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Joaquín Ossorio realizará un juego de potencias al Cristo de la Púrpura de las Cigarreras

04 julio 2017

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El Cristo de la Púrpura de la hermandad de las Cigarreras tendrá un juego de potencias que va a ser confeccionado en el taller de Joaquín Ossorio. En el inicio del nuevo curso serán estrenadas, en el mes de septiembre.

Está basado en un modelo barroco dieciochesco. Aparece en primer lugar una cartela ovalada decorada con ces y acantos, centrada por una amatista purpúrea a la que rodea en cada una de ellas una frase del trisagio “SANCTUS DEUS, SANCTUS FORTIS, SANCTUS INMORTALIS”. Sobre esa cartela rayos de punta alternados con flamígeros, centrados por una flor de lis. Tanto ésta como los rayos están concebidos para ser calados, con tal de conseguir la mayor transparencia posible. El motivo de la aparición de las flores de lis es a petición de la Hermandad, por figurar también en pequeño tamaño en el estofado del sudario del Santísimo Cristo.

Se realizarán en plata de ley de 925 milésimas. La técnica utilizada será la tradicional de la orfebrería sevillana, completamente artesanal, de repujado y cincelado sin utilización de troqueles ni piezas de fundición.




Cristo de la Púrpura

Una nueva obra para Sevilla de José Antonio Navarro Arteaga que ha ejecutado en madera de cedro policromada y que cuenta con los mejores esquemas del barroco. Esta talla representa el momento después del misterio de la Columna y Azotes de Nuestro Señor Jesucristo para recoger la túnica de la flagelación, con una inspiración neobarroca.

Aquí, el Señor está arrodillado ante una de sus piernas, la derecha, y el izquierdo lo apoya a la columna, a la que el Señor se abraza como ocurre de forma simbólica en otras representaciones a la Cruz. Por otro lado, con la mano derecha, recoge la túnica de color púrpura, asociada con la realeza y el clero, mientras que un hilo de plata le rodea el cuello, dirigiéndose a la columna y a la mano en la que se apoya.

Asimismo, el Cristo combina el dramatismo producido por el castigo al que ha sido sometido y la espiritualidad que desprende. Podría considerarse una obra atrevida por lo que representa, por poder admirarse al completo la cadera derecha por su amplia desnudez que tan sólo lo cubre por un sudario.

Advocación

Durante más de 250 años fue cotitular de esta hermandad. Hay constancia documental en torno a 1650, es decir, al siglo XVII, de esta imagen. Salió a la calle, ya que en 1664 se procedió a encargar un segundo paso al escultor Pedro de Borja y al ensamblador Pedro Camacho. Dos años más tarde, Pedro Roldán concluyó el trabajo agregando ocho nuevos ángeles, donde cuatro de ellos pueden ver en la exposición.

A finales del XVII, en 1696, se acabó con el proceso del dorado. Casi un siglo después, entre 1772 y 1773 se procedió a una profunda restauración de las andas. Durante el siglo XVIII, el extinto Cristo de la Púrpura salía en procesión en la tarde del Jueves Santo hasta 1807.

El antiguo Cristo de la Púrpura, actualmente en paradero desconocido, dejó de salir a mediados del siglo XIX. Según el historiador del Arte José Cesáreo López Plasencia, la escultura, «posiblemente debido a su precario estado de conservación, fue retirada del culto, recorriendo por última vez las calles de la capital hispalense en la Semana Mayor de 1874, año en que la cofradía residía en la iglesia conventual de Nuestra Señora de Consolación (Los Terceros)».

A principios del siglo XX, en 1904, le perdieron la pista, cuatro años después de haber sido entregado a Emilio Pizarro, al que se le puso la condición de que tallase a la imagen de San Juan Evangelista. Puede ser aunque no con certeza, que el Cristo fuese restaurado o transformado por otra advocación.

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