas bajas de esta zona de la Vega de Triana y el Tardón se le reza a la Salud. Y, sin recurrir al clásico tópico de que la ciudad «descubrió» a la dolorosa de Ortega Bru, no cabe duda de que muchos ya no se irán cuando pase el misterio como hasta ahora ocurría, sobre todo en el recorrido de vuelta. El palio de San Gonzalo tiene todo el compás de Triana, con una cuadrilla a la que no le duelen prendas marcar la cintura, dar tres pasitos y poner bocabajo al público.
La Virgen de la Salud llenó ayer las calles del Centro y Triana. Antes de las cuatro ya había gente apostada en la Punta del Diamante y Alemanes pese a la insoportable sensación de bochorno. Las nubes altas tapaban al sol, que aunque no cegaba sí producía un calor pegajoso. El contraste era el vendedor de castañas en la puerta del antiguo Banco Popular, en camiseta de tirantas, por este «veroño» tan largo y poco usual por estas fechas.
A las 16.27 el público dio un respingo cuando arrancaron los tambores de Las Cigarreras, señal de que la cruz de guía ya estaba en la calle. Sonaba «Soberana», una banda sonora con platillos, campanas tubulares y palilleras. Muy solemne, prueba de que el estilo de las cornetas y tambores ha evolucionado hasta convertirse en una orquesta sinfónica, muy aplaudida por cierto.

La Virgen de la Salud saliendo de la Catedral / R. DOBLADO
El termómetro marcaba 34 grados e iban saliendo los 600 cirios del cortejo y las 84 representaciones que lo acompañaron hasta el Ayuntamiento. A las cinco en punto se puso la Virgen en la calle a los sones de su salve y mientras tañían las campanas de la Giralda. Comenzaba así el rosario de marchas triunfales, nueve de ellas dedicadas a la coronación, y las mecidas del palio desataban las ovaciones allá por donde pasaba.

Los priostes le arreglan la corona en el Ayuntamiento / J. M. SERRANO
Con las arrancadas, se notaba que el cimbreo de la corona no era normal. Se había partido un tornillo que sujetaba el vástago. Eso hizo que los hermanos Garduño levantaran el palio a pulso hasta llegar al Ayuntamiento, donde los priostes se subieron a arreglarlo. Al andén llegó a las 18.15 horas, justo a la hora prevista. Fue uno de los momentos cumbre de la procesión. Las representaciones le hicieron un pasillo y, en la entrada del Consistorio, había preparada una alfombra de sal. De nuevo, la Salve a la Virgen de la Salud, y comenzó el palio a girar hacia la Corporación Municipal. Allí estaban el alcalde, Juan Espadas, y los portavoces del PP, Beltrán Pérez, y de Ciudadanos, Javier Millán, además de otros concejales.
Pisaba la alfombra y caía una lluvia de pétalos. Cuarenta minutos tardó en recorrer el andén. A las siete de la tarde entraba en la calle Tetuán.







La Virgen de la Salud por el andén del Ayuntamiento / VENESSA GÓMEZ
El palio llevaba un ritmo adecuado. No se eternizó y eso facilitó que el numeroso público que acudió a verla no desesperara como ha ocurrido con otras procesiones. El dispositivo de seguridad fue casi invisible. Era una prueba de fuego para el Cecop, como lo fue también la procesión de ida, y los únicos incidentes que se produjeron fueron algunas atenciones por golpes de calor en la salida. Hubo vallas en la Plaza Nueva, y también en el Santo Ángel, en absoluto exagerado, y colocadas estratégicamente para garantizar la fluidez del paso.

El ocaso

Cuando el palio enfilaba la calle Rioja, por la espadaña de la Magdalena se veía la puesta de sol. Con la candelería encendida, de nuevo llovían los pétalos. La Virgen de la Salud se volvía hacia la iglesia de los carmelitas. Sonó «Saeta Jerezana», «Coronación de la Macarena» y, después, «Mi Amargura», que sin duda está ahora en la lista de las más interpretadas en Semana Santa.

La Virgen de la Salud ante la parroquia de la Magdalena / M. J. LÓPEZ OLMEDO
Emprendía el camino hacia San Pablo, con unos pasitos atrás justo en el momento que rompía la marcha. Se caía la calle Rioja. Ya con la noche encima, volvía a llover, pero esta vez sí era agua. Cuatro gotas para ser exactos, que no descompusieron para nada el cortejo. Todo lo contrario. El palio llegaba a la parroquia de la Magdalena con «La Madrugá» y se giró al templo con compás. No cabía un alfiler.

Triana, se acabó el reloj

Entraba en Triana en tiempo y forma. Fue cruzar el puente y enfilar Pureza, que estaba a rebosar, para comprender que la Salud llegaba a sus dominios: banderas, guirnaldas, colgaduras, cohetes, pétalos… El reloj pasó a un segundo plano. Quedaba por delante la segunda parte del recorrido, con momentos para la historia. En el Altozano, pasaban las diez de la noche cuando sonaba «Rosario de Montesión».
Así llegaba uno de los momentos cumbre del recorrido: la capilla de los Marineros. Allí se encontraron la primera dolorosa coronada de Triana, la Esperanza, con la última. Al llegar el palio a las puertas de la capilla, la bulla que se formó acabó en bronca. Entre empujón y empujón se coló algún guantazo. Y la Policía tuvo que intervenir para despejar aquello y que pudiera continuar.
A partir de aquí, la Virgen empezó a caminar más lentamente y se demoró algo más de una horarespecto a lo que estaba previsto. Ya daba igual, una vez desbloqueado el Paseo Colón al tráfico, la cofradía se metía por la zona vieja de Triana ya mirando por encima el minutaje. Ahora le llegaba el turno a Santa Ana. La Virgen de la Salud visitaba a la otra catedral, antes de introducirse por las callejuelas más estrechas y pintorescas del recorrido.

Petalada en Rodrigo de Triana / J. M. R.






En Triana, al menos hasta la Estrella, todo estaba desbordado de público. Se iba a vivir otro de los momentos álgidos cerca ya de la una de la mañana. La Virgen de la Salud llegaba por una calle Cristo de las Tres Caídas completamente engalanada e incluso un arquillo a la altura del azulejo del Nazareno de la Esperanza. En la confluencia con Rodrigo de Triana, desde un balcón una niña le cantó una copla, tras lo cual, cayó la que probablemente sea la mayor lluvia de pétalos de la historia: 25.000 rosas multicolor durante más de cinco minutos. Las palmas retumbaban y aquello parecía no tener fin. Lástima que las marchas fueran de las nuevas…
Por Rodrigo de Triana llegaba a la Estrella. La noche y el sitio recordaban al Lunes Santo. Visitaba a la madrina de San Gonzalo, una hermandad que quiere tanto a la del Barrio León que, justo en el momento en que monseñor Asenjo le imponía la presea, hizo sonar las campanas de la capilla para que toda Triana se enterase de que en el arrabal ya había otra Virgen coronada.
A la Salud le quedaba el camino hacia su Barrio León. Mientras, alguien echaba cuentas: más allá del río sólo quedan por coronar al Patrocinio y a la Victoria. Ésta última, dentro de un año.
La Virgen de la Salud realizó su entrada a las 5:38 horas del domingo. Más de doce horas de recorrido que han devuelto coronada a la dolorosa del Barrio León.

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