Consolación de Santo Domingo, la imagen más desconocida del besamanos magno de Jerez

11 agosto 2017

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Cincuenta serán las imágenes que podremos contemplar en el besamanos magno que, con motivo de los 400 años de la defensa del Voto a la Inmaculada Concepción, se celebrará en Jerez. Sin embargo, de entre todas ellas llamará especialmente la atención una pequeña talla cuyo origen está envuelto en leyendas, y que los más jóvenes vieron en la calle el 20 de abril de 2013, con motivo de la magna mariana “Vía Lucis”.

La iglesia de Santo Domingo guarda la esencia de centurias entre sus imponentes muros. Los estilos gótico mudéjar, renacentista y barroco dan buena cuenta de ello, revelándonos cómo los diversas expresiones arquitectónicas han ido formando parte de este céntrico templo jerezano. Su interior se inunda cada Jueves Santo de nazarenos de la hermandad de Nuestro Padre Jesús orando en el Huerto y María Santísima de la Confortación. Alejada del bullicio, en una de la más sobresalientes capillas de la iglesia, se encuentra la talla de la Virgen de Consolación, obra de pequeño tamaño perteneciente al gótico, realizada en alabastro, sobre un trono de plata del siglo XVIII tirado por dos bueyes.


La capilla que la alberga se construyó gracias a Jácome Adorno, un noble jerezano, en el segundo cuarto del siglo XVI, siendo realizada por Pedro Fernández de la Zarza. El imponente espacio barroco sería remodelado durante los años setenta del siglo XVIII, realizándose el actual retablo que acoge la pequeña imagen, obra del tallista Andrés Benítez. El visitante quedará admirado al contemplar la capilla, y tendrá que adentrarse en su interior para contemplar una devoción centenaria, una imagen que en siglos pasados fue procesionada cada 8 de septiembre y que, a pesar de ser co-patrona de Jerez, las modas han postergado al olvido.

Cuenta le leyenda que allá por el siglo XV, un noble genovés llamado Doménico Adorno, viajaba con su tripulación rumbo a España. Próxima esta al golfo de Rosas, se desató un huracán provocando que la nave quedara a la deriva. Deciden entonces encomendarse a la Virgen. Poco después, un pequeño resplandor aparece en el horizonte, aproximándose a la par que la mar entraba en calma. Cuando la luz se hace más visible, pueden distinguir dos focos, y es cuando deciden echar un bote al agua para acercarse a ver qué era aquella luz cegadora proveniente de una barca de pequeñas proporciones. Ante ellos, una imagen de la Virgen. Una vez que el temporal ha amainado, la tripulación regresa a sus puestos. Doménico Adorno se marcha a descansar tras haber visto envuelto en un huracán que casi le cuesta la vida. En sueños, unas palabras inquietan al genovés. “Llévame a Xerez, al convento de los frailes predicadores que voy para consuelo de los jerezanos”, se escuchaban en medio de un silencio provocado por la quietud de las aguas. Al día siguiente, los marineros despiertan y descubren con asombro que el barco está frente al Puerto de Santa María. Desde allí llegan a tierra y deciden que la imagen sea conducida a Jerez. Una carreta con dos bueyes se encarga de trasladar la pequeña talla mariana.

Primeramente quisieron que la imagen fuera llevada al convento franciscano de la ciudad, pero no podían moverla, algo que despertó la curiosidad debido a las pequeñas dimensiones de la misma. Llegaron los dominicos y pudieron trasladarla fácilmente, pero la gente se opuso a ello. Fue entonces cuando determinan que dejen que los bueyes sigan andando libremente. Y entonces pararon en el convento de San Domingo. Ni un paso más. No podían mover a los animales de allí. La imagen fue entonces colocada en la capilla donde hoy se encuentra, que sería levantada por un descendiente de Doménico. Aquella leyenda se representaría en el medallón de plata que todavía hoy preside su altar y que muestra a la Virgen sobre una barca surcando los mares.





En siglos anteriores, la Virgen de la Consolación había protagonizado numerosos rosarios públicos, acudiendo también a ella enfermos así como labradores para que intercediera ante las graves sequías. También para que obrase ante los cautivos, que según se cuenta entregarían sus grilletes para que, una vez fundidos, pudieran servir para realizar las puertas de hierro que continúan protegiendo la capilla desde 1766.

Llegó a tener una gran devoción, tanto que incluso tuvieron que ampliar la iglesia. Pero el devenir de los tiempos la sumió en un ocaso que en los últimos años parece estar llegando a su fin. Un grupo de devotos se encuentra inmerso en la revitalización de quien, durante siglos, fue guía de los jerezanos en el complicado transitar de la vida. Quién sabe. Quizá dentro de unos años vuelva a recobrar la devoción de antaño, cuando las miradas del pueblo jerezano se dirigían hacia la Virgen que vino del mar.

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