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Martínez Montañés en la hermandad del Silencio

26 septiembre 2017

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El misterio de Belén a los pies de la mesa de altar de la iglesia, que en estos días preside la iglesia de San Antonio Abad, es un conjunto de notable calidad que ha recuperado su esplendor gracias a la intervención de Enrique Gutiérrez Carrasquilla y el taller de «Las Edades del Hombre» en las imágenes de San José y la Virgen. Son dos obras tradicionalmente atribuidas a Juan Martínez Montañés, desde la atribución de José Gestoso, que han sobrevivido a una azarosa y larga historia.
Detalle del rostro de la Virgen María del Silencio, atribuida a Montañés
Detalle del rostro de la Virgen María del Silencio, atribuida a Montañés
Originalmente no fueron realizadas para el templo de san Antonio Abad, procediendo, al parecer, del patrimonio de la comunidad de carmelitas del Santo Ángel de la Guarda.  
Está documentado que el día 23 de agosto de 1605 Juan Martínez Montañés concertaba un retablo para la capilla funeraria que doña Francisca León tenía en el convento del Santo Ángel de la Guarda. No se conserva el conjunto en el convento carmelita, donde sí se mantiene la excelente imagen del Crucificado de los Desamparados, obra también realizada por Montañés, ya que la estructura acabó desmembrada y sus piezas repartidas en diferentes ubicaciones.
El Cristo de los Desamparados del Santo Ángel / RECHI
El Cristo de los Desamparados del Santo Ángel / RECHI
El contrato de la obra indicaba que la arquitectura, escultura, talla y ensamblaje correría a cargo de Montañés, que cobraría 450 ducados por su trabajo, mientras que el afamado pintorFrancisco Pacheco se haría cargo de las labores de pintura, estofado y dorado. El plazo de ejecución de la obra era de ocho meses, que se contarían desde primeros de septiembre de ese año (lo del periodo vacacional de agosto parece antiguo), estipulándose que el retablo se distribuiría en un banco, dos cuerpos con tres calles y un ático.
Santa Catalina, Francisco Pacheco, Museo del Prado
Santa Catalina, Francisco Pacheco, Museo del Prado
En estas calles se situaría un conjunto de pinturas de Pacheco, tasadas en300 ducados, que representarían a San Juan Bautista, San Juan Evangelista, Santa Catalina y Santa Inés (que incluye la firma del pintor y la fecha de 1608).
Otras dos tablas para el retablo no han sido identificadas. Las cuatro tablas, con las habituales características manieristas del pintor, fueron compradas por el Dean López Cepero en 1804, pasando a la colección real del rey Fernando VII en 1821, y en 1829 al Museo del Prado, en cuya colección se conserva, perdiéndose definitivamente para el patrimonio de la ciudad, con el agravante de ser un conjunto que no suele estar expuesto al completo en el museo madrileño.  En el mismo convento carmelita del Santo Ángel de la Guarda habían colaborado también Francisco Pacheco y Juan Martínez Montañés en el retablo dedicado a San Alberto de Sicilia, con pinturas que también adquirió posteriormente el Deán López Cepero y que acabaron dispersas.
Tabla de San Juan Bautista de Francisco Pacheco, Museo del Prado
Tabla de San Juan Bautista de Francisco Pacheco, Museo del Prado
En la documentación conservada sobre la realización del retablo se indica que su parte escultórica comprendía en la hornacina del primer cuerpo «dos santos de rodillas del tamaño aproximado a la dicha caxa i a una cruz a quien han de estar humillados los cuales son san francisco y santa María Madalena de bulto redondas», un conjunto del que se desconoce su ubicación actual, siendo probablemente dos piezas más que añadir al patrimonio perdido de Montañés. En el segundo cuerpo del retablo se situaba «la historia de las dos trinidades poniendo en lo baxo a la virgen nra. Señora i al niño Jesús y al glorioso san josef estos de bulto redondo y en el respaldo en lo alto a de estar Dios padre y el espíritu santo con su trono y serafines adornando todo conforme a el lugar y decencia de la historia». De este grupo, las imágenes de la Virgen y de San José, de unas reducidas proporciones y relacionables con la capilla del reservado del monasterio de San Isidoro del Campo, pasaron a la iglesia sevillana de San Miguel, notable templo gótico-mudéjar que existió hasta 1868 en las inmediaciones de la actual plaza del Duque, en el sector que hoy ocupan una sede sindical y un hotel.
Tabla de San Juan Bautista, Fracnisco Pacheco
Tabla de San Juan Bautista, Fracnisco Pacheco
La actuación irracional de la Junta Revolucionaria en septiembre 1868, tras el triunfo de la que se conoció como «Revolución Gloriosa» motivó el derribo de este templo. Aquí residían hasta tres hermandades de penitencia, la hermandad de la Soledad (que se trasladó a la parroquia de San Lorenzo), elAmor (que inició un largo peregrinar por varios templos) y Pasión (que buscó cobijo en la colegial del Divino Salvador).  El derribo acelerado del tempo provocó pérdidas patrimoniales irreparables y nueva dispersión de otras piezas. Las imágenes de San José y la Virgen fueron trasladadas al cercano templo de San Antonio Abad, sede de la hermandad del Silencio,  donde ya las analizó José Gestoso, constatando la autoría del maestro de Alcalá la Real y describiendo además la imagen de un Niño Jesús, no conservado actualmente, que fue modelo para la realización una talla similar para el convento de Nuestra Señora de Gracia de Villamanrique de la Condesa.
Derribo de la parroquia de San Miguel en 1868
Derribo de la parroquia de San Miguel en 1868
Las imágenes de San José y la Virgen, situadas durante el año en dos ménsulas de los muros laterales  de la iglesia, son de tamaño académico y se complementan en actitudes y perspectiva respecto a la perdida imagen del Niño, que centraba la composición. Ambas presentan suaves contrapostos, un ligera inclinación de sus cuerpos en líneas que recuerdan a las formas manieristas de Jerónimo Hernández o de Juan Bautista Vázquez el Viejo. La Virgen María presenta los rasgos faciales clásicos de las primeras obras del maestro, con estudiada composición de sus ropajes, en tonos azules y rojos, según la iconografía dominante de la época, portando toca blanca sobre su rostro, recurso que empleará en otras representaciones de Santa Ana (caso del convento del Buen suceso o del convento de carmelitas de Santa Ana), y recogiendo el manto con la mano derecha, sin grandes contrastes barrocos.
La imagen de San José antes de su restauración
La imagen de San José antes de su restauración
San José, portador de una vara actualmente perdida en la mano izquierda, recoge su manto con la mano derecha, mostrando el habitual estudio pormenorizado en la talla del pelo y de la barba, y el detalle de las sandalias en sus pies, visibles por el menor tamaño de la túnica en la parte delantera.
Ambas imágenes han recuperado recientemente la calidad de su policromía por las respectivas restauraciones realizadas por Enrique Gutiérrez Carrasquilla, formando parte la imagen de San José de la última muestras de «Las Edades del Hombre» celebrada en Ávila, dedicada este año a Santa Teresa y el Carmelo, exposición anual del patrimonio religioso castellano que bien podría imitarse en el  Sur con nuestro enorme patrimonio eclesial.
Con la tradicional disposición como misterio del Nacimiento y con su impecable restauración, la hermandad del Silencio recupera, afortunadaLa Virgen de Montañés antes y después de su restauraciónmente, dos notables piezas del patrimonio artístico de nuestra ciudad.

http://sevilla.abc.es/pasionensevilla/actualidad/noticias/martinez-montanes-en-la-hermandad-del-silencio-87068-1451265187.html

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