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Benigne Fac Domine

24 octubre 2017

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El Miserere es el salmo penitencial por excelencia en la liturgia cristiana. En el Salmo 50 hay un sincero arrepentimiento y un deseo de rehabilitación ante Dios; el salmista consciente de su culpabilidad, apela a la benignidad divina. Se cantaba los viernes en el oficio de laudes antes de la última reforma litúrgica llevada a cabo por Pío XII y en el Triduo Sacro de Semana Santa todos los días al final del Oficio de Tinieblas, solemnizándose desde el Miércoles Santo hasta el Viernes Santo. No hay que olvidar que los Salmos son composiciones líricas destinadas a ser cantadas, que constituyen el libro de los cantos del pueblo de Israel. Muchos de ellos contienen indicaciones musicales, del instrumento con que han de ser acompañados, de cómo han de ser interpretados, al maestro del coro, al solista, etc.  Musicalmente fue a principios del siglo XVI cuando Constanzo Festa (1480-1545) fijó el modelo distribuyendo los versículos del salmo entre dos coros, uno a cuatro y el otro a cinco voces, que se respondían alternativamente en fabordón.  (1)








La vida del maestro Eduardo Ocón Rivas (1833-1901) estuvo siempre ligada a la catedral de Málaga. Ingresó en ella como seise a los seis años de edad; a los trece ya compuso su primer Miserere a cuatro voces; opositando a los dieciocho y obteniendo la plaza de segundo organista de la catedral; siendo nombrado en 1848 ministro del coro de la catedral. Tras un paréntesis, en el que amplió su formación y consiguió un merecido prestigio a nivel nacional e incluso internacional, regresó a Málaga en 1870 de nuevo como organista. Fundó la Escuela de Música, posteriormente conservatorio oficial; y desde 1879  en su cargo de maestro de órganos de la catedral de Málaga veló celosamente por su restauración y reparación, originales de Julián de la Orden del siglo XVIII. Pero su vínculo con la catedral no se detiene aquí, ya que también fue juez de oposiciones, campanero mayor y alcaide de su torre.
Eduardo_Ocon_grabado_1889
Como no podía ser de otra manera, su obra religiosa cumbre la compuso para la catedral de Málaga: el Miserere. Compuesto para cuatro voces, solos, coro y gran orquesta; utiliza tres solistas -soprano, tenor y bajo-, coro a cuatro voces mixtas y una plantilla orquestal muy propia de mediados del siglo XIX: cuerdas, una flauta, un oboe, dos clarinetes, dos fagotes, dos cornetines y tres trombones.
A pesar del vínculo indicado anteriormente y de la calidad de la composición, durante la mayor parte de la segunda mitad del siglo XIX no consta que se interpretara su gran obra en la catedral malagueña. Consultando la prensa de la época se aprecia que en la década de 1870 se interpretaba el Miserere, pero sin indicar su autor, pudiéndose deducir que debió tratarse del compuesto por Miguel Hilarión Eslava para la catedral de Sevilla en 1835, con modificaciones en 1837; y ello, porque en la prensa de finales del siglo XIX (años 1891 a 1894) se explicita la continuidad de la interpretación de la obra compuesta por el sacerdote navarro.
Sus méritos fueron reconocidos con la Cruz y la Encomienda de Isabel la Católica; y, tras una vida dedicada a la enseñanza y práctica musical, en el año 1893 se jubila como maestro de órganos.  Ocón apenas cumplió los sesenta años, solicitó y obtuvo del excelentísimo Cabildo le cediera una habitación en la torre de la Catedral para acabar los días de su vida oyendo los dulces acordes que hicieron de él un artista. (2)
Ya retirado, la Semana Santa de 1895 fue especial para el maestro. El día 10 de abril, Miércoles Santo, se interpretaba en la catedral de Málaga su Miserere a gran orquesta dirigido por él mismo. Sonó en su catedral.








