El binomio entre las Tres Caídas y el misterio de la Amargura

30 julio 2017

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Solo es necesario escuchar un par de acordes para identificar ese sonido que absorbe gran parte de la Semana Santa en la calle Feria. El Domingo de Ramos no se entiende sin la Amargura al igual que la Amargura del último cuarto de siglo no se entendería sin la Banda de las Tres Caídas. Julio Vera desgrana estos veinticinco años tras el Señor al son de su marcha, la banda sonora de las cornetas y tambores en San Juan de la Palma que ha convertido en único cada paso de nuestra cofradía por las calles.
«Donde la simbiosis es más patente», así arranca sus palabras un Julio Vera emocionado. «Después de nuestra propia hermandad, es en la Amargura donde más se nota esa unión con la propia cofradía».





Los orígenes se sitúan en su marcha. Corría el año 1989 y nacería «Silencio Blanco». Recuerda que los orígenes de la Banda de Las Tres Caídas se sitúan como Agrupación Musical. Tras el que fuera director, Manuel García Pérez; Francisco Flores Jaime, el subdirector, coge las riendas de la formación musical. «Era muy conocedor de la Policía Armada y cofrade de los pies a la cabeza. Desde los principios con él, siempre me hablaba del Silencio Blanco, de la Amargura. Hasta el punto de que llegamos a tocar en la Paz durante tres años y cuatro en la Borriquita, pero a mí me metió el veneno de San Juan de la Palma».
Julio Vera interpreta una marcha en la década de los 90 / ARCHIVO MARÍN PAJARESEn aquellos años, la desaparecida banda del Maestro Patón ponía su música tras el paso de misterio. «Teníamos muy buena relación con ellos, sobre todo con su director Emilio Márquez Torrejón. Tenía admiración de su música, pero más de su persona. Me marco tanto lo que era la hermandad y la devoción a sus titulares que compuse la marcha sin tener relación alguna con ella. Me lo pedía el corazón. Me dije: ‘Yo tengo que cantarle a mi Cristo’, por eso se añade una saeta en el solo». A partir de ahí, su vida estaría ligada a la hermandad de la Amargura, Julio Vera y sus músicos se convertirían poco después en un tramo más de «nazarenos» de San Juan de la Palma.

Julio Vera interpreta una marcha en la década de los 90 / ARCHIVO MARÍN PAJARES
Tras crearla, Vera recuerda que «a la primera banda que se le ofrece para tocarla es a Patón. Cuando se deshace la banda, Emilio me dice: ‘Julio, me encantaría que fueses tu quien siguiera en la Amargura, si la hermanad quiere. Te voy a presentar a ellos por si les viene a bien’ y así fue». En el año 1992 los sonidos de las Tres Caídas se ligaron definitivamente con la cofradía. «El mayordomo era Manolo Ortiz. Aun habiendo Santo Entierro Magno, solo pudimos acompañarla en el Domingo de Ramos, ya que tocábamos en la Trinidad, como ya pasara en 2004».
Vera analiza estos veinticinco años. En su ocaso como director de la banda se lleva «el ser hermano de San Juan de la Palma» y el poder tocar tras «su Señor» del Silencio en el Desprecio de Herodes. Todo «ha sido una constante evolución. Ha sido una simbiosis total: desde el repertorio musical, hasta el saber comportarse detrás de una cofradía. Hemos llegado a ser un tramo más de la cofradía. En todo momento hemos intentado coger esa seriedad característica de la Amargura. Es de Silencio, pero no es ‘malaje’. Llevamos 25 años aprendiendo. En vez de acompañar un paso pensamos que vamos haciendo estación de penitencia».
Publicado en la revista «Amargura».

http://sevilla.abc.es/pasionensevilla/actualidad/noticias/el-binomio-entre-las-tres-caidas-y-el-misterio-de-la-amargura-115251-1501175151.html

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