Carrera Oficial en Sevilla

17 julio 2017

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El antecedente remoto de la Carrera Oficial está en la Cruz del Campo. En 1482 se construye el Humilladero de la Cruz del Campo por la hermandad de Nuestra Señora de los Ángeles, convirtiéndose en punto de referencia de las distintas estaciones de penitencia pues, según cuentan los historiadores, «hasta entonces era habitual visitar hospitales y ermitas que tuviesen relación con las cofradías». Posteriormente y antes de que el decreto de Niño de Guevara oficialice los recorridos a la Catedral para las hermandades de esta orilla de Sevilla y a la parroquia de Santa Ana para las de Triana, hay documentos que recogen los que podrían ser los primeros itinerarios oficiales a finales del siglo XVI: «Se realizaban con objeto de visitar cinco sagrarios situados en iglesias cercanas a sus residencias», detalla el catedrático José Roda Peña.

Con el sínodo de Niño de Guevara, las cofradías empiezan a compartir calles en su camino al templo principal de Sevilla. Ello genera los primeros cruces o puntos conflictivos. «A lo largo de los siglos hubo distintos problemas con las hermandades, algunas protagonizaron sonados pleitos por los que llegaron a arruinarse», señala el veterano cofrade Jesús Creagh, que ha estudiado el origen y la evolución de la Carrera Oficial para argumentar su propuesta de cambio que le lleva a situar el inicio en la plaza de Villasís y hacerla pasar por la calle Tetuán y la Plaza Nueva. En este contexto surge la necesidad de estructurar los desfiles para poner fin a esta encadenación de pleitos. Es por tanto que, según afirma Creagh, «desde el Cabildo Catedral se arbitra una serie de medidas» para instaurar un primer recorrido común. Se acuerda fijar los primeros metros comunes desde la plaza de San Francisco hasta la Puerta de San Miguel, discurriendo por las llamadas calles Génova y Gran Capitán, lo que hoy sería la avenida de la Constitución.

Ya en esta primera etapa se tiene constancia de la instauración de las sillas para abonados. En un principio, se trataban de «unos rudimentarios palcos confeccionados con unas tarimas de madera en alto para facilitar la visualización de los pasos». Eran dos estradas situadas a ambos lados del palco de autoridades bajo la fachada de la casa consistorial. La concentración de público en este punto de arranque de la Carrera Oficial propicia también los primeros retrasos por las recreaciones de los pasos. En la compilación de la Semana Santa sevillana entre 1729 y 1915, Agapito López y Raposo recoge, por ejemplo, que el provisor [lo que venía a ser el actual teniente-alcalde] pide a las cofradías que «estuvieran a sus horas marcadas en la plaza de San Francisco y desfilaran por ella sin interrupción... porque como se ha visto en años anteriores el público se cansa y desespera de esperar tanto tiempo, teniendo que retirarse sin ver su desfile, aburrido ya de tantas horas de espera, quedando la plaza casi desierta cuando llegan las últimas cofradías». El relato es bastante descriptivo y se puede extrapolar a lo que hoy en día sucede en la Campana con eternas chicotás de los pasos de misterio que ralentizan el paso de las cofradías y provocan retrasos que hacen que las últimas de la nómina desfilen sin apenas público. Costumbres que han perdurado en el tiempo.

