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San Cristóbal, el Martínez Montañés sobre ruedas

03 julio 2017

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San Cristóbal remolcado por un jeep / MARTÍN CARTAYALos presuntos puristas cofradieros se llevarían hoy las manos a la cabeza si alguna hermandad pretendiera sacar su paso a la calle con ruedas. Sin embargo,  hubo una olvidada procesióncompletamente motorizada desde los años cincuenta hasta 1976.






El protagonista no podía ser otro que San Cristóbal, patrono del transporte y abogado de la muerte súbita, de los oficios de riesgo, del mal de ojo, de los viajeros y peregrinos… materializado en la portentosa imagen que talló en 1597 Martínez Montañés por encargo de la antigua hermandad de la que fue titular, fundada por el gremio de los guanteros y los agujeteros, y en cuyas primeras Reglas, que datan de 1601 y se conservan en la Colegial del Salvador, consta que celebraban la festividad del santo, misa con sermón y procesión.
Para su obra, una de las primeras datadas de Montañés, el «dios de la madera» fijó sus ojos  y trasladó con su gubia la fuerza de la impresionante pintura mural de San Cristóbal que Matías Pérez de Alesio pintara en 1587 para la Catedral, junto al sepulcro de Colón, que, según la leyenda, regalaba un día de vida a quien le rezara, como todas sus representaciones iconográficas.
San Cristóbal en la Punta del Diamante / MARTÍN CARTAYA
San Cristóbal en la Punta del Diamante / MARTÍN CARTAYA
Hasta el siglo XIX pervivió la hemandad de los guanteros y tras su extinción, la imagen de Montañés quedó en el presbiterio del Salvador, donde permaneció más de medio siglo hasta que en 1950 el párroco, a la sazón Andrés Guillén Morales, quiso recuperar el culto a San Cristóbal, consiguiendo la colaboración del teniente coronel jefe de los servicios de Automovilismo de la Segunda Región Militar, Vicente Pérez Sevilla, y de Joaquín Sánchez Gañán.
Desde el primer año y hasta 1953 la hermandad celebró triduo, función principal ybendición de vehículos en la plaza del Salvador cada 10 de julio, día de la festividad, con la asistencia de las primeras autoridades locales.
Sin embargo, no sería hasta 1954 cuando el Santo fue trasladado sobre un «jeep» del Parque Móvil Ministerial a la Plaza Nueva inaugurando la pintoresca procesión motorizada, que, según todo parece indicar, no encontró oposición ni entre el capilleo de la época ni por parte de la autoridad eclesiástica, a la sazón el inefable cardenal Segura, que ese mismo día partió a Cuenca para sus vacaciones veraniegas y que meses después se toparía con la imposición de un obispo coadjutor, monseñor Bueno Monreal, al que recibió con cajas destempladas. La imagen de Montañés, según narrá la crónica del día, fue colocada delante del Ayuntamiento y ante ella desfilaron «infinidad de vehículos», que fueron bendecidos por el párroco.  Hay que añadir que un camión «que no desfiló ante el Santo» arrolló a un niño.
San Cristóbal entrando en el Salvador / MARTÍN CARTAYA
San Cristóbal entrando en el Salvador / MARTÍN CARTAYA






A partir de 1955 la fiesta de la bendición se celebró en la Glorieta de Isabel la Católica del Parque de María Luisa. Jesús Martín Cartaya, puro archivo etnográfico de Sevilla, nos trae estas estampas de los años sesenta, con el San Cristóbal motorizado y del altar con el estandarte de San Cristóbal y de las hermandades que radicaban en el Salvador ante el que pasaban todo tipo de vehículos para ser bendecidos, desde turismos a autobuses pasando por coches de caballos, camiones y furgonetas. Todo iba sobre ruedas, hasta la cruz parroquial y las representaciones de las hermandades y autoridades en la procesión que escoltaba al enorme  y espectacular San Cristóbal.

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