Interior Catedral Malaga
Interior de la catedral de Málaga [Foto: flickr.com marcp_dmoz]
El número coral más representativo de la composición viene conformado por Benigne fac Domine, siendo también utilizado por Ocón para el solemne número orquestal que la introduce (los treinta y un compases primeros, que completa con una coda de seis compases). En este número coral cantaba el coro la súplica hacia Sión y la reconstrucción de los muros de Jerusalem, con una absoluta igualdad en la disposición de las voces siempre con una armonía muy clásica y absolutamente vertical. Luego, todos los números concluían en la nota fa o el acorde de fa mayor, lo que daba pie al versículo gregoriano que cantaba la capilla vocal entre los diversos números sinfónico corales en el tono propio de la catedral de Málaga. (3)
Fue interpretado nuevamente el Jueves y el Viernes Santo.
de 1767
Eduardo Ocón falleció el 28 de febrero de 1901 a causa de una pulmonía gripal. La prensa a nivel nacional se hacía eco de la noticia del fallecimiento de uno de nuestros mejores embajadores artísticos, encuadrado en el contexto del nacionalismo musical español. Tan solo faltaban unos meses para la inauguración de la obra de restauración de los órganos de la catedral que por iniciativa suya se había encargado al organero belga Achiles Ghys. El entierro tuvo lugar el día 1 de marzo en el cementerio de San Miguel. Según el profesor Martín Tenllado (4)la inhumación constituyó una sentida manifestación de duelo en toda Málaga; las crónicas de la época recogen la asistencia masiva del pueblo malagueño volcado en la despedida del eminente artista. El Ayuntamiento de Málaga proyectó la creación de un mausoleo que nunca llegó a realizarse.
En la Semana Santa de 1902 volvía a sonar en las naves catedralicias su célebre Miserere: (…) y como el día anterior, se cantaron las Tinieblas, las Lamentaciones del maestro Ledesma y el Miserere de don Eduardo Ocón.(5) Y así en años siguientes: A las cinco da principio el oficio de Tinieblas, cantándose a gran orquesta las Lamentaciones de Ledesma;y el Miserere de Ocón. (6) 
Pero este Miserere, como sonido característico de la Semana Santa de Málaga, volvería a caer una vez más en el olvido; tanto, que la partitura quedó prácticamente indescifrable. Málaga volvía a estar en deuda con el maestro. El ilustre musicólogo y compositor Rafael Mitjana, discípulo aventajado de Eduardo Ocón, había escrito en 1901: Málaga entera debe honrar la memoria de su hijo preclaro, y estamos seguros de que así lo hará, como cumple a su hidalguía. Honrar las glorias es honrarse a si mismo. (7)








No sería hasta el año 1979 cuando la Orquesta Sinfónica de Málaga y la Coral Santa María de la Victoria interpretaran el Miserere de Ocón, realizándose en 1988 una grabación en el Teatro Cervantes producida y editada por Radio Nacional de España en su colección Las 4 músicas. Diez años después de aquello, la Orquesta Filarmónica de Málaga se propuso volver a rescatar la obra y transcribió las partituras, que ahora se conservan en su archivo. Finalmente, la llevó a escena el 20 de marzo de 2001 con la Orquesta de Cámara de Málaga, la Coral Carmina Nova y la voz de Francisco Heredia. En 2013, la Filarmónica volvió a programar la pieza en el Teatro Cervantes.
Monte Calvario (2)
Padre Gámez y la Hermandad del Monte Calvario a su paso por Carretería [Foto: Revista La Saeta, 1988]
A pesar de todo ello, a pesar de la eterna deuda con Ocón, cada Semana Santa podemos escuchar el fragmento más característico de su Miserere, Benigne fac Domine. Gracias al Padre Gámez, quien dirigió a la Coral Santa María de la Victoria en aquella interpretación del año 1988, que lo adaptó a marcha procesional para acompañar al Cristo Yacente de la Hermandad del Monte Calvario, siendo la misma insustituible en su exquisita cruceta musical. Constituye pues un bello homenaje al maestro que se repite cada Viernes Santo, haciéndonos recordar su célebre obra, la que debió formar parte de la banda sonora de nuestra Semana Santa para honrar su memoria.

http://www.nosoloalameda.es/benigne-fac-domine/

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