Poco después llegaría la ampliación de la Carrera Oficial a la calle Sierpes, en concreto a la esquina de la calle Cerrajería, a la altura del antiguo convento de Nuestra Señora de Consolación, de las monjas Mínimas. Creagh tiene una explicación concreta para esta modificación: «La mayoría de las cofradías del momento tienen sus templos en la zona norte y oeste, por lo que la calle Sierpes se convierte en la prolongación natural de la Carrera Oficial». El salto al siglo XX propicia cambios destacados en la configuración de este recorrido común. En 1901 se suprime el último tramo correspondiente a las calles Placentines y Francos, ya que «las estrecheces» de Placentines «ocasionaban bastante problemas a las hermandades», según recogen los cronistas de la época. Poco después, en 1919, se amplía el trazado y se crea el famoso palquillo de la Campana. Creagh explica que «desde un punto de vista social se produce un hecho incuestionable», pues frente «al público oficialista, de autoridades y alta burguesía que se sentaba en la plaza de San Francisco», al terminar el trazado de la calle Sierpes y alargarse hasta la Campana «se dotan estos nuevos metros de sillas para un público más popular y cercano». Queda pues configurada la Carrera Oficial que conocemos en la actualidad, a falta de delimitar como únicas entradas la calle O’Donnell (para las de Triana y el Arenal) y la plaza del Duque (para el resto ). «Al principio Pasión y el Amor bajaban directamente por Martín Villa. Poco a poco se les fue pidiendo que dieran la vuelta por Orfila y Javier Lasso de la Vega para entrar por el Duque», añade Jesús Creagh.

En más de una ocasión se ha barajado un cambio del trazado oficial. Desde hace más de una década duerme en un cajón de los despachos del Consejo de Cofradías el primer proyecto oficial de una reforma, que se empezó a gestar a mediados de los años noventa del siglo pasado y que nunca vio la luz. «Ni siquiera llegó a someterse a la consulta de los hermanos mayores», reconoce el que entonces fuera máximo responsable de la institución cofradiera de San Gregorio. Aquella propuesta, que quedó ultimada en 1997, planteaba dos grandes cambios estructurales en la Carrera Oficial: trasladar el inicio a la plaza de Villasís, extendiendo su recorrido por Martín Villa, y sustituir la angosta calle Sierpes por Tetuán. Se perseguía con ello atender la gran demanda de sillas que existía entre los ciudadanos, y de paso incrementar los ingresos de las hermandades. La delegación municipal de Fiestas Mayores desechó entonces la propuesta básicamente por dos argumentos: el cambio de Sierpes por Tetuán no garantizaba muchas más sillas y además perjudicaba a la seguridad.

Luego, tras la celebración del Santo Entierro Magno de 2004, cuando miles de ciudadanos se quedaron sin poder admirar este peculiar desfile al carecer de una localidad en el recorrido oficial, el Ayuntamiento que dirigía Alfredo Sánchez Monteseirín trabajó en la idea de extender el trazado por la calle Fray Ceferino González y que las cofradías accedan a la Catedral por la Puerta del Príncipe. La idea no era nueva. De hecho, ya en enero de 2001, el pleno de hermanos mayores rechazó categóricamente una propuesta similar de ampliación impulsaba por el entonces concejal de Cultura y Fiestas Mayores, el andalucista Juan Ortega. La justificación municipal, entonces, era ganar en seguridad, reubicando en las nuevas parcelas, las creadas a raíz de esta ampliación, a los abonados damnificados por la imprescindible reducción de sillas que se preveía para puntos como Sierpes y la Avenida. En 2003, el gobierno local del PSOE se marcó entre los objetivos de su plan director de Fiestas Mayores «comenzar los estudios necesarios para determinar la viabilidad de reformar la Carrera Oficial», una perífrasis oficialista que encubría los deseos de acometer una ampliación para «abrir la Carrera Oficial a un mayor número de ciudadanos». La propuesta preveía la creación de «un gran espacio abierto al público» en la calle Fray Ceferino González, en concreto en la acera correspondiente al Archivo de Indias. Ahí se hubieran colocado dos hileras de sillas, detrás de las cuales el público podría disfrutar de pie y gratuitamente del discurrir de los pasos. Se calculó unas 2.000 personas. El proyecto no prosperó y, en su lugar, en 2011 el Ayuntamiento habilitó 500 asientos gratis para turistas y mayores en Reyes Católicos, San Gregorio, las Setas de la Encarnación y en las salidas del Cerro y el Polígono de San Pablo. Una idea que el gobierno de Juan Espadas estudia rescatar pues, de momento, no hay previsión de alterar el trazado oficial que conforman los metros más discutidos de la historia de esta ciudad.

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