Ya está bien, no me callo más…

recopgida-rocioVivimos en un mundo cobarde, cargado de estereotipos intencionados y que sólo apuntan en una sola dirección. Llegó el Rocío y con su romería la típica batería de resentidos a los que las tripas se les retuercen al ver lo que es capaz de movilizar la patrona de Almonte. Y les entra la úlcera de estómago porque una vez más, a pesar de la manipulación continua, de la difamación y del daño que se le intenta hacer, la Virgen es capaz de aglutinar a miles y miles de personas mientras ellos y su aficiones y afiliaciones no llegan a siete cuando convocan un evento. Estos personajes lo tienen todo para arrasar nuestra fe: medios de comunicación, partidos políticos, Facebook, Twitter y toda una ola de condescendencia hacia ellos que les permiten hacer y deshacer a su antojo. Y no pueden. Ni podrán. Porque a pesar de nuestros complejos para proclamar nuestras creencias sin miedo hay algo que nos supera y a lo que ellos tampoco encuentran explicación. Como siempre, un reportaje hecho con la bilis en la boca sale en una televisión montada desde el rencor y el odio, editada desde la intolerancia al que no piensa o cree como tú, vamos eso que siempre fue el fascismo, aunque se proclamen abanderados de la libertad y del pluralismo. Porque eso sí, pluralismo para sus mentes perversas significa que vale todo menos lo tuyo, que no me mola.






Una vez más, se les olvidó recoger la lágrima besando la mejilla de aquella madre que vio perder a su hija y que agarró la reja como el último lamento de una vida que entrega a Ella, después de no tener ya nada. No dieron con aquel hombre con 65 arrugas de Rocío atravesando su rostro, gastado del tiempo, bregando entre jóvenes de veinte años para posar en su hombro la cara con la que vuelve a ver después de cuarenta años muerta a su madre y el banco al que lo llevó por vez primera su padre para coger a la Virgen. No tuvieron tiempo tampoco para preguntarle a esa mujer que todos los días da gracias al cielo porque sus padres la hicieron rociera y la subieron al paso hace treinta años, un Lunes de Rocío, sin que le hayan quedado secuelas psíquicas ni traumas de por vida por haber sido llevada en volandas por rudas manos almonteñas hasta el amor de su vida. Qué casualidad que no se encontraron con aquella joven de Polonia que venía haciendo el camino con Huelva, sin más razón que la de vivir una aventura en otra tierra, pero que se terminó convirtiendo en un sendero de fe y emociones hasta postrarse ante la Blanca Paloma. Y a su lado, otra joven alemana. Y ninguna me dijo que cómo pasaba esto en 2017 ni nos vio como hombres neandertales, sólo se hicieron rocieras hasta el final de sus vidas. No juzgaron a nadie, sólo vinieron a ver lo que ocurría para después hablar. Qué cosas, a ninguna de estas mentes preclaras se les vino a la cabeza descubrir a aquel niño, huérfano, que abandonado en el Congo aprendió a leer y a escribir y hoy se prepara para sus estudios superiores gracias al Hogar construido allí, en mitad de la nada, para estos niños por los almonteños. O aquel hombre, viudo, octogenario que perdió a todos en la vida y que una maldita enfermedad llamada Alzheimer lo dejó aislado de la existencia y que gracias a estos almonteños hoy tiene un sitio en su pueblo para ser atendido y poder vivir dignamente cuando solo quedó para siempre. Una pena que no se toparan con las miles de personas que madrugaron un domingo de romería para comulgar, qué antiguo eso, ¿verdad?. O los que hincaron sus rodillas en un confesionario después de esperar largas colas para poder hacerlo.

Ellos, esos, no ven nada, sólo la carroña. Porque en realidad viven amargados con sus vidas, gente de dudoso gusto que se permite dar lecciones de moral y ética a los demás. Yo no me callo más, ellos no lo hacen y somos infinitamente más. Hay que arrinconar a esta ‘progresía’ de mentira, anclada en el fango. Esta gente nunca miró la cara de la Virgen atravesada por un rayo de sol a las claras del día, moldeando una sonrisa que convierte a las personas. Y, si la ven, tampoco se van a enterar, no lo saben apreciar. Es imposible explicarles que su mirada es un arrebato de locura que atraviesa el corazón para no poder dejar nunca de mirarte y encontrar allí la paz.

Seguramente a estos individuos los acogerían en casas para darles de comer y de beber cuando tenían sed. Y lo harían en casas para ellos desconocidas, rocieros anónimos que no les preguntaron su nombre ni procedencia, sino que dieron de comer al hambriento. Porque no hay ningún lugar del mundo donde sus habitantes abran sus puertas para compartir todo lo que llevan, a puertas abiertas, para todo el que llegue. ¡Cómo van a entender eso! Si son egoístas hasta el extremo. Ellos tienen cristianofobia, no pueden, les supera. Como algún politicucho al que se le llena la boca felicitando a otras confesiones y se le olvidó, por ejemplo, felicitar a los millones de rocieros repartidos por todo el mundo el Domingo de Pentescostés. Se creerá el bobo que él tiene más fama fuera de nuestras fronteras que la Pastora almonteña.







Aquí, lo que tenemos es fanatismo de devoción y de fe. Una romería basada en el amor y la convivencia. De ayudar en los pesares del camino. Aquí no odiamos en nombre de nuestra Virgen ni coartamos la libertad de quien no piensa como nosotros. A esos que matan por su Dios no tenéis cojones de hacerles reportajes de mofa. Vuestra televisión es la que llama asesinos a los policías que se juegan la vidas por salvarnos, hasta ese nivel estáis corrompidos. Cobardes, que eso es lo que sois, unos cobardes. Atacáis a los que tienen su fe basada en el perdón y la paz. Lo hacéis con gente sencilla “que deja todo para venir al Rocío”. Yo no me callo más. Sois la escoria que juega con los sentimientos de un pueblo y que insultáis a una Madre. Seguro que ni miráis a la vuestra, por eso no sabéis tampoco lo que es eso.

No vengáis más. Aquí lo que sobra es gente. Es nuestra obligación revelarnos contra toda esta gentuza sin escrúpulos.

¡Viva la Virgen del Rocío!

¡Viva la Patrona de Almonte!


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¡Viva la Madre de Dios!

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